Las tierras de los miskitos hondureños cada vez producen menos, dice un experto italiano

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HONDURAS ETNIAS

Tegucigalpa, 19 nov (EFE).- Las tierras de los miskitos que viven en el departamento de Gracias a Dios, en el Caribe de Honduras, cada vez producen menos, según el experto italiano en ciencias forestales Luigi Loddo, quien ha convivido durante más de diez años con las etnias que habitan en esa pantanosa región.

Una de las razones para que las tierras de los miskitos produzcan cada vez menos, es “la presión de terceros” que han llegado a asentarse a esa zona, al este del país, también conocida como la Mosquitia, dijo a Efe Luigi Loddo, director en Honduras de la organización irlandesa humanitaria y de desarrollo GOAL.

“Hace 20 o 30 años los miskitos eran alrededor de 30.000 a 40.000, ahora hablamos de unos 120.000, más toda la presión de terceros que están entrando”, enfatizó el experto italiano, natural de Cerdeña, con estudios en Florencia.

Loddo explicó que la tierra de la Mosquitia tiene una primera capa orgánica que es la más productiva, seguida de otra de barro o arcilla, pero que cuando la tierra se usa mal, con ciclos de producción muy seguidos, la capa orgánica se va haciendo más delgada y se pierde la productividad.

Una de las malas prácticas en el campo hondureño, no solo en la Mosquitia, es la quema antes de la siembra, lo que también contribuye a que el suelo se vuelva desértico, señaló el director de GOAL en Tegucigalpa, quien llegó por primera vez a Honduras hacia 1999, como voluntario, luego del paso devastador del huracán Mitch, a finales de 1998.

La región de la Mosquitia hondureña tiene formaciones productivas que son las vegas de los ríos, que las alimentan con los residuos que arrastran, manteniendo su fertilidad.

SEGUIR REGLAS DE CONSERVACIÓN

Se suman las denominadas vegas del bosque, donde prácticamente se quita el bosque primario y secundario para cultivar en el área que se despeja, pero si se hace mal uso de ella, de manera muy rápida, se pierde, indicó Loddo.

Cuando las vegas del bosque se usan bien, aplicando la conservación del suelo, la agroforestería y se evita la quema, se mantienen productivas, pero eso no está sucediendo en la Mosquitia.

“La cantidad de tierra por familia en Gracias a Dios se va achicando, es un fenómeno muy común dentro de los miskitos”, subrayó Loddo al explicar sobre los ciclos negativos que emplean para cultivar la tierra, de la que cree que todavía puede ser suficiente para la producción de granos básicos de su gente.

Añadió que el miskito debe “cambiar su manera de cultivar y seguir todas las reglas de conservación, de buen mantenimiento de los suelos”.

El departamento de Gracias a Dios, con unos 17.000 kilómetros cuadrados, es el segundo más grande de Honduras, pero por lo pantanoso a la mayor parte solamente se puede llegar por aire o navegando por mar y los ríos que lo cruzan.

LA REGIÓN HA CAMBIADO MUCHO

Durante los años que Loddo ha vivido en Honduras, en su mayoría en la Mosquitia, ha visto muchos cambios, los que resume diciendo que “antes había mucha paz, se respiraba un ambiente tranquilo”.

Pero esa paz ha ido desapareciendo por muchas presiones, entre ellas el acaparamiento de tierras para cultivos agrícolas y ganadería por parte de terceros que no son de la Mosquitia; la inseguridad y la violencia, esto último derivado en parte por el tráfico y consumo de drogas, principalmente cocaína, de lo que la prensa local ha venido informando en los últimos 40 años.

“Las poblaciones indígenas están sufriendo la presión avanzada de colonos agrícolas y ganaderos que cada día se hacen más fuertes, empeorando la inseguridad en el departamento y quien paga el costo de eso es la población más desprotegida, los niños, los pobres, los jóvenes”, recalcó Loddo.

En la Mosquitia, una región de la que casi todos los gobiernos se han olvidado, mucha de su población subsiste de la pesca artesanal y por buceo, en esta última actividad capturando langosta en las profundidades del mar, sin que los buzos dispongan de la protección necesaria, lo que ha dejado a centenares discapacitados.

Loddo considera que la pesca, que en parte recibe asistencia de la GOAL, es un sector rentable y “es la última gran oportunidad para la población indígena de este departamento, con un justo derecho al uso de los recursos del mar”.

El problema para muchos habitantes de Gracias a Dios, es que las políticas no han estado orientadas hacia los pescadores artesanales indígenas, sino hacia los grandes industriales de toda la región caribeña del país, olvidando sus derechos ancestrales.

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