De Mistura, nuevo enviado para el Sáhara con la tarea de desatascar el conflicto

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ONU SÁHARA

Nueva York, 6 oct (EFE).- El diplomático italo-sueco Staffan de Mistura, curtido como mediador internacional en los conflictos más relevantes de la última década -Siria, Afganistán o Irak-, asume el próximo 1 de noviembre su cargo de “enviado personal” del Secretario General de la ONU para uno de los litigios más enquistados del mundo, el del Sáhara Occidental.

Su nombramiento fue anunciado hoy en la comparecencia diaria del portavoz del Secretario General, Stéphane Dujarric, quien recordó que encontrar a un mediador aceptable para los dos contendientes, Marruecos y el Frente Polisario, ha costado “trece nombres” (rechazados por una u otra parte) y casi dos años y medio de vacío del puesto que ocupó hasta mayo de 2019 el alemán Horst Köhler.

Entonces, Köhler adujo razones de salud para renunciar a su cargo sin haber cumplido ni dos años en el cargo, aunque la impresión generalizada es que se marchaba ante los nulos avances para encontrar una solución a un conflicto que se arrastra desde 1975.

El nuevo enviado personal “trabajará con todos los interlocutores relevantes, incluidas las partes, los países vecinos y otras partes interesadas”, aseguró hoy el portavoz de Guterres, Stéphane Dujarric, quien dijo que De Mistura “aporta varias décadas de experiencia en diplomacia y asuntos políticos”.

El nombramiento de De Mistura era solo cuestión de tiempo después de que el Polisario aceptara su nombre el pasado abril y Marruecos lo hiciera seis meses después, el 15 de octubre; al anunciarse hoy su nombre, ambas partes han preferido guardar silencio.

En el tiempo en que el puesto de mediador ha estado sin cubrir, el conflicto del Sáhara ha salido al menos del olvido con la inesperada decisión el pasado mes de diciembre del presidente saliente de EE.UU., Donald Trump, de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara, postura que la administración de Joe Biden no ha revertido pero tampoco confirmado expresamente.

Además, en este lapso de tiempo ha sucedido otro acontecimiento de relevancia -aunque no haya merecido atención internacional-, y es que el Frente Polisario dio por roto el alto el fuego con Marruecos el pasado noviembre y comenzó entonces una serie de ataques de baja intensidad que no han logrado mover un milímetro los muros de defensa marroquíes.

RETOMAR LAS GESTIONES DEL ANTERIOR MEDIADOR

El único camino que queda abierto a De Mistura es retomar la ronda de contactos entre las partes que Köhler organizó en Suiza en enero y marzo de 2019, con la esperanza de que en la próxima ocasión acepten al menos sentarse en la misma mesa, lo que no hicieron entonces, ya que se limitaron a reunirse por separado con Köhler.

Ya entonces Marruecos quiso dejar claro de todos los modos posibles que no estaba dispuesto a negociar nada con el Polisario, al que niega la representatividad de los saharauis, y que cualquier posible solución para el futuro pasaba forzosamente por sentar a la mesa a lo que Rabat llama “las verdaderas partes del conflicto”, en alusión a Argel, principal sostén del Polisario.

Pero la eventual participación de Argel, reconocido por la ONU como mero “observador” en estas conversaciones, se antoja ahora más complicada que nunca, toda vez que Marruecos y Argelia han roto relaciones diplomáticas el pasado mes de agosto.

Hay otras limitaciones no escritas en su mandato que De Mistura tendrá que calibrar, como es aceptar que Rabat diseñe sus movimientos cuando se disponga a visitar el territorio saharaui que Rabat administra con mano de hierro: por ejemplo, al enviado personal que precedió a Köhler, el estadounidense Christopher Ross, Rabat le prohibió viajar a El Aaiún por haberse reunido con organizaciones independentistas.

Ross terminó su mandato prácticamente repudiado por Rabat, que lo consideraba parcial en favor del Polisario; en realidad, y con la excepción de Köhler, todos los enviados para el Sáhara han terminado con el sambenito de promarroquí o propolisario.

Ese es el gran reto que De Mistura tiene por delante: mediar de forma neutral ante dos contendientes que se han diabolizado el uno al otro.

Javier Otazu