La ONU condena las últimas matanzas en Nigeria y exige justicia

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NIGERIA VIOLENCIA

Naciones Unidas, 10 ene (EFE).- El secretario general de la ONU, António Guterres, condenó este lunes las matanzas registradas en los últimos días en el estado nigeriano de Zamfara, donde hombres armados sin identificar mataron a más de 200 personas, y exigió que se haga justicia.

“El secretario general insta a las autoridades nigerianas a no escatimar ningún esfuerzo para llevar a los responsables de estos crímenes atroces ante la Justicia”, dijo su portavoz, Stéphane Dujarric, durante su conferencia de prensa diaria.

La ONU, además, reiteró su solidaridad con el Gobierno y el pueblo nigeriano en su lucha “contra el terrorismo, el extremismo violento y el crimen organizado”.

Según varias fuentes, grupos de hombres armados invadieron la semana pasada varias localidades del estado de Zamfara, en el noroeste de Nigeria, matando a unos dos centenares de personas y obligando a huir a más de 10.000.

El presidente nigeriano, Muhammadu Buhari, condenó las matanzas “contra personas inocentes” y las describió como “un acto de desesperación por parte de los asesinos, ahora bajo la implacable presión de nuestras fuerzas militares”.

Buhari dijo que los criminales deben saber que “no vamos a interrumpir nuestras operaciones militares”, en un comunicado emitido a última hora del sábado.

Varios estados del centro y noroeste del Nigeria sufren ataques mortales incesantes por parte de bandidos y una ola de secuestros masivos con el objetivo de obtener lucrativos rescates.

Estos ataques han continuado a pesar de las reiteradas promesas del presidente de Nigeria de acabar con ese problema y del despliegue de más fuerzas de seguridad en la zona.

A esa inseguridad en el noroeste de Nigeria se suma la producida desde 2019 en el noreste por el grupo yihadista Boko Haram y su grupo escindido, el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (Iswap, por sus siglas en inglés).

Ambos grupos radicales han asesinado a más de 35.000 personas y han causado unos 2,7 millones de desplazados internos, sobre todo en Nigeria, pero también en países vecinos como Camerún, Chad y Níger.