Enrique Díaz Álvarez gana el Anagrama de Ensayo con “La palabra que aparece”

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PREMIO ANAGRAMA

Barcelona (España), 4 oct (EFE).- El escritor y profesor mexicano Enrique Díaz Álvarez ganó este lunes la 49 edición del Premio Anagrama de Ensayo, dotado con 9.300 dólares, con la obra “La palabra que aparece. El testimonio como acto de supervivencia”, un libro sobre la violencia y la palabra.

Del total de 150 originales recibidos, procedentes de quince países, la obra de Díaz Álvarez llegó a la final de este premio junto con otras siete.

Ha quedado finalista del galardón la obra “Una filosofía del miedo”, de Bernat Castany Prado, según lo decidió un jurado formado por Jordi Gracia, Pau Luque, Daniel Rico, Remedios Zafra y la editora Silvia Sesé.

Antes de dar la palabra a Díaz Álvarez, que residió unos años en Barcelona, donde nació su hija, tanto Silvia Sesé como Daniel Rico han coincidido en que se trata de un “ensayo lúcido y necesario” con el que su autor quiere “evitar la normalización de la violencia y poner rostro a las víctimas”.

El escritor, que en 2015 publicó “El traslado. Narrativas contra la idiotez y la barbarie”, ha mostrado su felicidad por haber sido distinguido con el Anagrama de ensayo al haberse formado como lector con títulos de esta editorial y autores como Kurt Vonnegut, Roberto Bolaño, Raymond Carver, Enrique Vila-Matas o Ryszard Kapuscinski.

En su nuevo título, que llegará a las librerías este miércoles, hay referencias tanto a Homero como a Elias Canetti, Svetlana Alexiévich o al periodista John Hersey, autor del reportaje “Hiroshima”, al entender que “para comprender la violencia hay que ponerle palabra, por ello el testimonio es para mi tan importante”.

Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Díaz Álvarez dijo estar interesado desde siempre por “la palabra de los vencidos, por la voz omitida”, en la creencia de que “el último recurso para muchos es que la palabra cuente”.

No ha obviado que este trabajo, al que ha dedicado tres años de su vida, tiene mucha influencia de su paso, desde preescolar hasta preparatoria, por el Colegio Madrid de México, con profesores que eran exiliados republicanos españoles, creciendo “con los vencidos” e incluso sabiendo el Himno de Riego.

Todos estos profesores, ha proseguido, “gente muy potente, me sensibilizaron por estos temas” y le llevó a esta vocación de “rastrear la historia omitida”.

El ensayo profundiza en la narración de los desastres de la guerra, deteniéndose en episodios cruentos, desde la guerra de Troya, a la conquista de México, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, con Hiroshima y el Holocausto, aunque tampoco obvia la llamada guerra contra el narco en su país, donde desde 2006 ha habido unos 250.000 asesinatos, hay 60.000 desaparecidos y unos 350.000 desplazados internos.

“Quiero con el libro -precisó- encarar la violencia, hacer frente a ese problema y ponerle rostro, darle un lugar a las víctimas, acompañar su testimonio, visibilizarlos, porque solo tienen su palabra, es su último recurso”.

A su juicio, el testimonio, es por tanto, “una forma de acción, de pedir justicia y verdad”.

A la vez, defendió que la guerra siempre hay que contarla desde dos perspectivas diferentes y, “a partir de la lección homérica, hoy en México hay que conocer para aproximarse a lo que ocurre, a la versión de los sicarios, chicos habitualmente muy jóvenes, que mueren jóvenes, lo que ocurre siempre en las guerras”.

“Tratar de aproximarnos a los perpetuadores -aseveró- es intentar comprender el fenómeno. Lo veo como una lección de imparcialidad homérica radical, es intentar acercarse y escuchar y ver lo que tienen que decir los victimarios. Es parte del proceso que hacemos en México para comprender dónde estamos metidos”.

Muy interesado por el periodismo narrativo, ha subrayado que hoy en su país “las cosas más potentes las escriben periodistas, muchos de ellos mujeres y, si son perseguidos, es porque lo que escriben importa”.

Asimismo, cree que la “trinchera del arte, del periodismo es modesta, humilde, pero, al mismo tiempo, es insustituible, un poco como la literatura antiheroica”.

Preguntado por la polémica que protagonizó hace unos días el expresidente del Gobierno español José María Aznar al negarse a pedir perdón por los crímenes de la conquista, Enrique Díaz Álvarez opinó que “lo primero, lo obvio es que la conquista por más siglos que hayan pasado está viva y provoca la movilización de afectos, hiere susceptibilidades a ambos lados del Atlántico”.

También “hay siempre quien busca sacar rédito político” pero “no se puede obviar que la conquista fue un hecho muy violento, aunque eso no es nuevo y solo basta leer a Bartolomé de las Casas, quien ya intentó revelar el abuso, acercarse al otro”.

Acabadas las conmemoraciones, el escritor espera “que se salga de discursos nacionalistas, rancios y tribales y se ponga atención a secuelas de ese pasado colonial, con mucho racismo hacia las comunidades indígenas”.

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