Familiares convierten hospitales paraguayos en campamentos de solidaridad

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CORONAVIRUS PARAGUAY

Asunción, 6 abr (EFE).- Los alrededores de los hospitales paraguayos se han convertido durante la pandemia en salas de espera improvisadas, con carpas y tiendas de campaña donde cientos de personas aguardan día y noche, durante semanas, noticias sobre la evolución de sus familiares internados.

En el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente (Ineram), en Asunción, el aparcamiento junto al Hospital de Contingencia, habilitado hace un año, ya no es un espacio exclusivo para vehículos, sino que se ha transformado en un pequeño campamento para los allegados de los pacientes.

Son completos desconocidos cuando llegan y se instalan en estas carpas, pero con el pasar de los días, unidos por la incertidumbre de la enfermedad, forjan lazos casi familiares e inundan de solidaridad el aparcamiento del Ineram.

Ramona Ovelar y Belén Aguilar comparten carpa desde hace unos días, mientras la primera espera la evolución de su hijo y la segunda aguarda información sobre el estado de salud de su padre.

Bajo una lona verde y con la tierra del suelo convertida en barro por las lluvias de la última noche, las dos mujeres recibieron a Efe en este hogar temporal, en el que han instado dos camas, una tienda de campaña, un ventilador y hasta una mesita en la que compartir el mate, ahora que las temperaturas han bajado en la capital paraguaya.

“Nos ayudamos todos. Si yo no tengo algo, tiene ella; si ella no está, yo me quedo de guardia”, expresó Ovelar sin perder la sonrisa, a pesar de que su hijo se encuentra intubado.

Como ellas, cerca de 100 personas conviven en el aparcamiento del Ineram, con solo una carpa y un baño portátil cedidos por la Secretaría de Emergencia Nacional, a la espera de la construcción de un albergue para familiares.

De momento, siguen apostados junto al vallado que da acceso al centro, mientras tejen, conversan o miran el teléfono, sin despegarse ni un segundo de la silla para no perderse las llamadas por megafonía con el nombre de los internados.

Pese a la situación, se mantienen optimistas y son conscientes de que pueden considerarse incluso afortunados por tener un lugar para sus familiares, mientras el sistema sanitario del país colapsa y faltan camas para los pacientes.

CARPA DE DONACIONES Y “DE VIDA”

En el campamento del Ineram, algunos familiares levantaron hace un mes una carpa de donaciones, donde reciben agua, zumos, galletitas, yerba mate, colchones, medicamentos y todo tipo de víveres.

Ramona Ovelar acude todos los días a por algún alimento, no solo para matar el hambre, sino porque los encargados de la carpa “dan vida” y “siempre se preocupan”.

Unas cinco personas se encargan de organizar la carpa, recibir los productos, clasificarlos y enviarlos a otros hospitales que también lo necesiten.

Gerardo Lezcano comenzó a colaborar hace una semana, cuando un familiar ingresó en el Hospital de Contingencia y comentó a Efe que, a pesar de los turnos de rotación, “es muy agotador”.

“La gente se compromete con nosotros. Tenemos varios voluntarios que traen cenas, desayunos también. La pastoral se encarga de traer los almuerzos todos los días. Son gente comprometida con la causa”, dijo Lezcano a Efe.

Nat Mendoza también ayuda en la carpa, desde hace 22 días, cuando su madre entró en terapia intensiva y tuvo que pasar dos veces por una intubación.

“Nos acomodamos como podemos, por suerte todo lo que tenemos acá es gracias a las donaciones que la gente común hace. La gente que sale de alta viene a donarnos, la gente que sus familiares fallecieron aquí también vienen a donarnos sus medicamentos o lo que sea que le sobraron… Todo lo que tenemos aquí es gracias a las donaciones”, expresó a Efe.

FE Y CONTENCIÓN

A pesar del ambiente de solidaridad, los familiares también se exponen a las malas noticias, en un país en el que el coronavirus ha dejado en un año más de 4.400 fallecidos y más de 222.000 contagios.

Para sobrellevar la angustia de la espera, muchos acuden a rezar y buscar consuelo frente al pequeño altar con imágenes religiosas y velas instalado junto a la carpa de donaciones.

Belén Aguilar aseguró a Efe que está soportando la internación de su padre con “mucha fe” gracias a la gente que acude a rezar.

Como ella, Ramona Ovelar reconoció que la oración le tranquiliza y le sirve como “atención psicológica”.

Sin embargo, Nat Mendoza lamentó que el Ministerio de Salud no ofrezca mayor contención psicológica a los familiares durante las semanas de espera.

“Realmente es necesario. Vemos familiares que se descompensan, que lloran… aquí es vivir el minuto a minuto. De repente te puede llamar el médico y te puede decir tu pariente está bien y diez minutos después te puede decir que se complicó algo… Se vive una tensión que no te podés imaginar”, aseguró.

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