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Heridas por sanar en Yabucoa, Puerto Rico, donde tocó tierra el huracán María

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Yabucoa (Puerto Rico), 18 sep (EFE).- Hace cinco años, María Rodríguez perdió su casa cuando el ojo del devastador huracán María, que causó cerca de 3.000 muertos en Puerto Rico, tocó tierra en su municipio, Yabucoa, una experiencia que recuerda como la “más horrible” de su vida.

Fotografía del 16 de septiembre de 2020 que muestra un sector del pueblo de Yabucoa (Puerto Rico). EFE/ Thais Llorca

“Nunca había sentido miedo y ahí lo sentí, temí por mi vida pensando que la casa se iba a destruir completa”, cuenta un lustro después a Efe Rodríguez, que debido al estrés sufrió una parálisis facial parcial.

Fotografía del 16 de septiembre de 2020 que muestra una casa que fue afectada en el 2017 por el paso del huracán María en el pueblo de Yabucoa (Puerto Rico). EFE/ Thais Llorca

La yabucoeña, a sus 69 años, rememora que observó cómo se cayó todo el sistema eléctrico de las calles del municipio: “Temíamos por los autos que no les fueran a caer los postes encima, la casa mía quedó destruida prácticamente toda”, relata.

María, un poderoso huracán que alcanzó categoría 5, entró el 20 de septiembre de 2017 por el sureste de Puerto Rico y arrasó toda la isla, provocando unos daños estimados en 100.000 millones de dólares.

SOLIDARIDAD VECINAL ANTE LA TRAGEDIA

Sin embargo, Rodríguez recalca que no todo son malos recuerdos de aquellos días. El huracán sacó a relucir la solidaridad entre los vecinos.

“Tan pronto pasó el huracán, tratamos de unirnos varios de los vecinos para poder abrir paso y poder sacar los autos porque todo el tendido eléctrico estaba en el suelo”, relata la mujer, que denuncia que la reconstrucción del pueblo ha sido “lenta”.

“Desde el 2017, estamos en el 2022, y ahora es que yo estoy terminando la casa mía. Tuve que mudarme de mi casa por siete meses pagando alquiler afuera porque mi casa estaba inhabitable”, indica Rodríguez, quien ya se había jubilado y tuvo que volver a trabajar para pagar la restauración.

Actualmente, la mayor parte de las infraestructuras de la localidad están rehabilitadas, pero todavía se pueden ver algunos inmuebles derruidos y carreteras con un difícil acceso.

LA RECUPERACIÓN FUE PEOR QUE EL HURACÁN

El alcalde de Yabucoa, Rafael Surillo, asegura a Efe por su parte que fue una experiencia que “no quisiera volver a vivir”, al tratarse de “un momento de mucha ansiedad” en el que temieron por sus vidas.

Pese a ello, en su opinión, el proceso de recuperación fue incluso peor que lo que vivieron durante el huracán.

“En el proceso de recuperación, cuando ya está uno sin el servicio eléctrico, sin las utilidades de agua, mucha gente sin comida, mucha gente que empieza a enfermarse, y en el peor de los casos morir”, lamenta.

Tras el paso del huracán hubo un corte total de electricidad en la isla que dejó a algunos puertorriqueños hasta un año sin acceso al servicio eléctrico.

“Yo como líder de este pueblo me pregunto qué más pude haber hecho para que la gente no muriera y lo que me duele es que las estadísticas no van a reflejar nunca cuánta gente murió”, señala Surillo.

Las autoridades de Puerto Rico cifraron en un inicio los muertos por el huracán en 64 personas, pero estudios posteriores elevaron ese dato hasta los 3.000 fallecidos.

El huracán tocó tierra en Yabucoa y provocó una fuerte marejada en toda la costa este de la isla, en municipios como Naguabo, donde todavía se levantan con las aspas rotas unos aerogeneradores que no soportaron el ciclón.

NAGUABO Y EL TRABAJO SIN DESCANSO DE LOS VOLUNTARIOS

Marini Vázquez, residente y líder comunitaria de Naguabo, estuvo 7 meses sin luz y pasó las 8 horas que duró el paso del huracán en un baño con 14 perros.

Cuando terminó la catástrofe, no pudo arrancar el coche para repartir todos los acopios -toldos, alimentos, ropa y agua- que había acumulado para ayudar al vecindario porque las carreteras estaban cortadas.

Vázquez es miembro de Voluntarios del Sureste, una organización sin ánimo de lucro que brinda ayuda a los más desfavorecidos del área sureste de la isla.

“En esta zona, vivir el huracán era (trabajar) 24 horas, cada día. El 9 de octubre hicimos la primera feria comunitaria de salud para atender a todos los encamados que estaban pasándola mal”, explica a Efe.

También subraya el altruismo que se creó tras el desastre natural: “Fue un sano balance curioso, mucho dolor, mucha tragedia, mucha situación difícil, tuvimos comunidades que perdieron 4.000 casas, pero por otro lado un bum de solidaridad”, indica.

La organización decidió instalarse en esta región precisamente porque fue de las más afectadas al entrar por ellas el ojo del huracán, tanto Naguabo y Yabucoa, como el vecino Maunabo, según María Eugenia Buscaglia, directora de Voluntarios del Sureste.

“Todavía no hemos sanado la herida emocional que nos causó María y es porque el Gobierno ha jugado tanto con eso, todavía hay cosas que no se han construido”, sentencia Vázquez, decepcionada con los servicios gubernamentales recibidos y la lenta reconstrucción de la isla.

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