Cerca de 23 millones de afganos amenazados por una grave crisis alimentaria

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AFGANISTAN HAMBRUNA

Kabul/Roma, 25 oct (EFE)- Cerca de 23 millones de afganos, más de la mitad de la población, se enfrentarán a partir de noviembre a una de las peores crisis alimentarias del mundo, agravada por el conflicto y el aislamiento internacional desde que los talibanes se hicieron con el poder, el pasado agosto, según un informe de Naciones Unidas.

Estas 22,8 millones de personas se enfrentarán a una “inseguridad alimentaria aguda a partir de noviembre”, indicó hoy el Grupo de Agricultura y Seguridad Alimentaria de Afganistán, codirigido por la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA).

Entre los más afectados “se encuentran 3,2 millones de niños menores de cinco años que se espera que padezcan desnutrición aguda antes de fin de año”, detalla el documento.

“Afganistán está ahora entre las peores crisis humanitarias del mundo, si no la peor, y la seguridad alimentaria casi se ha derrumbado. Este invierno millones de afganos se verán obligados a elegir entre la migración y la hambruna”, dijo el director Ejecutivo del PMA, David Beasley.

El informe destacó los problemas como la sequía, el conflicto, la covid-19, y la actual crisis económica como los detonantes de esta situación en Afganistán, que “ha afectado gravemente las vidas, los medios de subsistencia y el acceso de las personas a los alimentos”, y que se prevé que empeore con la llegada de un invierno “que amenaza con aislar áreas del país donde las familias dependen desesperadamente de la asistencia humanitaria para sobrevivir”.

Así “más de uno de cada dos afganos se enfrentará a niveles de crisis (IPC Fase 3) o emergencia (IPC Fase 4) de inseguridad alimentaria aguda desde noviembre de 2021 a marzo de 2022, por lo que se requieren intervenciones humanitarias urgentes para satisfacer las necesidades alimentarias básicas, proteger los medios de subsistencia y prevenir una catástrofe humanitaria”.

UNA CRISIS QUE YA AFECTA A LA CLASE MEDIA

La crisis humanitaria que vive Afganistán, agravada en los últimos meses tras la llegada al poder de los talibanes, ha empujado a la clase media afgana a tener que mendigar y vender sus pertenencias más valiosas para poder alimentar a sus hijos.

Es el caso de Farid Khan, que trabajó como portavoz de la Policía en la provincia oriental de Nangarhar hasta la victoria de los talibanes el pasado agosto, donde cobraba unos 250 dólares mensuales con los que alimentaba a su familia de 12 miembros.

Esa cantidad les permitía llegar justos a final de mes, pero empezaron a afrontar problemas económicos después de que Khan dejó de percibir su salario hace unos meses.

“Mis hijos tienen hambre, no tenemos comida en casa, yo ya no tengo trabajo ni una fuente de ingresos desde hace dos meses, y esta es la situación que tenemos que afrontar”, dijo Khan a Efe.

Sin dinero, Khan ni siquiera tiene tiempo para pensar en el tratamiento de su esposa enferma de cáncer, a la que pretendía operar en el vecino Pakistán.

La familia ya ha vendido todas sus pertenencias valiosas para, al menos, poder alimentar a sus ocho hijos, pero aun así el dinero del que disponen es insuficiente: “No sé cuál será nuestro futuro. No veo un rayo de esperanza sin trabajo ni ingresos”, lamentó.

CRECE LA DEPENDENCIA A LA AYUDA HUMANITARIA

Afganistán experimentó en los últimos meses un aumento del 70 % en el número de personas registradas para recibir asistencia humanitaria, reveló a Efe Abdul Fatah Jawad, portavoz de la Organización de Servicios Sociales y Bienestar Social afgana Ehsas (EWSSO).

Entre los que ahora solicitan ayuda no solo se encuentran familias pobres, sino también personas consideradas de clase media, como maestros, empleados del anterior Gobierno, ex miembros de la Policía, el Ejército y los servicios de Inteligencia, comerciantes o trabajadores de industrias y fábricas.

“Estas personas eran las que nos hacían donaciones años atrás y hoy son ellos los que necesitan las donaciones”, apuntó Jawad.

Por su parte, Modaser Islami, fundador de la asociación caritativa Laasnewai, aseguró a Efe que el número de mendigos aumentó significativamente en Afganistán, y entre ellos hay personas que “tenían una vida normal hace unos meses”.

“La gente está harta de los problemas económicos y tienen dos opciones: quedarse en casa y morir de hambre, o salir a mendigar”, remarcó, y añadió que algunas familias se han visto obligadas a vender sus casas, tierras e incluso a sus hijos.

“Si la comunidad internacional no actúa de manera inmediata, la crisis se agravará cada vez más y más personas se verán obligadas a migrar o morirán de hambre”, sentenció.