La deriva mental de Gaza conduce a cada vez más jóvenes al suicidio

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GAZA SALUD MENTAL

Gaza, 6 dic (EFE).- “Si ahora vas a la calle y le preguntas a alguien si quiere morir o vivir, elige morir. La vida es difícil en Gaza”, asevera a Efe el psiquiatra palestino Fadel Abuhin que, desde la escalada bélica de mayo, recibe cada día más pacientes en su clínica por depresión y ansiedad.

No es una tendencia nueva en la franja, donde entre 2016 y 2020 se registraron al menos 101 suicidios y 2.382 intentos, según estadísticas oficiales que no reflejan toda la realidad porque muchos casos se ocultan o se justifican con otras causas de muerte.

Aisam Yaser Arafat, 39 años y 4 hijos, lo intentó en 2020 rociándose con gasolina en la playa de la ciudad de Gaza, pero unos transeúntes lo frenaron antes de que se prendiera fuego.

“Me levanté ese día, no tenía para pagar el alquiler, no tenía dinero para mis niños, no tenía comida, no tenía nada. Sólo tenía dos shékel (50 céntimos de euro) y me fui a comprar gasolina”, rememora Aisam en conversación con Efe desde su casa en el centro de la ciudad de Gaza.

Aisam publicó su intención de suicidarse en Facebook para que alguien se ocupara de sus hijos. Sin embargo, esta no es una reacción común porque la mayoría de los casos de suicidio se ocultan por las familias, uno de los principales problemas para abordar el deterioro de la salud mental en la Franja de Gaza.

Además del tabú social, la falta de consciencia sobre qué es una enfermedad mental, la interrupción de los tratamientos por las guerras y la falta de recursos y personal médico especializado son parte de los obstáculos para lidiar con el problema, enumera el doctor Abuhin.

Según este profesor de Psiquiatría en la Universidad de Al Aqsa de Gaza, el 70 % de gazatíes sufre ansiedad y el 40 % padece depresión entre una población de poco más de 2 millones de personas.

Vivir en un territorio marcado por la violencia, bloqueado y empobrecido -el desempleo juvenil alcanza el 70 %- determina un contexto en el que el 38 % de los jóvenes gazatíes han pensado al menos una vez en quitarse la vida, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).

“Hasta hoy, pienso en el suicidio cada día”, reconoce Aisam, quien apenas sale de casa sumido en una profunda depresión, de la que él no es plenamente consciente pero sí su mujer.

Aisam se quedó huérfano con dos meses, cuando sus padres fueron asesinados en la masacre en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, en Líbano en 1982; protegido por Yaser Arafat se refugió en Túnez con otros jóvenes y luego se trasladó con el líder palestino a Gaza, donde comenzó a trabajar en su cuerpo de seguridad.

Cuando el movimiento islamista Hamás se hizo con el control de la franja en 2007, Aisam perdió su trabajo como gran parte de los funcionarios de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), controlada por el partido nacionalista Fatah en Cisjordania.

Fue entonces cuando Israel impuso un férreo bloqueo sobre el enclave, que ha lastrado su desarrollo y priva de una vida digna, con trabajo decente, oportunidades y hasta con un sentido, a ciudadanos como Nabil al Yabri, quien el pasado febrero también intentó suicidarse.

“Estuve siete meses vagando, sin trabajo, pidiendo ayuda, aunque solo fuera comida”, cuenta a Efe Yabri, de 34 años, con dos esposas y diez hijos.

Un día que no tenía nada para dar de comer a sus hijos, llamó a la puerta de las autoridades de Hamás para pedir ayuda, pero asegura que se la cerraron por vivir en una casa construida ilegal en un terreno gubernamental.

“Empecé a gritar y me puse muy nervioso”, narra sobre su arresto que le llevó a una prisión en la que intentó acabar con todo prendiendo fuego a las sábanas, aunque se salvó porque su compañero de celda alertó a los guardias quienes apagaron las llamas.

Yabri sí se arrepiente de lo que hizo por el daño causado a su familia y ha comenzado a tomar medicación para su depresión, aunque sigue sin trabajo, levantándose cada día con el único objetivo de subsistir.

La Organización Mundial de la Salud ha documentado más de 210.000 casos de enfermedades mentales, como trastornos o estrés postraumático, en Gaza, donde una de cada diez personas necesita tratamiento psiquiátrico y hoy está en riesgo de cometer suicidio porque “nunca han percibido la vida peor que ahora”.

“En cualquier lugar con tanta presión es normal tener pacientes que hayan intentado suicidarse: cuatro guerras (en trece años), casi quince años de bloqueo, una economía hundida para los jóvenes…”, matiza el doctor Abuhin.

Su consulta se ha llenado en los últimos meses de pacientes de entre 20 y 40 años ante “la falta de expectativas de futuro” en una Franja de Gaza que, a sus continuas crisis y tragedias, sumó en mayo el trauma de la última escalada bélica con Israel.

En su rezo matutino en la mezquita poco antes de su encuentro con Efe, un joven sin esperanza le dijo al doctor: “si el suicidio no fuera pecado, me quitaría la vida ahora mismo”.

Sara Gómez Armas y Laura Fernández Palomo

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