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La vida después de Guantánamo y del 11-S: “Tenemos cicatrices en el alma”

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Base Naval de Guantánamo (Cuba), 10 nov (EFE).- El mauritano Mohamedou Ould Slahi y el yemení Mansoor Adayfi pasaron 14 años en Guantánamo y acabaron siendo liberados sin cargos. Salieron de la cárcel, pero en cierta manera siguen dentro: “Tenemos cicatrices en el alma”, afirma el segundo.

“Haces todo lo posible para construirte una vida por ti mismo, pero no hay realmente un apoyo que te ayude a integrarte en la sociedad. Y eso es un gran problema. Imagina estar preso durante 10 o 15 años, salir y que te manden a un sitio en el que no sabes qué hacer”, explica a EFE en una entrevista por Zoom.

A él lo enviaron a Serbia en 2016 cuando recibió el visto bueno para su liberación. Fue detenido en Afganistán en noviembre de 2001, dos meses después de los ataques terroristas del 11-S, y trasladado en febrero de 2002 a la prisión que Estados Unidos abrió en su Base Naval en territorio cubano.

Los primeros reos de la “guerra contra el terror” que el expresidente republicano George W. Bush (2001-2009) emprendió tras esos atentados de casi 3.000 muertos llegaron allí un mes antes que él y el Campamento X-Ray donde metieron a ese grupo en jaulas al aire libre sigue en pie, vacío y abandonado.

Adayfi, considerado por EE.UU. un integrante de Al Qaeda y un preso de alto valor, estuvo al principio en ese campamento. Todavía recuerda vivir las 24 horas a la espera de “la siguiente tortura”, con un temor constante que también experimentó Ould Slahi.

“Al principio no pensaba que en una democracia podías ser torturado, especialmente si no habías hecho nada. Cuando comenzaron el programa de torturas dejé de ser yo mismo. En cierta manera, se convirtió en una rutina para mí”, señala a EFE el segundo exrehén, autor de “Diario de Guantánamo” y cuya historia inspiró el filme “The Mauritanian”, de Kevin Macdonald.

Ould Slahi, que llegó a Guantánamo en agosto de 2002, dice haberse liberado ya del “odio” experimentado durante los primeros años posteriores a su liberación en 2016. “Era algo enfermizo. Y solo puedes ser libre a través del perdón. Decidí perdonar a todo el mundo”.

En Guantánamo todavía quedan 30 de los 780 presos que hubo, tres de los cuales, los llamados “prisioneros eternos”, no han recibido cargos ni tampoco pueden optar a un traslado.

“No me sorprende que siga abierto, teniendo en cuenta que se creó fuera de la ley, de la justicia y de toda humanidad. Queremos justicia y su cierre. Debe haber reparación, compensación y rendición de cuentas”, sostiene Adayfi.

Ya no está en Guantánamo, pero sí en un “Guantánamo 2.0”: “Creo que no me he recuperado. Algunos de nosotros tenemos trastorno postraumático, problemas físicos y psicológicos que no se han curado. Tenemos cicatrices en el alma”

De los 30 presos que quedan, cinco están a la espera de juicio por el ataque del 11-S, incluido Khalid Sheij Mohamed, el autoproclamado “cerebro” de ese atentado contra el World Trade Center de Nueva York, el Pentágono y el vuelo 93.

Ese último avión tenía como destino previsto el Capitolio, símbolo de la democracia estadounidense, pero se acabó estrellando en un descampado de Shanksville, en Pensilvania, después de que algunos pasajeros intervinieran para evitarlo.

Dolor permanente

El caso sigue pendiente de juicio y ha celebrado ya 48 audiencias previas. A la última, que comenzó esta semana y se extenderá toda la que viene, acudieron como en otras ocasiones familiares de las víctimas, como Gordon Felt, cuyo hermano falleció en ese vuelo a los 41 años.

“Las familias vivimos con la pérdida de nuestros seres queridos. Nunca podremos superarlo. Llevamos ese dolor en nuestros corazones”, afirma a EFE Felt, que acudió por primera vez a una de esas sesiones en 2018.

Ver en persona a los acusados en el llamado Campamento Justicia de Guantánamo, desde la sala habilitada tras un cristal para que la prensa, las ONG y los familiares sigan la sesión, no le proporciona alivio porque no lo hay, sostiene.

“Tendré ese dolor siempre. Busco justicia y rendición de cuentas por sus acciones. Quiero que tengan un juicio justo y una defensa vigorosa. Anticipo que con la cantidad de pruebas en su contra serán condenados. Y yo me quedaré satisfecho cuando reciban la pena de muerte y sean ejecutados”.

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