La cultura del boteco, la alegre y ‘gostosa’ forma de conocer Río de Janeiro

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BRASIL GASTRONOMÍA

Río de Janeiro, 8 oct (EFE).- Descomplicados, acogedores y bohemios, los “botecos” son el lugar de encuentro por excelencia en Brasil, y en Río de Janeiro son también una de las mejores formas de conocer la ciudad, su gastronomía y al “carioca da gema” (carioca de pura cepa).

Tras casi dos años de vivir bajo el ritmo impuesto por la covid, estos bares con cara de tasca comienzan a renacer en la ciudad.

Definidos por el diccionario como pequeños establecimientos que sirven bebidas y comidas rápidas, el “boteco” -llamado informalmente “buteco” por los brasileños- no puede considerarse solo un bar, pues su espíritu va más allá.

“Un boteco es como el regazo de una madre: te apoya en los momentos de conmemoración pero también en los tiempos difíciles. Un boteco es vida, es algo que está siempre en movimiento”, explica a Efe Anderson Ribeiro, propietario de “A folia do Boi”, uno de estos establecimientos ubicado en la zona norte de la ciudad.

En estos lugares se encuentran el intelectual y el político, la ama de casa y el travesti, el arquitecto y el obrero. Allí, todos olvidan las diferencias y brindan entre sí, en una especie de terapia grupal, siempre amenizada por una buena charla.

En su mayoría atendidos por sus propios dueños, los botecos son una empresa familiar por tradición y los hay desde los más clásicos hasta los más modernos, como “Cine Botequim”, ubicado en pleno centro de la ciudad y donde todo lo que allí se encuentra, desde la decoración hasta el menú, está inspirado en el cine.

Los más clásicos, que son mayoría en la ciudad, tienen una decoración simple, con azulejos en las paredes y unas cuantas mesas de madera ubicadas en un espacio que nunca da abasto.

Parecen diseñados para verse siempre atiborrados, algo que para los cariocas no es problema, pues se divierten más departiendo de pie en la acera, que brindando sentados dentro del boteco.

Ese espíritu de familiaridad y camaradería se esfumó con la pandemia y las restricciones para evitar la propagación de la covid, lo que obligó a estos establecimientos a reinventarse para mantenerse en pie.

“Al comienzo hubo mucha incertidumbre. Eran 37 familias que dependían de nosotros”, narró Ribeiro, que se concentró en los domicilios para salvar el negocio que apenas ahora vuelve a tener gente en sus mesas.

Brasil, con su más de 213 millones de habitantes, ha acumulado unos 600.000 muertos y 21,5 millones de contagios por la covid, desde febrero de 2020, cuando el virus llegó al país.

“COMIDA DI BUTECO”

Aunque en los botecos la cerveza -“bem gelada”- es la bebida por excelencia, también suele ofrecerse una variedad de “caipirinhas”, el clásico coctel carioca compuesto por cachaça (licor de caña), azúcar y limón, que en estos establecimientos se transforma con infinidad de frutas tropicales y condimentos como la canela, el anís o hasta la misma pimienta.

La creatividad también está en los “petiscos”, los aperitivos que se sirven para acompañar las bebidas, que son cada vez más ingeniosos y mantienen como base ingredientes propios de la gastronomía brasileña y carioca, como la yuca y sus derivados, las carnes de res y de pollo -incluidas las menudencias-, los mariscos y hasta el fríjol.

Esta originalidad es incentivada anualmente en Brasil por “Comida di Buteco”, un concurso nacional impulsado en Río por la empresa municipal de promoción del turismo (Riotur), que desde 2002 premia los “petiscos” más originales de estos establecimientos.

Este año, “A folia do Boi” ganó el primer puesto en la ciudad, con “Folia do mar” un aperitivo de camarón montado sobre una cesta crocante de yuca, rellena con crema de camarón a base de leche de coco, aceite de palma y cilantro.

“Yo, tú y ellos”, un petisco elaborado con molleja a la cerveza negra inspirado en un filme brasileño que lleva el mismo nombre, dejó a Cine Botequim en el segundo puesto, mientras que un aperitivo con la arracacha como protagonista le dio la tercera posición a Taberna 564, un boteco cercano a la estación de trenes que conducen hasta la gigantesca estatua de Cristo Redentor.

La competición se ha convertido en la mejor forma de promocionar a los botecos y es un incentivo para que sus “cardapios” (menús) sean cada vez más originales y llamativos.

Una valida excusa para sumergirse en la cultura del boteco en Río, adentrarse a los rincones de la ciudad y conocer al verdadero “carioca da gema” en el espacio donde más se siente a gusto y con el que más se identifica.

María Angélica Troncoso

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