La veneración de Tarantino por el “segundo mejor” autor de Spaghetti Western

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FESTIVAL VENECIA TARANTINO

Venecia (Italia), 8 sep (EFE).- Cuando Italia conquistaba el Lejano Oeste había un director que se jactaba de matar en sus películas a más personas que Nerón. Su nombre era Sergio Corbucci y sus obras, como “Django” (1966), marcaron por su violencia a Quentin Tarantino, que le ensalza como el “segundo mejor” autor de Spaghetti Western en un documental presentado hoy en Venecia.

En los años Sesenta, dejada atrás la posguerra y en pleno auge económico, muchos directores italianos se lanzaban a emular aquellas películas del oeste llegadas desde Estados Unidos y que tanto gustaban: nacía así la industria del “Spaghetti Western”.

Y en aquel tiempo dos cineastas romanos, amigos, se repartían el pastel: Sergio Leone y Sergio Corbucci. El primero dotaba a sus obras de toda una mitología, mientras que el segundo daba al público lo que de verdad quería: sangre, tiros y mucha gentuza.

La figura de Corbucci es analizada en profundidad en el documental “Django & Django”, del italiano Luca Rea, y lo hace con uno de los mayores conocedores en la materia, Quentin Tarantino, que exhibe ante la cámara todo su saber sobre aquel género muchas veces denostado.

DJANGO & DANGO / CORBUCCI & TARANTINO

El documental, como su propio título hace suponer, pone frente a frente dos películas icónicas: el violentísimo “Django” (1966) con el que Corbucci alcanzó el culmen de su carrera y el homenaje que Tarantino hizo a este clásico con “Django Unchained” (2012).

Pero no es la única vez que el autor de “Pulp ficction” (1994) hace a su ídolo italiano. En su última película, “Once upon a time… in Hollywood” (2019) le retrata como “el segundo mejor director de ‘Spaghetti Western'”, con permiso de Leone, claro.

Durante años Tarantino pensó en escribir un libro sobre Corbucci, que se iba a titular “El otro Sergio” y a publicarse tras el estreno de “Inglourious basterds” (2009), pero nunca lo hizo.

Sin embargo, todo ese saber que había acumulado en innumerables cuadernos, repletos de apuntes sobre el estilo, personajes y tramas de aquellos “western”, ha terminado volcado en una extensa entrevista incluida en este documental.

“Es el resultado del libro que nunca hizo, nos ha donado todo lo que había estudiado”, explicó en rueda de prensa el director de la obra, Rea, asegurando que la conversación fue de 2,45 horas y que fue realizada en pleno confinamiento por la pandemia.

Steve Della Casa, otro de los autores del documental presentado en Venecia, sostuvo que con “Django Unchained” Tarantino recuperó “el espíritu” de aquella película de Corbucci y la trajo a nuestros días, aunque la gente casi ni se diera cuenta de ello.

Estaba evocando una cinta muy poco conocida. Un poco como Godard hizo con el mítico gesto del dedo en los labios de Hunphrey Bogart que replicó en el personaje de Jean-Paul Belmondo en “À bout de souffle” (1960), sostuvo.

“Es una manera de homenajear el cine antiguo de una forma moderna”, consideró.

La productora del documental Nicoletta Ercole lamentó que Corbucci haya quedado “un poco olvidado” en comparación con otros grandes como Leone. Pero para eso está el Festival veneciano, para recordar cada año a personajes curiosos de la historia del cine.

MÁS ALLÁ DE LA APARIENCIA: EL WESTERN COMO ALEGORÍA POLÍTICA

El protagonista de “Django”, Franco Nero, recordó aquellos rodajes en los que Corbucci, dotado de un inigualable olfato comercial, cada día antes de empezar le preguntaba: “Franco, ¿cuántos matamos hoy? ¿50? ¿30?”. El resultado: éxito en taquilla.

Pero, pese a lo que pueda parecer, con esos forajidos sucios y despiadados, tiroteos indiscriminados y hachas clavadas en la frente, el cine de Corbucci era muy político, como correspondía a un artista que fue niño en la Italia fascista y en guerra.

Su cine, su visión artística, no se limitaba a la mera crueldad, sino que también se presentaba como una metáfora de todas las ideas que circulaban en los Sesenta, como la auspiciada revolución, las batallas obreras o la extirpación del fascismo.

“Cuando empecé a trabajar con él tenía 24 años y no comprendía el mensaje de sus películas. Después entendí su historia, todas sus cintas eran políticas”, explicó Nero en la presentación.

En sus historias, como “El gran silencio” (1963), con Jean-Louis Trintignant y Klaus Kinski, o “Navajo Joe” (1966), con Burt Reynolds, o “Django”, los únicos buenos eran los oprimidos, casi siempre mexicanos, hostigados por criminales o sectas racistas.

Hasta que llegaba alguien a liberarlos. A la hora de grabar, una de las barreras era el idioma. Mientras que Leone tenía a Clint Eastwood para su “Trilogía del Dólar”, Corbucci contrataba a actores que hablaban poco inglés o lo hacían con acento.

Franco Nero por ejemplo hacía de polaco en “Il mercenario” (1968) o de sueco en “Vamos a matar compañeros” (1970) y a Trintignant ni siquiera le dejó hablar en “El gran silencio”, hacía de mudo.

“Era un hombre dotado de un sentido del humor increíble, un genio del cine popular que siempre tenía muchas ideas que los productores se negaban a realizar”, rememoró Nero.

Tal es así que tras aprovechar y exprimir el filón del “western a la italiana”, toda una fiebre del oro, Corbucci se pasó a la comedia logrando, una vez más, grandes éxitos con “Il bestione” (1974), “Di che segno sei?” (1975) o “Ecco noi per esempio” (1978).

La vida del “segundo mejor” autor del Oeste italiano se apagó en la noche del 1 de diciembre de 1990 a los 63 años en su casa de Roma por un paro cardíaco, dejando eso sí como legado decenas de películas y un estilo muy vigente pese al paso del tiempo. Y si no que le pregunten a Tarantino.

Por Gonzalo Sánchez

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