Miami Beach transforma sus vitrinas en escenarios teatrales y pecaminosos

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EEUU TEATRO

Miami, 30 dic (EFE).- Siete tiendas de Lincoln Road, la popular vía peatonal de Miami Beach considerada una de las calles comerciales más caras de EE.UU., se han transformado en escenarios en los que discurre la obra “7 Deadly Sins”, con la que sus creadores llevan el teatro al exterior, cerca del público y lejos de la covid-19.

La inédita puesta en escena es producto de la imaginación de la compañía de teatro bilingüe e inmigrante Miami New Drama y está consiguiendo llenos con escaso peligro de contagiarse de coronavirus.

“Desde el primer momento yo sentí que el cierre de los teatros no era algo de corto plazo. El día que saqué mis cosas de mi oficina en abril, cuando se impusieron las órdenes de confinamiento en Miami, ya sabía que no regresaríamos allí hasta más o menos octubre de 2021”, dice a Efe Michel Hausmann, el venezolano que dirige Miami New Drama.

La compañía, fundada en 2014, reside desde hace casi cinco años en el Colony Theatre de Lincoln Road, y acababa de estrenar su obra más ambiciosa, “A Wonderful Life”, basada en la vida de Louis Armstrong, cuando tuvo que cerrar, recuerda Hausmann.

Apelando a las herramientas que le permitieron mantener abierta por años su compañía Palo de Agua, en Caracas, a pesar del acoso del régimen chavista, el artista retomó una idea que comenzó a darle vueltas por la cabeza cuando empezaron a cerrar tiendas en Lincoln Road.

SALVAR EL TEATRO DE LA PANDEMIA

“Cada vez que veía una nueva tienda cerrada, del alza de precios de los alquileres y la crisis que vive el ‘retail’ (comercio minorista) por el aumento de las ventas ‘online’, pensaba que sería maravilloso poder llenar esos locales de arte, de teatro”, explica.

La misma semana que Hausmann mudó su oficina para su casa comenzó a buscar la forma de convertir ese sueño en una realidad que salvara el teatro durante la pandemia.

Fueron meses de negociaciones con los dueños de los locales, las autoridades municipales y hasta con otros comerciantes del paseo peatonal, que se desarrollaron en paralelo al proceso artístico de encontrar una obra que pudiese funcionar en segmentos que se pudieran presentar en las vitrinas de los locales vacíos.

El concepto de “7 Deadly Sins” (Siete pecados capitales) fue inspirada por “Our Town”, una obra teatral de tres actos de 1938 del dramaturgo estadounidense Thornton Wilder, que ganó el Premio Pulitzer de Drama.

Con el concepto en marcha, Hausmann convocó a galardonados guionistas latinos y afroamericanos para que le crearan material inédito: “A cada uno le pedí que me dijera los tres pecados sobre los que quisieran escribir. Al final logramos que todos tuvieran su primera o segunda opción”.

LOS PECADOS CAPITALES

Así nacieron las piezas de diez minutos “Envy (Envidia)”, de Hillary Betis; “Lust (Lujuria), de Nilo Cruz; “Greed (Ambición)”, de Moisés Kaufman; “Gluttony (Glotonería)”, de Rogelio Martínez; “Wrath (Ira)” de Dael Orlandersmith; “Pride (Orgullo), de Carmen Pelaez, y “Sloth (Pereza)”, de Aurin Squire.

La “experiencia teatral”, como la llaman, comienza en un bar al aire libre al que dieron el nombre de “El purgatorio”. Allí, en mesas bien separadas, un público y personal enmascarado puede disfrutar de una breve sesión musical, que establece la esperada decadencia del teatro.

Para entrar a esa área, el público debe haber buscado en la taquilla unas pulseras de papel encerado, en las que está escrito el número de sus sillas y el pecado por el que comenzarán su experiencia.

En las sillas encuentran unos audífonos, que les permitirán escuchar a los actores, protegidos detrás de los vidrios de las vitrinas y rodeados de una poderosa escenografía.

Todos los elementos del teatro están presentes. La música, la iluminación, la experiencia colectiva, el drama y la magia son sorprendentemente recreados.

Casi todos los libretos están anclados en la situación política y sanitaria actual causada por la pandemia. Sin embargo, tal y como está diseñada la propuesta, el riesgo de contagio de coronavirus es menor.

“Solo un director como Michel, un refugiado de la dictadura venezolana, un inmigrante que viene de una familia de judíos, que han aprendido a reinventarse, a aprovechar las adversidades para impulsarse hacia nuevas cosas podría haber visualizado y concretado algo así”, afirma la dramaturga y actriz Pelaez, quien lleva el monólogo de “Ira” y escribió el de “Pride”.

CAMBIO DE PARADIGMA

“Solo en una ciudad como Miami, llena de gente de todas partes del mundo, donde valoramos la diversidad, podía nacer una experiencia así. La comunidad entera trabajando junta logró que podamos seguir haciendo teatro en estos momentos”, agregó la artista de padres cubanos.

Para Hausmann, las herramientas que aportan los inmigrantes y las minorías se sumaron a la capacidad de su equipo de entender que la pandemia ha acelerado la necesidad del teatro de cambiar su paradigma artístico y comercial, “al igual que han tenido que hacer los periódicos y otros medios de comunicación”.

“Antes la meta era llevar al público al teatro, ahora es llevar el teatro al público, como se pueda”, explica.

El público de Miami ha respondido y después de casi tres semanas de llenos, “7 Deadly Sins” se ha expendido hasta el 17 de enero.

Alicia Civita

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