Los cinco kilómetros de dolor y penitencia para los católicos en Guatemala

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SEMANA SANTA GUATEMALA

Quiché (Guatemala), 2 abr (EFE).- Tras un año de ausencia por el coronavirus, un grupo de 15 hombres completó este viernes gateando, y con espinas en su cuerpo, una ruta de aproximadamente cinco kilómetros para pedir perdón por sus pecados en un poblado al noroeste de Guatemala

La tradición local de los “gateadores”, suspendida en 2020 por la covid-19, retomó su actividad como cada Viernes Santo en el municipio de San Andrés Sajcabajá, en el departamento de Quiché, 200 kilómetros al noroeste de la Ciudad de Guatemala.

En un ambiente lúgubre, fiel a las festividades católicas de la Semana Santa, los 15 “gateadores” completaron el trayecto en aproximadamente tres horas como penitencia por sus pecados y también para dar gracias divinas.

Los fieles católicos, cuyas edades oscilan entre los 18 y los 40 años según confirmó la organización a Efe, deciden por voluntad propia llevar a cabo la penitencia durante siete años consecutivos.

La tradición nació con la conquista española y transcurre casi en su totalidad en silencio, con los hombres en penitencia murmurando para sus propios adentros en varios segmentos del trayecto.

CON MENOS ACOMPAÑANTES Y ESPECTADORES

Previo a la expansión de la covid-19, más de 600 personas llegaban a presenciar la penitencia de los “gateadores”, que avanzan descalzos y de rodillas con espinas sobre su espalda todo el trayecto.

Este viernes, tras un año de pandemia y con Guatemala como el país con el mayor número de decesos a causa de la enfermedad en Centroamérica, alrededor de 300 personas fueron testigo de la penitencia, la mayoría en las afueras de sus hogares.

Los “gateadores” partieron de la iglesia principal de San Andrés Sajcabajá a las 11.00 hora local (17.00 GMT), bajando las gradas del templo católico como dicta la tradición, y culminaron su penitencia tres horas después.

El trayecto también fue acompañado por otros cinco hombres que cumplieron con los cinco kilómetros con cruces llenas de espinas a sus espaldas, de igual en penitencia bajo el anonimato e idénticamente con el rostro semitapado.

La tradición ha ido mermando con el paso del tiempo, pues según las autoridades locales años atrás los participantes se contaban por docenas. Y es que la penitencia también lleva como sacrificio 40 días previos sin ver a la familia, con ayuno y otras restricciones.

De acuerdo a sondeos de medios locales, el 45 por ciento de los guatemaltecos profesan la religión católica y un 42 es protestante, mientras que un 11 por ciento se declara agnóstico o ateo y un dos por ciento practica otras religiones.

El camino de los “gateadores” también atrae cada año a docenas de turistas extranjeros. Sin embargo, la expansión de la pandemia también redujo este año el número de visitantes a Guatemala y también al departamento de Quiché, de mayoría indígena.

Solo en 2019 el país centroamericano recibió a casi 2,6 millones de turistas, pero la cifra descendió en 2020 por la pandemia en un 75 %, según registros oficiales.

Independientemente de ello, los “gateadores” volverán en 2022, pues algunos de ellos aún no han completado los siete años de penitencia que prometieron inicialmente en busca del perdón divino, por agradecimiento y como reflexión de sus vidas.

Esteban Biba

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