Nuevo curso, nueva energía

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Después de las vacaciones, en lugar de sentirte renovada y descansada,  ¿te sobreviene una sensación de cansancio físico y psicológico? Puedes recuperar las fuerzas y el ánimo a tiempo, aplicando unas sencillas medidas.

Este fenómeno obedece por un lado al síndrome de depresión postvacacional. La otra causa de cansancio y desánimo es que llegamos a septiembre en baja forma física y con kilos de más, tras haber disfrutado de unas vacaciones, en las que quizá· nos hemos relajado demasiado en todos los aspectos, descansando mucho sin cuidar las dietas y permitiéndonos caprichos nutritivos.

Al inicio del nuevo curso, podemos padecer un trastorno depresivo, a veces ligado con un largo período de tiempo placentero que ha sido esa etapa vacacional y lo desconectados que hemos estado de nuestra rutina de todo el año.

Este regreso a la cotidianeidad, a los hijos, a las dudas y los problemas habituales del trabajo y del entorno, a aquello de lo que habíamos desconectado,  a los horarios estrictos y a dormir peor y menos,  sumado al cambio de dietas y el darnos cuenta que nos hemos excedido de peso, puede ocasionar angustia,  apatía y melancolía en algunas personas.

SIGUE UNA DIETA

MODERADA Y SUPLEMENTADA

Si hemos subido de peso, no podemos pretender perder esos kilos de más en una semana, ni conviene ponernos una dieta muy estricta, ya que va a aumentar nuestro agotamiento, cansancio o apatía y es muy posible que nos pongamos de mal humor.

Para evitar el cansancio, que estaría provocado por una disminución del aporte de nutrientes, aconsejan tomar un suplemento natural, facilitado por el hecho de volver a comer en casa, lo que de por si suele ayudar a comer más equilibradamente.

El ejercicio, además de activarnos  y de ayudar a recuperar la forma y el peso, va a ser fundamental para mejorar el estado de ánimo, al aumentar la serotonina y las endorfinas (las hormonas del bienestar) en el organismo.

Si el retorno a la rutina va a deprimirte cambiémosla, ya que si la modificamos mediante pequeños gestos, como variar lo que desayunamos, el trayecto al trabajo o el perfume que usamos, no la notaremos tan rutinaria.

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