España y Marruecos: un baile de desagravio en un tablero lleno de obstáculos

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ESPAÑA MARRUECOS

Madrid, 24 sep (EFE) .- Desde hace semanas, España y Marruecos trabajan para restablecer sus relaciones sin perder pie en un baile diplomático lleno de obstáculos en el que se entrecruzan los destinos de la exministra española Arancha González Laya y del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, la inmigración irregular, el futuro del Sahara e incluso el gas argelino.

La misma semana en que González Laya ha sido imputada por un juzgado en el caso sobre la entrada en España del líder del Polisario, Gali ha regresado a los campamentos de refugiados en la desértica región argelina de Tinduf más de cinco meses después de que fuera evacuado con urgencia desde Argel a España para ser tratado de covid-19.

También esta semana, y por primera vez, el jefe del Ejecutivo español, Pedro Sánchez, ha asumido la responsabilidad de todo su Gobierno en la decisión de permitir la entrada del líder saharaui en España, al asegurar en Nueva York que “hizo lo que debía y lo hizo como debía, es decir, conforme a la ley”.

Parece así asumir la responsabilidad por una decisión que, hasta ahora, pesaba en exclusiva sobre la exministra de Asuntos Exteriores, quien se vio obligada a abandonar su puesto supuestamente a consecuencia de la airada reacción de Marruecos.

La decisión no solo le habría costado el puesto a González Laya sino también ser imputada en el caso sobre la supuesta entrada irregular de Gali en España.

Horas después, ante la Asamblea General de la ONU, Sánchez afirmaba con claridad que la postura de España con respecto al Sahara Occidental, antigua colonia española cuya soberanía reclama Marruecos, no ha variado y pasa por lograr una solución “política, justa, duradera y mutuamente aceptable tal como establecen las resoluciones” de Naciones Unidas.

Una posición con la que cerraba la posibilidad de modular la postura de España en favor de las tesis marroquíes sobre el territorio.

Justo en esas horas, los ministros de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, y Marruecos, Naser Burita, tejían y destejían la posibilidad de mantener una entrevista cara a cara con la que poner fin al desencuentro supuestamente desatado por el caso Gali y la avalancha de inmigrantes irregulares que Marruecos alentó en respuesta.

Tras informar de que abordarían la cuestión por videoconferencia, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España acabó precisando que ya lo habían hecho por teléfono para acordar encontrarse próximamente, reencauzando así unas relaciones dañadas desde hace meses y jalonadas de incidentes como la decisión de postergar “sine die” la reunión de alto nivel entre gobiernos.

La conversación habría tenido lugar como parte de la agenda de Albares en la 76 Asamblea General de la ONU, una cita a la que no ha asistido Burita, ya que se encuentra en funciones mientras se forma nuevo gobierno en su país.

Quien sí se encontraba en Nueva York y celebraría una reunión con el ministro Albares era su homólogo argelino, Ramtane Lamamra, ya que España considera tanto a Marruecos como a Argelia “dos grandes vecinos y amigos”.

La decisión española de reunirse con Argelia ha podido molestar a los marroquíes, después de que el Gobierno argelino rompiera relaciones diplomáticas con Marruecos el pasado agosto, en una escalada de tensión por parte de Argelia que le llevó este miércoles a cerrar el espacio aéreo a todos los aviones civiles y militares de Marruecos “en vista de las continuas provocaciones y hostilidades”.

Si para España es primordial la relación con Marruecos, un país “aliado y hermano” según Sánchez, no lo es menos con Argelia, que suministra el 30 por ciento del gas natural que precisa España.

Argelia ha amenazado con cortar el gasoducto que atraviesa territorio marroquí en su camino hacia España el próximo 31 de octubre, lo que supondría para Marruecos la pérdida del canon anual del 7 por ciento del gas vehiculado y para España la previsible reducción del suministro, lo que a su vez encarecería los precios coincidiendo con la posible crisis energética que se perfila este invierno en Europa.

En consecuencia, un puzzle complejo, con decenas de fichas inestables para cuyo encaje es imprescindible restablecer una relación de confianza entre vecinos a ambos lados del Mediterráneo.

Cristina Lladó

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