Ida Vitale: “Por suerte, la poesía escapa a los planes y a los controles”

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IDA VITALE

Madrid, 27 oct (EFE).- Con casi 98 años, una incansable Ida Vitale (Montevideo, 1923) está en España para presentar su poemario “Tiempo sin claves” que no sabe si será el último, según dice en una larga entrevista con Efe en la que asegura que “por suerte, la poesía es algo que escapa a los planes y a los controles”.

Su nuevo libro de poemas es, dice, “un poco más corto porque corresponde al final”: “No sé si será el último, supongo que sí. También me tiene muy tentada la prosa pero eso exige más constancia. Ya se verá”, dice entre continuas risas y sonrisas esta escritora, Premio Cervantes 2018, en el jardín de la Residencia de Estudiantes de Madrid.

A veces sigue escribiendo, indica Ida Vitale, que dice de todas formas que no responde por estos versos “hasta que uno no se plantea el libro entero”, ya que “de alguna manera hay que lograr que los poemas tengan cierta unidad”. Y además, señala, los versos necesitan de una cierta tranquilidad: “Nunca he podido escribir sobre el acontecimiento, hay que proceder a decantarlo”.

Cree que, por suerte, “la poesía es algo que escapa a los planes y a los controles, como no sea al presunto control de calidad” de cada autor, aunque sostiene también que con la edad “hay un cierto deterioro en el poeta, como en todo aquello por lo que pasa el tiempo; algunas cosas mejoran, algunas cosas se revisten de antigüedad y las otras se convierten simplemente en viejas”.

Curiosa y atenta a los pájaros que de vez en cuando aparecen ante su mirada durante la entrevista, Vitale habla mucho de su pasado y de su poesía pero confiesa su predilección no obstante por la prosa:

“Respeto mucho la prosa, será porque me cuesta más, y me gusta más; en realidad soy más lectora de prosa que de poesía”, indica la escritora uruguaya, que asegura que no ha leído la obra completa de ningún autor como la de Benito Pérez-Galdós.

Una obra y un autor por el que siente predilección y del que incluso tiene un retrato en su casa: “Empecé con los ‘Episodios Nacionales’ y por eso me consta que leí Galdós de cabo a rabo”, en lo que dice que fue una especie de “entusiasmo adolescente”.

Fue en la biblioteca de su familia donde comenzó sus lecturas de Galdós, que empezó tras Tolstoi, ha recordado la autora, que fue docente de literatura hasta los años 70 en Montevideo y que también ha sido crítica literaria, traductora y ensayista.

En este viaje por España estuvo en la ciudad madrileña de Alcalá de Henares, donde recibió hace dos años el Premio Cervantes; en Juzbado, un pueblo de 200 habitantes a escasos 20 kilómetros de Salamanca (oeste español), para leer su poesía “al aire libre”, y también visitará Granada y Barcelona (sur y noreste de España, respectivamente) y luego partirá hacia Italia.

Vitale, que cumplirá 98 años el próximo 2 de noviembre, pertenece a la misma generación de escritores uruguayos que Juan Carlos Onetti e Idea Vilariño, la Generación del 45.

Sus recuerdos se dirigen a su juventud, cuando en la recién abierta Universidad de Humanidades conoció a Juan Ramón Jiménez y a José Bergamín.

El autor español José Bergamín (1895-1983) estuvo exiliado en Uruguay tras la Guerra Civil y fue uno de sus primeros profesores de la Facultad de Humanidades de Montevideo, una persona muy generosa, recuerda. Y admiraba a Juan Ramón Jiménez, a quien dice que sentaba muy mal que dijeran que era un poeta tierno.

De Jorge Luis Borges cuenta una anécdota en Montevideo, cuando un día vio al argentino, que tenía que dar una conferencia, parado mirando el escaparate de una mercería: “Pensé qué raro, porque Borges es casi ciego”. Y cuando se dirigió a él llamándole por su nombre, recuerda que le respondió preguntando quién era ella y negando que estuviera perdido o despistado.

Se fue preocupada y cuando pudo conectó una radio para comprobar que, efectivamente, Borges estaba dando la conferencia en la Universidad: “Cuando ví que estaba y hablaba me saqué un peso de encima, porque era la que había dejado abandonado a Borges en un país salvaje”, bromea la uruguaya.

Sus nuevos poemas son precisos y en muchos de ellos rememora a los seres perdidos, como los dedicados al también poeta Enrique Fierro, su segundo marido y su “gran amor” aunque “fue breve”, rememora, ya que enfermó y murió en 2016. “Fue un gran compañero” y poeta “difícil”, con un estilo “muy personal, tan personal como para que no me diera por imitarlo”, dice la escritora.

Por el contrario, la poesía de Ida Vitale es clara y ella cree que “está al alcance”, indica Vitale, que asegura que el diccionario no le puede hacer mejor regalo que descubrirle “una palabra linda” que no conocía.

Y cree que el castellano es también claro “y no busca tanto la oscuridad como otras lenguas”, pero la oscuridad es a veces “más estética y puede llamar más la atención que lo más claro”, considera.

Con una treintena de volúmenes de versos, cree que la poesía cambiará, aunque no sabe si para bien, “porque da la impresión de que todo cambia para peor, no sé si para bien, porque da la impresión de que todo cambia para peor”.

“La política parece que no ha mejorado mucho”, ironiza la autora, que insiste: “No sabemos por qué lado va a salir todo…”.

Por Carmen Naranjo

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