La falta de peces empuja a los cayucos con inmigrantes hacia España

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ESPAÑA INMIGRACIÓN

Puerto del Rosario (España), 11 ago (EFE).- Mohamed se subió a su cayuco cada mañana, durante quince años, para faenar en Senegal, hasta que empezaron a aparecer barcos con bandera asiática y se quedó sin peces con los que ganarse el jornal, y con una deuda a las espaldas. Un día, tuvo que coger otro cayuco y huir a España.

Greenpeace ha alertado de cómo las políticas de expolio de recursos en África Occidental obligan a muchas personas a emigrar hacia las islas españolas de Canarias (Atlántico) a través del camino migratorio más peligroso hacia Europa.

Según la Organización Internacional de las Migraciones, 399 personas fallecieron intentando llegar a España por la ruta occidental durante el primer semestre del año. De ellas, 250 en su viaje hacia Canarias.

El colectivo español Caminando Fronteras eleva a 2.087 los muertos y desaparecidos durante el primer semestre en España, de ellos 1.922 en la ruta Canaria.

MEDIA VIDA EN EL MAR

El mar empujó a Mohamed y Mamadou, que prefieren ocultar sus verdaderos nombres por miedo a represalias, a coger un cayuco y viajar desde Senegal a Canarias.

El relato lo cuentan en wolof, única lengua que hablan, con ayuda de una traductora. Mohamed explica que no fue a la escuela y lleva quince años, “media vida”, dedicado a la pesca.

Hubo un tiempo en el que la suerte estuvo de su lado y pudo tener barco propio, contratar a once hombres y regresar a casa con el salario suficiente para mantener a su mujer y a su hijo de 3 años. Hasta que aparecieron barcos chinos “y acabaron con todo el pescado”, relata a Efe.

“A partir de ahí, todo se fue volviendo más difícil, no tenía material de pesca y tuve que pedir créditos para pagar el gasóleo y los sueldos hasta que fui acumulando una deuda de 60 millones de francos CFA (91.500 euros)”, cuenta.

Mohamed se vio con las manos atadas y sin poder devolver el dinero a sus prestamistas. Un día empezó a recibir amenazas, querían el dinero. Asustado, buscó seguridad en la Policía, pero solo pudieron ayudarle aconsejándole recurrir a un abogado.

DEUDAS, AMENAZAS… EMIGRACIÓN

“No me dio tiempo de hacerlo, porque siguieron con las amenazas de muerte hasta que un día fueron a mi casa”, recuerda. “Temí por mi vida y hui con lo puesto, ni siquiera pude llevarme el teléfono”, asegura. Era octubre de 2020.

Mohamed se escondió en un cayuco y pudo hacer la travesía sin pagar el pasaje. Once días después, los 93 tripulantes llegaron a la isla española de Gran Canaria.

“Allí no teníamos solución, íbamos al mar y no traíamos nada, antes ganaba hasta 50.000 francos al día (76 euros), luego ni siquiera cogíamos para poder comer nosotros”, lamenta.

“El Gobierno de Senegal ha vendido el mar a los grandes barcos de pesca”, afirma Mamadou.

EN BUSCA DE ASILO

Mamadou, de 32 años, empezó con 13 a faenar. Un patrón confió en él y le dio un empleo que le permitió sobrevivir y crear una familia junto a su mujer y los dos hijos que llegaron después.Trabajó durante 19 años en la pesca hasta que el mar se quedó sin peces. Un día pidió dinero prestado a su patrón, luego llegaron más días en los que tuvo que recurrir al jefe si quería dar de comer a sus hijos. Al final, la deuda sumó 800.000 francos CFA (1.220 euros).

Su patrón le pedía el dinero, pero él no tenía monedas en los bolsillos que calmaran el cabreo de su jefe. Al final, llegaron las amenazas de muerte y se vio obligado a mirar a Europa.

Se metió en un cayuco que llegó a la isla canaria de Tenerife diez días después de partir de Senegal, viajaban 123 personas.

Intentó pedir protección internacional, pero no consiguió acceder al procedimiento. Los dos jóvenes intentan ahora en la isla canaria de Fuerteventura poder solicitar protección internacional.

Mohamed y Mamadou esperan que España les permita algún día vivir tranquilos y poder dedicarse a la pesca, es lo que llevan haciendo toda la vida.

Eloy Vera

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