Festival de Salzburgo año 1: de la resistencia a la recuperación

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FESTIVAL SALZBURGO

Viena, 17 jul (EFE).- Cuando el Festival de Salzburgo presentó el pasado diciembre su programa para este verano, la actividad cultural estaba paralizada, Austria salía de un pico de contagios y la incertidumbre era total. Hoy, el día de la inauguración, ya se habla de récord de taquilla, aforo completo y de regreso a la normalidad.

“Decidimos hacer un programa completo sin ningún pesimismo anticipado”, afirmó en diciembre el director del certamen, Markus Hinterhäuser, al anunciar una ambiciosa oferta de 168 funciones de ópera, conciertos y teatro, en 17 escenarios, que discurre hasta el 31 de agosto.

VALENTÍA RECOMPENSADA

Si la edición del verano pasado, reducida en tiempo y programa, fue la de la resistencia y la de demostrar que era posible hacer cultura con calidad y seguridad en tiempos de pandemia, este año 101 de su historia, Salzburgo quiere recuperar la normalidad perdida y volver a celebrar el centenario que cumplió en 2020.

El año pasado, la organización asumió el reto argumentando que, si el Festival pudo nacer en 1920 en una Europa destruida y empobrecida tras la Primera Guerra Mundial, también debía ser posible celebrarlo pese a la covid.

La apuesta funcionó y, mientras otros certámenes cancelaban y se posponían, Salzburgo acabó convirtiéndose en un ejemplo de cómo organizar grandes eventos con seguridad sanitaria.

Tras 110 funciones en 30 días y 76.000 espectadores, el saldo de infecciones fue igual a cero.

Este año las medidas de prevención son también estrictas. Por ejemplo, las entradas están personalizadas y para acceder a las funciones hay que presentar un test negativo reciente, estar vacunado o haber superado la enfermedad.

AFORO COMPLETO

Pero no habrá restricciones en el aforo, algo que la dirección ha calificado como esencial para garantizar la supervivencia económica del certamen, ya que el Festival financia el 50 % de su presupuesto con la venta de entradas.

“La mitad del aforo no es suficiente para financiar un festival”, advirtió la presidenta del certamen, Helga Rabl-Stadler, cuando a finales de mayo el Gobierno dio el permiso para que no se limite la capacidad.

Con esa losa quitada de encima, el Festival ha puesto a la venta 220.000 entradas para este año, en la misma línea que en las últimas ediciones antes de la pandemia.

“Estamos muy satisfechos y confiamos en que nuestra tasa de ocupación supere ampliamente el 80 %, como en años anteriores”, dijo esta semana Rabl-Stadler, que ve en esta demanda un “premio” y una confianza del público tras la buena organización del 2020.

Sólo el pasado 7 de junio, por ejemplo, se vendieron entradas por valor de 1,2 millones de euros, el máximo diario en la historia del Festival.

El 60 % de las entradas ya vendidas han sido adquiridas por visitantes europeos, una buena noticia también para el turismo de Salzburgo, que durante la temporada estival vive en gran parte de este evento cultural.

“El interés y la demanda son muy altos. El anhelo de cultura en vivo y en directo en Salzburgo es palpable en todas partes”, describe a Efe Ulla Kalchmair, la jefa de prensa del Festival.

EGOÍSMO O COMUNIDAD

En lo artístico, Salzburgo ha mantenido en el programa varias óperas que no pudieron subir a escena el año pasado, como una nueva “Don Giovanni” de Mozart o “Intolleranza 1960”, una composición que Luigi Nono estrenó en 1961 dedicada a su suegro, Arnold Schönberg.

Aunque el Festival no tiene tema definido ni hilo conductor este año, esas dos piezas podrían servir para resumir un debate filosófico entre el individualismo radical del héroe de Mozart (o de “Elektra”, otra de las óperas en el programa) y el concepto de comunidad del que habla Intolleranza.

“El triunfo del tiempo y del desengaño”, de Händel, con Cecilia Bartoli; “Così fan tutte”, de Mozart, con Joana Mallwitz dirigiendo a la Filarmónica de Viena; y una “Tosca” protagonizada por Anna Netrebko y su esposo, Yusif Eyvazov, completan el programa de ópera.

Se suman versiones concertantes de “La condenación de Fausto”, con Elina Garanca como voz principal, y “Neither”; mientras que aún habrá que esperar para disfrutar de otras producciones que estaban previstas para 2020 y se retrasan por problemas de elenco y financiación.

AUSENCIAS DESTACADAS

En el apartado de conciertos, destaca la actuación del tenor peruano Juan Diego Flórez dentro de la serie “Canto lírico”; el recital que la pianista argentina Martha Argerich dará junto al violinista Renaud Capuçon; o los que ofrecerá la West-Eastern Divan Orchestra del maestro Daniel Barenboim.

La Capella Reial de Catalunya participará en dos recitales dirigidos por Pablo Heras-Casados y Jordi Savall.

Este año se echarán de menos en Salzburgo la voces de algunos habituales del festival, como Jonas Kaufmann o Plácido Domingo.

El programa de teatro comienza con el ineludible Jedermann, la pieza dramática de Max Reinhardt y Hugo von Hofmannsthal cuya representación el 22 de agosto de 1920 fue la piedra fundacional de los “Salzburger Festspiele”.

También subirá a escena Richard the Kid & the King, una reinterpretación de los dramas que William Shakespeare dedicó a Enrique VI y Ricardo III, dirigida por Karin Henkel, y habrá lecturas de obras de Stefan Zweig y Charles Baudelaire.

Antonio Sánchez Solís

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