La ondulación de la campiña uruguaya hecha arquitectura por Carlos Ott

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URUGUAY ARTE

Manantiales (Uruguay), 9 ene (EFE).- Autor de la Ópera de la Bastilla de París, del National Bank de Dubái y de prestigiosos hoteles en Buenos Aires y Panamá, entre otras muchas obras, el arquitecto Carlos Ott traslada a la madera la ondulación de la campiña uruguaya en su última creación.

Aunque afirma que “para un arquitecto es difícil hacer un museo”, hace más de dos años aceptó ese encargo en Uruguay, donde hasta el momento contaba con obras como el Aeropuerto de Laguna del Sauce, que sirve a Punta del Este; el centro comercial Punta Shopping, en esta localidad, y la imponente Torre de las Comunicaciones, un barco a vela en el horizonte de Montevideo.

Amante de las curvas en sus composiciones, el arquitecto de 75 años explica en entrevista con Efe que la sinuosidad de las esculturas de Pablo Atchugarry lo animó a decir ‘sí’ al reto de hacerlas dialogar con su arquitectura para erigir el Museo de Arte Contemporáneo (MACA) que fue inaugurado este sábado en Manantiales, cerca de la turística Punta del Este.

ARTE QUE ALBERGA ARTE

“Para un arquitecto es difícil hacer un museo. Tiene que ser un edificio que cumple un segundo rol, la idea no es ir a ver el edificio, sino las obras de arte que se exponen, pero a su vez el edificio tampoco puede ser algo que desaparezca”, manifiesta.

De manera que un vistazo a la topografía “excepcional” del terreno que alberga la Fundación Pablo Atchugarry, donde en plena naturaleza el escultor de 67 años afincado desde hace décadas en Italia instaló su Jardín de Esculturas, dio a Ott la idea de trabajar con ondulaciones, una forma que apasiona a ambos artistas.

“Yo admiro la obra de Pablo porque él trabaja el mármol blanco de Carrara y hace una obra muy moderna, muy minimalista, muy sinuosa y hasta latinoamericana por sus formas onduladas”, apunta Ott, quien añade que había así “diálogo” con su arquitectura, que apuesta también a formas orgánicas.

La madera de eucaliptos rosados se curva suavemente sobre sí misma en un esbozo de la penillanura levemente ondulada con la que los escolares de Uruguay aprenden a definir el territorio de su país. Por eso, Ott describe como “muy uruguayo” el que espera convertirse en el museo más moderno del país.

UNA TAREA TITÁNICA

En cuanto al material, detalla que para la estructura se apostó a la madera de Eucalyptus grandis o eucaliptos rosados uruguayos con una técnica de laminado y encolado a cargo de una compañía francesa.

Un artículo de la revista especializada Edificar remarca que en la obra de Ott “destaca la excelencia de los componentes estructurales” y apunta que la sala de esculturas del MACA es “la primera estructura espacial compleja” diseñada en Uruguay con “madera laminada encolada de sección y curvatura variable”.

Por otro lado, Ott sostiene que el desarrollo de la obra no estuvo exento de los problemas que acarreó la covid-19, puesto que “muchos de los equipos técnicos, expertos, materiales que venían del exterior demoraron” y motivaron los retrasos que implicarán que, una vez inaugurado, se retome el trabajo de obra.

“En cuanto termine esta temporada de verano (austral) 2021-2022, el edificio se cerrará y dedicaremos los seis meses que nos faltan para completarlo”, acota.

Sobre los dos edificios que lo componen, el arquitecto indica que se conectan a los ya existentes de la fundación y el principal, de 5.000 metros cuadrados, cuenta con un par de salas en cada una de sus dos plantas, cada una de ellas de formas diferentes.

Al más puro estilo gaudiano, además, Ott acordó con Atchugarry encargarse del diseño de otros elementos, como el mobiliario para que todo tuviera “un vocabulario homogéneo”.

DEL PEQUEÑO GRAN PAÍS

Para el arquitecto, el hecho de que la entrada sea gratuita supone un valor agregado en Uruguay, “país que no es el más rico del mundo”, a diferencia de cualquier gran centro cultural europeo.

“Si quiero ir al (Museo del) Prado, al (Museo del) Louvre, al British Museum, tengo que hacer cola, tengo que pagar”, subraya.

Este arquitecto afincado en Canadá, cuyo estudio ha desarrollado en los últimos 15 años proyectos internacionales de alto calado y que mira al exterior desde hace más de media vida, recalca la importancia de este último trabajo inaugurado en su carrera en alianza con la filosofía de otro ilustre ‘expatriado’.

“Lo que está haciendo Pablo es un honor para todos los uruguayos, explicándole al mundo que no seremos muy grandes, muy ricos, pero sí queremos dejar algo en la humanidad”, concluye.

Alejandro Prieto