Las cerámicas de Hamada y Josep Llorens Artigas dialogan en Barcelona

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EXPOSICIÓN CERÁMICA

Barcelona (España) , 3 jun (EFE).- Las piezas de dos de los gigantes de la cerámica universal del siglo XX, el japonés Hamada Shoji y el catalán Josep Llorens Artigas, dialogan a partir de este jueves en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) en Barcelona, gracias a la exposición “Los colores del fuego: Hamada-Artigas”, donde se exhiben más de 140 obras artesanales.

Amigos durante años y sintiendo una admiración mutua el uno por el otro, la exposición también explora el impacto que la cerámica japonesa tuvo en Cataluña a mediados del siglo XX tanto en Josep Llorens Artigas como en su hijo Joan Gardy Artigas, Eudald Serra, Elisenda Sala, Ramon Carreté o en el pintor Joan Miró.

El comisario Ricard Bru ha recordado hoy en rueda de prensa que la exposición debía inaugurarse en noviembre de 2020, pero debido a la pandemia de coronavirus se ha retrasado hasta ahora, con piezas que proceden de diferentes instituciones, desde el Victoria & Albert Museum de Londres, a la Fundación Maeght de Saint Paul de Vence, el Museo del Diseño de Barcelona, la Fundación Pilar y Joan Miró de Mallorca, así como de colecciones privadas.

Bru considera que quien se acerque hasta la falda de Montjuïc en Barcelona podrá ver a “dos artistas que son completamente diferentes y a la vez, muy similares, con un lenguaje propio”, puesto que mientras “Artigas cree que cada pieza tiene que ser única, Hamada las sacude, las trata con una fuerza completamente diferente”.

Sin embargo, a su juicio, ambos consiguen “una expresividad universal, buscan una emoción, la potencialidad de la cerámica”.

En uno de los apartados de la sala se puede leer que se conocieron en un congreso en Inglaterra en el año 1952 y luego coincidieron, diez años más tarde, en Japón, en la boda de Joan Gardy Artigas con Mako Ishikawa, intensificándose la relación a partir de entonces.

Precisamente, al iniciarse el recorrido expositivo se ofrecen diversas filmaciones, en las que se ve a los artistas trabajando en sus obras, y en una de ellas se visualiza a Hamada frente al horno que tenía en la población de Mashiko y que Llorens Artigas estudió para poder construir uno muy similar en Gallifa (Barcelona), donde se cocieron muchas de sus obras y algunas de las que elaboró con Miró.

Joan Gardy Artigas, presente en el acto, ha rememorado una de las ocasiones en las que estuvo en el MNAC con Hamada, al que ha calificado de “hombre honorable, gran amigo de mi padre y mío”, y quien mostró siempre un gran entusiasmo por el arte románico.

Hamada, que en el año 1955 fue declarado Propiedad Cultural Importante e Intangible (Tesoro Nacional Viviente) por el gobierno japonés, fue uno de los principales fundadores del movimiento “mingei” y figura clave de la recuperación de los valores de la tradición cerámica japonesa.

Para Ricard Bru, tal como se puede ver en los grandes platos, en los jarrones o en los bol que se exponen, ambos, con “gran conocimiento de la técnica”, tenían la voluntad de “desnudarse de lo superfluo, yendo a lo esencial, buscando la expresividad interior de cada pieza”.

En este punto, Joan Gardy Artigas, acompañado por su hijo Isao Llorens, ha aseverado que tanto su progenitor como Hamada “trabajaban con libertad total, teniendo en cuenta que lo más importante era lo que hablaban las cerámicas”, siguiendo el precepto de Mies van der Rohe de que “menos es más”.

Bru ha desvelado que han podido contar con todas las piezas que demandaron, buscando que fueran “pocas y las mejores para poder ir hasta la máxima expresividad y potencia y que las cerámicas hablaran por sí solas”.

La exposición, con un presupuesto de 239.000 euros, se complementa con fotografías de los dos artistas en diferentes momentos de su vida, algunas cartas y escritos, así como con objetos relacionados con el arte de la cerámica.

El director del MNAC, Pepe Serra, ha mostrado su satisfacción por poder hacer entrar por la “puerta grande” del centro a un artista como Artigas, junto con Hamada, y con “un arte, el de la cerámica, que tiene una potencia infinita, a partir del barro, el agua y el fuego”.

A la vez, aunque sin citar en ningún momento la palabra Hermitage, ha reivindicado “la potencia de los fondos que hay en la ciudad” y ha apuntado que: “deberíamos sacarnos el provincianismo de encima”.

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