Jorge Pardo regresa como artista al lugar donde fue recibido como refugiado

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ARTE

Miami, 4 nov (EFE).- El Museo de Arte y Diseño del Miami Dade College, instalado en la Torre de la Libertad de Miami, donde funcionó un centro para refugiados cubanos en los primeros años del castrismo, inaugurará este sábado exposiciones de tres artistas, entre ellos Jorge Pardo, quien en 1969, cuando tenía seis años, salió de allí con unos zapatos nuevos.

Según cuenta en una entrevista con Efe, en algún lugar del icónico edificio donde se expondrá “Mongrel”, una instalación formada por una serie de dibujos cuasi-abstractos junto con sillas modernistas, lámparas y una alfombra diseñadas por él, la familia de Pardo se registró, recibió comida y orientación para su futura vida en EE.UU. antes de radicarse en Chicago, donde él creció.

Pardo tiene vivo el recuerdo de aquel día y, de hecho, en su instalación sutilmente evoca aquel tiempo y cómo le marcó.

Además de “Mongrel”, el 6 de noviembre se inaugurará en el Museo de Arte y Diseño (MOAD) la primera exposición en EE.UU. del artista islandés Hreinn Fridfinnsson, que recoge obras de seis décadas, y una exposición del venezolano-estadounidense Loriel Beltrán, nacido en 1985 en Caracas.

UNOS ZAPATOS “APRETADITOS”

Según cuenta, en la Torre de la Libertad les daban a los refugiados ropa y calzado y Pardo recuerda que le gustaron “unos zapatitos apretaditos” que se llevó “pa’ Chicago”.

Ahora Jorge Pardo es un artista consagrado, con exposiciones y obra repartida por el mundo, que vive a caballo entre Nueva York y Mérida (México), una ciudad por la que cambió hace una década a Los Ángeles, que no le gustaba “mucho”.

“Los Ángeles es la provincia más grande del mundo”, subraya con humor Pardo, quien dice que ejerce como artista “americano” (estadounidense) no como un “latino” y no piensa en cómo sería como persona y artista si se hubiera quedado en Miami como otros cubanos.

“Mongrel” evoca poéticamente la propia historia y biografía de Pardo, incluidos los recuerdos de su infancia como refugiado cubano, señala un comunicado del MOAD, un museo vinculado a la universidad Miami Dade College (MDC).

“Cuando salimos fue un trauma, un golpe muy grande, pero mi papá decía siempre: a mi en Cuba no se me olvidó nada”, recuerda Pardo.

Uno de sus recuerdos de la partida es que en el aeropuerto de La Habana un soldado, al que se refiere como “un hijo de puta”, le confiscó una “almohadita” de la que de niño no podía separarse.

Gracias a 16 años de terapia, pudo saber que era un “objeto transicional”.

Los objetos tienen importancia también en la obra de Pardo. En el MOAD muestra una gran lámpara de 450 kilos de peso creada por él.

Pardo volvió a Cuba a comienzos del sigo XXI y lo que vio le pareció un “desastre”. “Es un Estado fallido”, señala.

IMÁGENES Y RECUERDOS QUE SE HACEN ABSTRACTOS

A su juicio, no es posible que un país funcione con una proporción inmensa de médicos, que, además, “dedican la mayor parte de su tiempo a buscar alitas de pollo por las tiendas”.

La serie de 25 dibujos sin título creados expresamente para esta exposición fusiona una amplia variedad de imágenes en abstracciones de colores y formas vibrantes, en las que puede llegar a asomar un indicio de lo que originalmente representaban.

El artista combina fotos familiares, propias y de otros, así como fotos históricas de la Torre de la Libertad, con una amplia gama de otras imágenes, incluidas muchas de las obras de arte cruciales para su desarrollo como artista y otras destinadas a evocar el medio cultural de sus años de formación.

Los materiales originales los manipula en la computadora, redimensionando, superponiendo, coloreando y transformando imágenes que evocan recuerdos personales y culturales en casi abstracciones de tonos deslumbrantes y texturas intrincadas.

Pardo convierte a continuación las imágenes manipuladas en gráficos vectoriales, que luego se imprimen en papel de algodón y se tiñen a mano con lápices de colores.

El artista ha comparado el montaje y la asimilación de imágenes originales en el conjunto provisionalmente unificado de sus dibujos con el proceso de asimilación que experimenta cualquier inmigrante a una nueva tierra, como él mismo.

“No es lo mismo asimilarse a Miami que al Mid West”, dice a Efe y recuerda que no se quedaron en esta ciudad porque su madre no se llevaba bien con unos parientes que tenían aquí.

Su reconstrucción de una imagen a partir de fragmentos reconocibles en una nueva configuración mixta, a menudo desconocida, la ve “semejante a su propia condición híbrida o ‘mestiza'”.

Las tres exposiciones que se inauguran este 6 de noviembre en el MOAD podrán verse hasta el 1 de mayo de 2022.

“For the Time Being” es la dedicada a Hreinn Fridfinnsson, que se destaca por transformar materiales cotidianos en obras de arte poéticas, alusivas y reveladoras con una intervención mínima.

“Constructed Color” presenta obras recientes del artista de origen venezolano radicado en Miami Loriel Beltrán, quien crea paneles semejantes a estructuras, conjuntos u objetos apilados, con una mezcla de colores que ópticamente se ven como intangibles.

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