Marta M.Colón: La presión social lleva a jóvenes latinos a consumir opiáceos

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EEUU OPIÁCEOS

Nueva York, 3 mar (EFEUSA).- La presión social es una de las principales causas que empuja a los jóvenes latinos a consumir opiáceos, en su mayoría recetados, según afirma la creadora de la primera campaña de concienciación sobre el uso de estas drogas para la población latina, la psicóloga Marta Michelle Colón.

“Una joven me contó que la última vez que le invitaron a una fiesta le dijeron que no fuera si no va a usarlos. Para ella quedarse en casa supone quedarse atrás, algo que es difícil ya que le hace sentirse sola”, explica en entrevista con Efe.

Colón lidera “Be Gutsy” (Ten Agallas), una campaña enfocada a la comunidad hispana para informar sobre la crisis humanitaria del consumo de las opiáceos en Estados Unidos, que fue declarada “emergencia nacional” en 2017 y que se cobra cerca de un centenar de vidas a diario en el país.

La puertorriqueña afincada en Nueva York detalla cómo en las fiestas los jóvenes disponen de una suerte de barra libre de pastillas: “oxys” (la abreviatura de OxyContin, un potente fármaco) o “percs” (Percocet) son solo algunas de las cápsulas de las que disponen los adolescentes y que consumen sin información de las posibles consecuencias.

Porque como subraya la especialista, además de la presión social, la falta de información es una de las razones por las que los jóvenes se inician en el uso de estos opiáceos, ya que desconocen que el consumo incontrolado de medicamentos con receta puede llegar a engancharlos y, en último lugar, ser letal.

Según los últimos datos de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades, en 2017 se produjeron 70.237 muertes por sobredosis.

De acuerdo a otro organismo, la Fundación Familiar Henry J. Kaiser, solo el 8 % de las muertes por sobredosis de opiáceos ese año se produjo entre la población hispana en EE.UU., un porcentaje que se duplica cuando se consultan los datos del Estado de Nueva York.

“Los jóvenes entienden que ser adicto a los opiáceos o a las pastillas no es lo mismo que ser adicto a la heroína, que es ser un yonki”, detalla.

Colón pone como ejemplo el caso de una adolescente del barrio neoyorquino del Bronx de 16 años que, durante un embarazo complicado comenzó a tomar pastillas para sus dolores de espalda por indicación de su madre y su abuela. Estas eran pastillas recetadas por un médico a una de ellas quienes, desconociendo que se trataban de un medicamento controlado, decidieron dárselas a la joven.

Durante seis meses la muchacha consumió estas pastillas sin consultarlo con su ginecólogo lo que provocó que cuando nació su hijo, lo hiciera con una sobredosis y tuviera que pasar desde las primeras horas de vida por un programa de desintoxicación.

“Be gutsy” está enfocada principalmente a las comunidades latinas ya que, durante su investigación, la psicóloga fue consciente de la falta de iniciativas que apelaran culturalmente al colectivo.

Colón pone el ejemplo de las abuelas latinas que, preocupadas por el bienestar de su familia, les da pastillas a sus hijos o nietos sin saber -porque no hablan inglés- que se tratan de medicamentos potencialmente muy adictivos.

A través de redes sociales, proyectos educativos -como charlas o una obra de teatro- y la colaboración con los médicos, “Be Gutsy” pretende que sean los propios jóvenes quienes hablen a sus compañeros y les informen de los riesgos de estas prácticas.

“Yo no les digo que no los usen, que son horrorosos. Yo les digo lo que son y que pueden morir o causarles adicción por su consumo. Hay muchos jóvenes que los están usando y, si conoces a gente, por favor, diles que busquen ayuda”, detalla.

Colón se vio envuelta en la crisis de los opiáceos cuando su hermano, a una edad muy temprana, comenzó a ser adicto a ellos después de un accidente muy aparatoso de moto.

“Si hubiese sabido lo que sé ahora, probablemente le hubiese salvado porque desconocía que eso venía por los medicamentos contra el dolor”, concluye.

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