Navarro: Hay que dar una respuesta al grito desgarrado de las mujeres afganas

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JULIA NAVARRO

Madrid, 6 sep (EFE).- La novelista española Julia Navarro considera que hay que dar una respuesta “al grito desgarrado” de las mujeres afganas y cree que los ciudadanos deben recordar continuamente a los gobiernos europeos que no pueden permanecer “de brazos cruzados” ante la situación que les impone el integrismo religioso.

La falta de derechos de estas mujeres es uno de los asuntos que Julia Navarro aborda en su nueva novela, “De ninguna parte”, editada por Plaza y Janés, en la que habla del desarraigo y la búsqueda de la identidad a través de sus dos protagonistas, Abir, un joven libanés al que le mueve la venganza contra los asesinos de su familia, y el israelí Jacob.

“Una novela de acción para la reflexión”, señala Navarro en una entrevista con Efe, en la que reflexiona sobre problemas como el terrorismo de raíz islámica y la inmigración y la falta de una respuesta adecuada para que, dice la escritora, se produzca una integración.

Pero es a través de dos generaciones de mujeres donde Julia Navarro muestra los conflictos entre una joven, Noura, que se niega a seguir los preceptos de su padre, un integrista, y su madre, que nunca cuestiona el poder que ostentan los hombres y la falta de derechos que ha vuelto a ponerse de manifiesto en Afganistán.

Y destaca “el grito desesperado de las mujeres afganas de las que todos los días llegan noticias, mujeres que habían alcanzado alguna cuota de independencia y de libertad que, de repente, la ven otra vez absolutamente cercenada”.

“¿Qué va a pasar con ellas ahora?”, se pregunta la autora, que recuerda que hay sociedades donde los derechos más elementales simplemente no existen y en el caso de las mujeres “es mucho peor”.

Para Navarro, es una irresponsabilidad la forma en que ha actuado Estados Unidos pero asegura que en el resto del mundo occidental “no basta con decir que Washington”: “Hay que interpelar a los gobiernos de la UE, que son los que pueden hacer algo, y los ciudadanos lo único que podemos es recordarles continuamente que no se puede permanecer impasibles”.

La novela de Julia Navarro aborda también la influencia de las condiciones en las que uno ha vivido, los códigos de conducta de la sociedad a la que se pertenece, o la religión, cargas “que llevas en la mochila de la vida”, aunque señala que al final, uno siempre elige.

Pero, como indica el título de la novela, ser “de ninguna parte” es un sentimiento “que tienen en la actualidad muchas personas en este mundo globalizado en el que la inmigración es una de las constantes”.

“Esas migraciones masivas hacen que la gente en busca de una vida mejor llegue a otros lugares donde se produce muchas veces un choque de culturas porque tienen que aprender a vivir con otros códigos de conducta, otras formas de pensar y se produce ese desarraigo, porque ya no eres de donde viniste y tampoco terminas siendo de donde has llegado”, asegura.

Una cuestión que es, sostiene, uno de los temas pendientes que tiene Europa: “Me escandaliza, aunque ha dejado ya de ser noticia, que en el corazón de Europa haya campos de refugiados”. Y luego, hay que ayudarles a que se integren, ponerse en su piel, dice.

“De ninguna parte” plantea también la “permanente tensión entre los medios de comunicación y el poder, ya sea político o económico, cómo el poder intenta condicionar qué contamos y cómo se cuenta. Es una tensión vieja, no solo de ahora”, afirma Julia Navarro.

Para eso, en su novela explica lo que ocurre detrás de las pantallas, en las redacciones, cuyos directivos reciben esas llamadas de los despachos del poder.

Julia Navarro es partidaria de “contarlo todo, con rigor y contextualizado para que las personas tengan suficiente información como para formarse su criterio”.

“Lo que me niego es a que a los ciudadanos nos traten como a eternos menores de edad a los que no se nos puede contar lo que sucede. ¿Qué es eso de tener el monopolio de la información, de lo que podemos y no podemos saber?, se pregunta Navarro, que cree que “el populismo también ha llegado a los medios de comunicación, y no existe solamente en la política”.