Maraini: Una italiana jefa del Estado, un acto de estima colectiva para las mujeres

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ITALIA FEMINISMO

Roma, 4 ene (EFE).- La elección de una italiana como presidenta de la República sería “un gran acto de confianza y estima colectiva”, algo de lo que se ha privado históricamente a las mujeres y que impulsaría el feminismo en el país, asegura a Efe la escritora Dacia Maraini, una de las voces más concienciadas de la literatura europea, defensora de los derechos civiles y en especial de la mujer.

Poeta, narradora y dramaturga, Maraini (Fiesole, 1936) se ha lanzado a sus 85 años a la siempre compleja arena pública italiana para pedir que se elija a una mujer para la jefatura del Estado, una iniciativa apoyada por numerosas intelectuales y artistas, desde la cineasta Liliana Cavani a la actriz Sabina Guzzanti, entre otras.

“No creo que una mujer, sola en un sistema masculinocéntrico, pueda cambiar radicalmente las cosas, pero puede ayudar a cambiar la mentalidad común, aunque sólo sea con su presencia autorizada y simbólicamente prestigiosa”, explica la que fuera compañera sentimental de Alberto Moravia durante veinte años.

P. ¿Cómo nació la idea de esta petición pública?

R. Surgió de la constatación común de que la política se ha estancado en brutales competiciones internas y vetos cruzados que la han paralizado. Busqué la solidaridad de personas ajenas a la política, mujeres culturalmente valoradas por la opinión pública. Y les pedí que se unieran a esta demanda de justicia. En un país donde las mujeres son mayoría, ¿es posible que siempre haya hombres para representarlo?

P. ¿Ha sido complicado conseguir el apoyo de tantas mujeres artistas?

R. Fue fácil. Las mujeres a las que me dirigí me respondieron con entusiasmo. Otras me han escrito y lo siguen haciendo, como también muchos hombres. Creo que la opinión está por delante de los políticos.

P. ¿Esta petición es una señal del machismo que existe en Italia?

R. El machismo existe en todo el mundo. No hemos salido del patriarcado, aunque afortunadamente, sobre todo en los países que no identifican el Estado con la Religión, ha habido una fuerte emancipación de las mujeres. Muchas leyes han cambiado y, sobre el papel, hoy en Europa, las mujeres gozan de igualdad jurídica. Pero es más fácil cambiar una ley que una mentalidad arraigada en siglos de hábitos mentales y sociales. Todo el mundo está dispuesto a exaltar la autonomía de la mujer, pero cuando ésta rompe privilegios considerados eternos y debidos, muchos se ponen nerviosos.

P. ¿También es una señal de alarma para la sociedad?

R. Las discriminaciones se encuentran en el lenguaje, en los hábitos familiares, en los puestos de trabajo. La misma gramática es misógina. Cada verbo se declina al masculino. Se dice el hombre para indicar al ser humano y tiene una categoría universal. Pero cuando digo mujer, me refiero a una categoría específica, racialmente separada de la idea de la universalidad. Si tengo nueve hijas y un hijo, diré que tengo diez hijos, etc. Sin mencionar los chistes, las canciones, la publicidad que ponen de relieve el cuerpo femenino para vender mercancías, pero no dan importancia al pensamiento, a la voluntad que este cuerpo expresa.

P. ¿Cree que una mujer puede contribuir de una forma diferente a la de un hombre al gobierno del país?

R. No creo que una mujer, sola en un sistema masculinocéntrico, pueda cambiar radicalmente las cosas, pero puede ayudar a cambiar la mentalidad común, aunque sólo sea con su presencia autorizada y simbólicamente prestigiosa. Lo que siempre ha faltado y todavía falta en gran medida a las mujeres es la estima pública. No la admiración que a menudo se refiere sobre todo al aspecto estético de las mujeres. La estima se refiere a la capacidad creativa del individuo, independientemente de su sexo. La estima se refiere a la profesionalidad y el prestigio de una persona. Las mujeres han sido históricamente privadas de estima. Por eso es importante que adquieran la estima pública de manera simbólica ocupando puestos de prestigio.

P. ¿Cree que la elección de una mujer como presidenta ayudará al feminismo en Italia?

R. Creo que sí. Como le decía, ha sido muy duro y difícil para las mujeres conseguir la estima pública. El voto en Italia las mujeres no lo tuvieron hasta 1949. Siempre ha habido mujeres inteligentes y capaces, pero eran una excepción a la regla. Lo que costó y sigue costando reconocer es la representatividad pública. Una mujer que representa a una nación es un gran acto de confianza y estima colectiva y sólo puede representar un ejemplo simbólicamente importante.

P.¿Confía en que una mujer sea elegida para reemplazar al actual presidente, Sergio Mattarella?

R. No tengo mucha confianza, pero espero que sí. Creo que sería un acto de justicia y libertad.

Marta Rullán