Miedo y trauma, el coste de ser periodista bajo la junta militar birmana

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BIRMANIA GOLPE

Bangkok, 14 jul (EFE).- Ante el peligro constante de ser detenidos o incluso torturados, los periodistas birmanos viven en un estado de estrés y hasta traumático bajo la junta militar que gobierna con puño de hierro Birmania (Myanmar) desde el golpe de Estado del pasado 1 de febrero.

“Me siento deprimido, estresado y mentalmente agotado después de la violencia y las dificultades”, explica a Efe Kaung, un fotoperiodista birmano que ha cubierto las protestas contra el golpe violentamente reprimidas por las fuerzas birmanas.

A través de una aplicación encriptada para evitar la vigilancia de los militares, Kaung, que usa un pseudónimo por seguridad, afirma que a veces hacen fotos con los móviles de forma clandestina y evitan salir con sus cámaras ante el miedo de ser detenidos.

“No me siento seguro”, asegura el reportero, quien explica que cualquier periodista puede ser arrestado en cualquier momento por la denuncia de un seguidor promilitar o una foto, vídeo o artículo que no sea del agrado de la junta militar.

También expresa miedo de ser torturado durante los interrogatorios, después de que varios detenidos hayan muerto bajo la custodia de los militares.

“Siento que he perdido mi futuro. No sé que va a pasar más adelante. No sé qué va a pasar mañana”, añade el veterano fotógrafo, que lamenta que ni siquiera se puede hacer transferencias bancarias debido al colapso del sistema tras meses de huelgas.

Al menos 906 personas, en su mayoría manifestantes contra el golpe, han muerto debido a la violencia de los soldados y policías, al tiempo que más de 6.600 personas han sido detenidas desde el golpe militar, según datos de la Asociación de Asistencia a los Prisioneros Políticos (AAPP)

Entre los detenidos se encuentran 98 periodistas, de los que se estima que casi la mitad continúan en prisión y se han emitido ordenes de captura contra otros 33, según apunta a Efe la AAPP, al tiempo que la junta ha retirado las licencias a varios medios y aplica una férrea censura y una creciente vigilancia de internet.

Debido a la represión, las protestas son ahora de tipo relámpago, se disuelven rápido antes de que lleguen los soldados y los policías, que también se enfrentan a nuevas milicias civiles formadas por opositores al golpe y varias guerrillas étnicas.

TRASTORNO POSTRAUMÁTICO

Muchos periodistas, así como ciudadanos comprometidos, informan desde la clandestinidad, a pesar de las restricciones del internet en el país, o desde el exilio.

En este ambiente hostil, algunos informadores padecen ansiedad, cansancio mental, ira reprimida, pesadillas y hasta trastorno por estrés postraumático (TEPT), que se produce cuando alguien ha vivido a sucesos extremadamente traumáticos.

“Incluso si estás expuesto a ciertas imágenes explícitas porque es parte de tu trabajo, puedes acabar con TEPT”, señaló Cait McMahon, psicóloga y directora general del Centro Dart para el Periodismo y Trauma.

Durante una conferencia virtual organizada anoche por el Club de Corresponsales Extranjeros de Tailandia, la psicóloga subrayó que los directores y editores de los medios deben ser conscientes del riesgo mental de los periodistas, sobre todo si son colaboradores, que a menudo “cobran mal o tarde”.

Además de la ayuda profesional, McMahon señaló que hay prácticas que contribuyen a superar el estrés como reducir la exposición a las redes sociales, hacer meditación, yoga y, sobre todo, cultivar las relaciones con amigos y la familia.

“Lo que realmente necesitas es encontrar el apoyo de la comunidad (…) Incluso si vives en el exilio, lejos de tu comunidad, es importante encontrar formas para estar en contacto con quienes te quieren, mediante las redes sociales o llamadas telefónicas”, agregó la psicóloga en el evento titulado “Periodismo y trauma en Birmania tras el golpe”.

TAMBIÉN HAMBRE

En el mismo acto virtual, el reportero birmano Mratt Kyaw Thu, exiliado en España tras huir de Birmania, afirmó que la situación económica de muchos periodistas en su país es desesperante.

“Un amigo perdió su trabajo cuando cerró el medio en el que trabajaba. No puede ni comprar un paquete de arroz, tiene un hijo de tres años. No puede comprar arroz para mañana”, espetó.

Thura, un periodista que también prefiere usar un pseudónimo por seguridad, sufrió un ataque contra su vivienda en Rangún poco después del golpe, pero aún así continuó reporteando en el país hasta que decidió exiliarse en abril.

Exprisionero político bajo la anterior dictadura militar (1962-2011), no le sorprendió el cáriz violento que tomó la actual junta militar y ahora usa aplicaciones encriptadas para seguir informando desde el exilio, que ya tuvo que vivir hace años.

En su opinión, los periodistas también trabajaban bajo un ambiente difícil bajo el Gobierno derrocado de la nobel de la paz Aung San Suu Kyi, pero la junta militar ha llevado la represión a niveles no vistos desde hace décadas.

“Min Aung Hlaing no esperaba tanta resistencia”, asevera Thura.

Gaspar Ruiz-Canela