ONU insiste en la retirada de los mercenarios extranjeros que luchan en Libia

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LIBIA CONFLICTO

Trípoli, 23 ene (EFE).- La misión especial de la ONU en Libia (UNSMIL) pidió hoy la aplicación total del acuerdo militar firmado por los gobiernos rivales en Libia el pasado noviembre, que incluye la salida de los miles de mercenarios extranjeros que luchan en el país.

En un comunicado firmado con el Comité Internacional de Seguimiento para Libia, representado por la Unión Africana, Francia, Italia, Turquía, el Reino Unido, la UNSMIL instó a los líderes políticos libios “a tomar todas las medidas necesarias para acelerar la implementación del alto el fuego, priorizando la apertura de la Carretera Costera entre Abu Grein y Sirte y la repatriación inmediata de todos los combatientes y mercenarios extranjeros”.

La nota reiteró, asimismo, el compromiso de la ONU y del Comité Internacional de Seguimiento de “seguir facilitando mediante una mayor cooperación y continuo apoyo al proceso político, el trabajo del Comité Militar 5+5”, único organismo en el que dialogan de forma directa el Gobierno sostenido por la Naciones Unidas en Trípoli (GNA) y las fuerzas bajo el mando del mariscal Jalifa Hafter, tutor del Ejecutivo no reconocido en el este.

MERCENARIOS PRO TURCOS Y PRO RUSOS

Los primeros mercenarios extranjeros en llegar a Libia fueron unidades especiales de combate del famoso grupo ruso Wagner Group, integrado por veteranos de las guerras en Ucrania y Siria, y propiedad del oligarca Yevgeny Prigozhin, amigo del presidente ruso, Vladímir Putin.

Wagner Group se sumó a las filas del mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del país, y le ayudó tanto a la conquista del sur como a levantar el asedio que durante un año asfixió Trípoli.

En 2019 el GNA recibió, por su parte, la ayuda militar de Turquía y de miles de mercenarios sirios, reclutados por Ankara entre los grupos de oposición a Bachar al Asad, que lograron cambiar el signo de la guerra y hacer retroceder a Hafter hasta Sirte, ciudad situada en el centro del país.

Desde entonces ambos contendientes mantienen un frágil alto el fuego negociado al margen de la ONU por Rusia y Turquía, a los que no interesa la salida de los mercenarios, no solo sirios y rusos, sino también árabes, sudaneses, chadianos e incluso europeos.

En noviembre Naciones Unidas logró forzar un acuerdo militar entre los gobiernos enfrentados que incluía la salida en dos meses de los soldados de fortuna extranjeros, acuerdo que no tiene visos de que se vaya a cumplir en breve.

Moscú y Ankara, que negocian al margen y en paralelo, saben que son su mejor baza: además de ser más baratos que enviar a sus soldados, eliminan los problemas políticos y de conciencia, como la obligación de asumir responsabilidades en caso de abusos. Basta con negar su existencia o insistir en que simplemente son empresas de una guerra totalmente privatizada.

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