París recuerda a Julie Manet, musa y memoria del impresionismo

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FRANCIA ARTE

París, 19 oct (EFE).- Julie Manet, hija de Berthe Morisot y sobrina de Édouard Manet, es el objeto de la nueva exposición del Museo Marmottan Monet de París abierta este martes al público, que recupera la figura de esta mujer, musa de impresionistas, artista y legataria de una colección sin par.

Hasta el 20 de marzo, la pinacoteca, conocida por ser el museo de los coleccionistas, dedica la primera exhibición jamás consagrada a Julie Manet, con un centenar de pinturas, esculturas y acuarelas que siguen los pasos de esta mujer y la colección que formó con la intención de dar a conocer el trabajo de su madre y su tío.

“Julie fue una niña modelo del impresionismo, pero una niña diferente a otros hijos de impresionistas, pues en su caso era su madre la pintora”, cuenta la comisaria de la muestra, la historiadora de arte Marianne Mathieu.

En estos años, los artistas se encuentran para cenar y la familia se queda en casa. Morisot, como mujer, invita a los artistas a su casa, por lo que Julie (1878-1966) es la única que tiene la posibilidad de rodearse de pintores. Esto la convirtió de niña en musa y más adelante en una gran conocedora de arte.

Los primeros pasos en la vida de la joven artista quedan reflejados en más de una decena de cuadros, como “Niña y gato”, de Pierre-Auguste Renoir, normalmente expuesto en el Museo de Orsay, o “Soñadora”, el más psicológico de la adolescente, pintado por su madre.

Tras la prematura muerte de sus padres, Manet quedó bajo la tutela del poeta Stéphane Mallarmé mientras otros artistas como Edgar Degas y el propio Renoir velan por su bienestar.

La joven se instala con sus primas, Jeannie y Paule Gobillard, unidas como hermanas, aunque es en particular Jeannie de quien no se separará nunca.

UNA FAMILIA DE ARTISTAS

La investigación de la comisaria ha permitido hallar un documento hasta ahora inédito y publicado con motivo de la exposición: el diario de Jeannie de los años en los que ella se casó con el poeta Paul Valéry y su prima con el pintor Ernest Rouart, y ambas parejas eran vecinas.

“La particularidad de Julie Manet es que creció entre los impresionistas y se convirtió en su hija adoptiva cuando quedó huérfana. Las obras, los personajes y objetos de estas obras cuentan una misma historia: vemos a Julie pero también a sus primas, sus abuelos. Es la vida de una familia y al mismo tiempo el relato de la historia del arte”, dice Mathieu.

Al casarse con Rouart, Julie, acostumbrada a salir a pintar junto a su madre desde pequeña, decide dejar sus ambiciones personales a un lado en beneficio de su marido, aunque siempre siguió pintando.

Rouart se transformó en su aliado en la recuperación de obras impresionistas y llegaron a utilizar hasta un 40 % de su holgada fortuna en comprar lienzos del siglo XIX, de Eugène Delacroix, Jean-Baptiste-Camille Corot o Édouard Manet, entre otros, no solo por el valor sentimental sino por la firme convicción de que sus pinturas debían entrar en las galerías nacionales.

Gracias a sus donaciones, “La dama de azul”, de Corot, o “La dama de los abanicos”, de Manet, entraron al Louvre, siguiendo la que había sido casi cincuenta años atrás la voluntad de Berthe Morisot.

Ellos fueron también los coorganizadores de la exposición que el Museo de la Orangerie consagró a su tío en 1932, con motivo del centenario de su nacimiento.

A este centenar de obras expuestas en el Marmottan Monet se unen además las acuarelas que Julie Manet realizó durante toda su vida, incluida una versión ilustrada del catequismo que hizo para sus hijos, así como fotografías de la familia hasta 1919, cuando se vuelve más difícil seguir su rastro.

Continuó su colección impresionista hasta el final de su vida. En los años 1950 adquirió un enorme óleo de los Nenúfares de Claude Monet, uno de los numerosos paneles que el pintor creó en sus últimos años. Muchos de ellos se encuentran expuestos de forma permanente en el Marmottan Monet.

María D. Valderrama