Oksana Masters, de la oscuridad de Chernóbil a la brillante luz del deporte

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Tokio, 31 ago (EFE).- La vida de Oksana Masters ha estado marcada siempre por la tragedia de Chernóbil, pero, a veces, las segundas oportunidades se convierten en un rayo de esperanza que permiten cumplir sueños, como en el deporte, en el que su luz, que un día se apagó, ahora brilla más que nunca.

Oksana Masters (Khmelnytskyi, Ucrania; 1989) nació en Khmelnytskyi, a unos 400 kilómetros de Chernóbil, escenario de un importante accidente nuclear en 1986. La exposición de su madre biológica a esa intensa radiación fue un factor que influyó en las malformaciones que tuvo al nacer.

Sin tibias, con una pierna 14 centímetros más corta que la otra, cinco dedos en cada mano, ninguno de ellos pulgar, un riñón y seis dedos en cada pie, Okasana fue abandonada en un orfanato.

“En mi ciudad había fugas de radiación. Un policía iba pasando por las casas diciendo ‘cierra’ y la gente tapaba las ventanas y las puertas y no salías durante uno o dos días para dejar que la radiación se apagase un poco”, relata Oksana, que estuvo en un orfanato muy pobre en el que la comida brillaba por su ausencia.

Los abusos físicos eran norma habitual en los orfanatos por los que pasó de niña. “Una cicatriz es una historia que te sucede a ti pero no tienes una cicatriz, sobrevives a una cicatriz, y en Ucrania en los orfanatos ocurren cosas increíbles”, declaró hace unos meses en un vídeo publicado en la web de Players’ Tribune.

“La mayoría de las peores cosas, ocurrían a altas horas de la noche. A veces, en lugar de ser gráfico, sólo necesito contar a la gente una lista de las cosas que ya no soporto: cuchillos; cigarrillos encendidos; cadenas metálicas. Todavía, a día de hoy, no puedo recibir un masaje y no asustarme. Eso probablemente te da una idea de la situación”, relató.

A los siete años su vida cambió. Fue adoptada por Gay Masters, una logopeda de Kentucky que se la llevó a Estados Unidos. A esa mejora de vida contribuyó el deporte, en el que despuntó con una versatilidad inusitada para combinar diferentes disciplinas.

Ganó su primera medalla en Londres 2012 en remo, junto al exmarine doble amputado Rob Jones. Después participó en esquí de fondo y biatlón en los Juegos Paralímpicos de invierno de Sochi 2014, de donde se trajo una plata y un bronce. En 2016 fue a los de Río como ciclista y en PyeongChang 2018 se coronó en esquí de fondo y en biatlón con dos oros, dos platas y un bronce.

En Tokio ha agrandado su palmarés. Oro en la contrarreloj de 24 kilómetros disputada en el Circuito Internacional de Fuji. Después de Japón, el siguiente objetivo de Oksana son los Juegos de invierno de Pekín, en los que competirá en esquí nórdico.

“Uno pensaría que el esquí de fondo y el ciclismo se cruzan muy bien, pero en realidad es lo contrario. Son dos movimientos separados. El ciclismo es todo empujar y el esquí de fondo se trata de tirar. Tengo que desentrenar cuando salimos de la mejor forma física para esquiar y ponernos en forma para el ciclismo”, señala.

Aún así, el deporte es solo uno de los puntales sobre los que se sustenta la vida de Oksana, que para tapar sus cicatrices, de manera metafórica, se hace tatuajes. “Los tatuajes, a diferencia de las cicatrices, tú los eliges. Y cada tatuaje que tengo está lleno de muchas de mis propias elecciones y representa una parte muy importante de mí”.

Oksana Masters es un ejemplo a seguir y, por eso, cree que los niños con una discapacidad necesitan más modelos a seguir. “Entiendo lo complicado que es para un niño tener un mal día por ir con el pelo desarreglado o que te salga un grano en la cara para la foto de la escuela, pero más duro es tener prótesis o no tener piernas”

“No quiero que la próxima generación de niñas y niños crezcan sin tener a esa persona a quien admirar y querer, a la que aspirar. Todos los niños tenían una foto de Michael Jordan en la pared. ¿Por qué no puede ser algo normal que sea alguien que ha tenido un accidente o ha nacido sin alguna parte de su cuerpo?”, pregunta.

Su figura ha traspasado los límites del deporte paralímpico y su estrella brilla a nivel global. En 2020 fue galardonada con un Premio Laureus y compartió cartel con el futbolista argentino Leo Messi, la gimnasta estadounidense Simone Biles y el piloto de Fórmula Uno Lewis Hamilton.

En Estados Unidos es un personaje conocido y esa fama la utiliza para, con un mensaje de superación, hacer reflexionar a la sociedad sobre las segundas oportunidades y la inclusión como verdadero camino para la igualdad.

David Ramiro