Aunque no lo creas, la orquídea es una de las flores más fáciles de cultivar y cuidar. Se trata de una planta tropical bastante resistente, por lo que es ideal para tenerla en casa. Basta con darle la dosis de luz y humedad adecuadas.

Existen 30.000 especies puras y alrededor de 140.000 híbridos de formas y colores diferentes. Para empezar, elige la más fácil de cuidar, es decir, la que es capaz de mantenerse en casa a una temperatura sin demasiada diferencia entre el día y la noche.

Las más ineludibles son las Phalaenopsis gracias a su larga floración de varios meses y la facilidad de sus flores a la hora de brotar.

A la hora de llevar una orquídea a la casa,  ideal es hacerlo en un lugar relativamente húmedo, con mucha luz pero sin sol directo. Las orquídeas necesitan mucha ventilación. Es muy importante la estacionalidad, por lo que te recomendamos que en verano la apartes de la ventana si el día es muy caluroso.

No es recomendable regarla a diario, con una vez cada diez días es suficiente. Es importante dejar que la tierra se seque entre riego y riego. En el caso de las hojas, no es aconsejable mojarlas, así que utiliza un vaporizador con agua no calcárea, a modo de agua de lluvia, y no mojes el corazón de las hojas. En el caso de que las mojes, sécalas inmediatamente con un paño limpio.

Una vez por semana, humedece las raíces de tus orquídeas. Llena un barreño de agua y sumerge completamente la base de la planta. Déjala en remojo unos minutos hasta que se acaben las burbujas de aire y a continuación, déjala escurrir.

Debes inspeccionar las hojas de tu orquídea de forma regular. Normalmente podrás guiarte por las siguientes señales: las hojas sanas suelen ser más brillantes, aquellas que tornan a un color verde oscuro están pidiendo a gritos más luz y las que tienen una tonalidad rojiza significa que han sufrido de exceso de luz, llegando a aparecer manchas negras que indican que se han sido dañadas por el sol.

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