La beatificación del cura salvadoreño Rutilio Grande contará con 6.000 asistentes

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EL SALVADOR RELIGIÓN

San Salvador, 6 ene (EFE).- La Iglesia católica de El Salvador prevé una afluencia de 6.000 personas -entre religiosos, políticos, diplomáticos y feligreses- a la ceremonia de beatificación del padre Rutilio Grande, asesinado en 1977 por los escuadrones de la muerte, según dijo este jueves a Efe monseñor Rafael Urrutia.

“Nosotros hemos estimado que habrán 6.000 sillas para 6.000 personas sentadas”, indicó el religioso, promotor de la causa y canciller del Arzobispado de San Salvador.

Explicó que la ceremonia está programada para el sábado 22 de enero a las 17.00 hora local (23.00 GMT del domingo) en la Plaza de las Américas, conocida popularmente como plaza Salvador del Mundo, mismo sitio en donde el 2015 fue beatificado san Óscar Arnulfo Romero.

Monseñor Urrutia señaló que los asistentes al acto deberán de contar con su esquema de vacunación completo -dos dosis de la vacuna anticovid-, portar mascarilla y alcohol en gel.

Indicó que los espacios estará asignados a religiosos de “todas” las diócesis de El Salvador, sacerdotes, cinco laicos por parroquia, los presidentes de los tres poderes del Estado, representantes del cuerpo diplomático y familiares.

Recordó que el papa Francisco “delegó personalmente al cardenal Gregorio Rosa Chávez para que en su nombre realice la ceremonia de beatificación de los mártires de El Salvador”.

Junto con Grande también serán beatificados las dos personas que fallecieron con él en una emboscada, Manuel Solórzano, de 72 años, y Nelson Rutilio Lemus, de 17, cuando se dirigían a celebrar la eucaristía y fueron tiroteados en el vehículo donde se desplazaban.

También será beatificado el sacerdote italiano Cosme Spessotto, quien fue asesinado el 14 de junio de 1980 mientras se encontraba arrodillado en un banco de una iglesia y dos personas, usando pelucas que ocultaban su identidad, entraron y le dispararon con una ametralladora.

Grande, conocido como “padre Tilo”, era párroco en la localidad de Aguilares, 32 kilómetros al norte de San Salvador y mantenía una amistad con san Romero, asesinado en 1980 mientras oficiaba una misa.

Romero fue consagrado arzobispo de San Salvador en febrero de 1977 y tres semanas después fue asesinado Grande, hecho que le llevó al inicio de una larga cadena de denuncias de graves violaciones de los derechos e injusticias sociales hasta que le mató un escuadrón de la muerte.