Hallan en la Patagonia chilena al “abuelo” de los cocodrilos modernos

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CHILE PALEONTOLOGÍA

Santiago de Chile, 26 jul (EFE).- Una expedición conjunta de científicos chilenos y argentinos descubrió restos del esqueleto de un cocodrilo prehistórico de 148 millones de años en la cordillera Patagónica del sur de Chile, uno de los pocos cocodrilos que habitaban tierra firme junto a los dinosaurios.

Esta nueva especie, desconocida hasta ahora, fue descubierta en una expedición en el año 2014 en la región chilena de Aysén, y publicada recientemente en la prestigiosa revista Scientific Reports del grupo Nature tras años de investigación.

Bautizado como “Burkesuchus mallingrandensis”, el ejemplar ocupa un lugar clave en la historia de los cocodrilos, como lo reveló la estructura del cráneo y de sus patas traseras, y puede considerarse el ancestro de los cocodrilos modernos, informó en un comunicado la chilena Universidad Andrés Bello, uno de los centros que participó en la investigación.

El hallazgo se dio en las cercanías del enclave Mallín Grande, donde existe un yacimiento fosilífero de reptiles jurásicos con una antigüedad aproximada de 148 millones de años.

En ese lugar, ya en 2004 se encontraron los restos del dinosaurio herbívoro Chilesaurus diegosuarezi, lo que promovió numerosas exploraciones en esta región, lideradas por investigadores de la Universidad Andrés Bello y del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados (LACEV) del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”.

SE SABE POCO DE ESTE TIPO DE COCODRILOS

Los cocodrilos aparecieron a comienzos del período Jurásico, casi a la par que los primeros dinosaurios, y en pocos millones de años invadieron el medio marino convirtiéndose en grandes depredadores de peces y de otras criaturas acuáticas.

Sin embargo, todavía es escaso el conocimiento del que se dispone a nivel mundial de los cocodrilos que vivían en tierra, afirmó Fernando Novas, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina y jefe del LACEV.

“Los cocodrilos jurásicos que habitaban tierra firme no superaban el tamaño de un gato doméstico y, a diferencia de sus temibles primos marinos, su dieta se basaba en pequeños invertebrados. Nada conocíamos en Suramérica de esos diminutos cocodrilos habitantes de charcos y lagunas, hasta que dimos con los restos del Burkesuchus”, señaló el paleontólogo, según recogió el comunicado.

NO SUPERABA LOS 70 CENTÍMETROS DE LARGO

El estudio de los restos óseos arrojó que, cuando vivía, el “Burkesuchus mallingrandensis” tenía el tamaño de un lagarto, y no superaba los 70 centímetros de largo.

Caminaba en cuatro patas, las cuales poseían una postura intermedia entre aquella vertical de los antepasados de los cocodrilos y la de los cocodrilos vivientes, que se proyectan más hacia afuera.

Su cuello, lomo y cola estaban cubiertos por una doble hilera de placas óseas de función protectora, superpuestas de modo similar a un tejado.

“A pesar de que sus mandíbulas y dientes no han quedado preservados, las relaciones de parentesco del Burkesuchus llevan a suponer que era un depredador de animales pequeños, probablemente invertebrados, que capturaría a orillas de las lagunas donde vivía”, indicó Novas.

ANTEPASADO CERCADO DE LOS ACTUALES COCODRILOS

El pequeño Burkesuchus se encuentra ubicado, dentro del árbol evolutivo de los cocodrilos, muy cercano al antepasado común de los Neosuchia (“nuevos cocodrilos”), es decir los cocodrilos que viven hoy en día.

“Burkesuchus nos habla de los orígenes de los cocodrilos modernos y cómo, ya hace 150 millones de años, comenzaron a modificar su anatomía, adoptando un modo de vida anfibio”, afirmó Federico Agnolín, investigador del LACEV.

El Burkesuchus formaba parte de una fauna de reptiles que incluía, además del Chilesaurus de tres metros de largo, a grandes dinosaurios de cuello largo, parientes del Diplodocus y de los enormes titanosaurios herbívoros.

El nombre con el que se le bautizó significa “el cocodrilo de Burke procedente de Mallín Grande”, elegido en homenaje al estadounidense Coleman Burke (1941-2020), amante de la Patagonia y apasionado por la paleontología, quien apoyó diversas exploraciones, entre ellas la del cocodrilo que hoy lleva su nombre.

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