Tultitlán.- El templo de la Santa Muerte de Tultitlán, en el céntrico Estado de México, cumplió diez años con cientos de devotos que rindieron culto a la imponente figura que domina el espacio, la imagen de la “Niña blanca” más grande del mundo.

Con 22 metros de altura y seis metros de base, una gigantesca estatua se erige en este municipio colindante a la capital mexicana. Está hecha de fibra de vidrio, viste de negro y extiende sus brazos. Sobresalen sus esqueléticas manos y calavera.

La imagen, que se divisa de lejos en esta zona de inmuebles bajos, es sin duda tenebrosa. Pero para sus devotos es un oasis de esperanza, paz y amor.

El culto a la Santa Muerte tiene un pasado enigmático y según diversos investigadores se remonta a 1795, cuando los indígenas adoraban un esqueleto en un poblado mexicano.

Se mantuvo en secreto durante casi dos siglos, y en la capital empezó a proliferar en la década de los cuarenta del siglo XX.

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