México.- El número de muertos por la explosión en una toma clandestina de hidrocarburo en Tlahuelilpan, en el estado mexicano de Hidalgo, ha dejado al menos a  89 personas muertas, informaron fuentes oficiales.

El ministro de Salud, Jorge Alcocer, explicó que hay 51 pacientes todavía hospitalizados en centros mexicanos.

Dos jóvenes fueron también trasladados a un centro especializado en Galveston, Texas (EE.UU.).

“Tenemos que dar la mayor atención. (…) Tienen muchas posibilidades de salvar su vida, que es nuestra primera y única encomienda”, apuntó.

El viernes 18 de enero, en la tarde, un grupo de pobladores del municipio de Tlahuelilpan, en el céntrico estado de Hidalgo, reventó un ducto de hidrocarburo y empezó a sustraer, de una forma muy rudimentaria, la gasolina.

Tras unas dos horas, y pese a la presencia del Ejército que poco pudo hacer para controlar la tunda de centenares de personas que se acercaron a recoger gasolina, se registró una fuerte explosión.

Desde que llegó al poder el 1 de diciembre, López Obrador comenzó un combate frontal al robo de hidrocarburos a través de los ductos de la empresa estatal Pemex, que genera pérdidas millonarias para la compañía.

Para tal fin, se reforzó con miles de agentes la seguridad en los ductos y se transportó más gasolina con pipas (camiones cisterna), lo que ha causado una crisis de desabastecimiento en diez estados del país, con estaciones de servicio cerradas y compras de pánico. EFE

Familiares lidian con la desesperación

Los familiares de víctimas de la explosión a una toma clandestina de gasolina en México, siguen agolpadas en la zona cero, desesperadas y a la espera de identificar a sus allegados.

En el lugar del suceso, en una de las entradas al pueblo de Tlahuelilpan, en el céntrico estado de Hidalgo, un tenue olor a gasolina se filtra en las memorias en un predio arrasado por el fuego, con zapatos calcinados, camisas manchadas de sangre o incluso piel humana sobre la tierra.

En medio de este desolador escenario, las autoridades tratan de sacar los cuerpos que quedan.

Mientras esperan, los familiares tiene dos opciones: mirar inertes cómo el personal del Ejército y la Policía Federal excava en una gigantesca zanja o ir de hospital en hospital a ver si, por suerte, uno de sus seres queridos está vivo.

Para trasladarse de un centro a otro, según cuentan Silvia y otras personas allí presentes, las autoridades no ofrecen transporte, por lo que deben movilizarse por sus propios medios.

También personal de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) se encuentra en el lugar tomando datos a los allí presentes con el fin de, si encuentran a alguno de sus familiares en un hospital, notificárselo.

La ONU ofrece asistencia

El secretario general de la ONU, António Guterres, expresó  su “solidaridad” con México tras la explosión de una toma clandestina en un oleoducto que dejó al menos 89 muertos y 75 heridos y ofreció al país el apoyo de la organización.

“El sistema de las Naciones Unidas en México está dispuesto a ofrecer asistencia a las autoridades nacionales”, dijo Guterres a través de su portavoz, Stéphane Dujarric.

El diplomático portugués aseguró que recibió con “tristeza” la noticia del siniestro en el céntrico estado de Hidalgo y trasladó sus condolencias a las familias de los fallecidos en este “trágico acontecimiento”.

La tragedia, una de las mayores de las últimas décadas en México, se produjo en medio de una crisis de desabastecimiento de combustible que afecta a unos diez estados de ese país, con estaciones de servicio cerradas, compras de pánico y el sabotaje de oleoductos.

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