Una etiqueta con los colores del semáforo está entre las opciones que los países tienen para advertir de la mala calidad de los alimentos en su lucha contra la obesidad.

En los últimos años, el rápido aumento del sobrepeso y la obesidad a cerca de 2.000 millones de personas se ha vuelto un problema de salud pública que tiene mucho que ver, según los exper-tos, con el mayor consumo de productos ricos en azúcar, grasas y sal.

Para frenar esa escalada, algunos países han querido introducir etiquetas en la parte frontal de los envases advirtiendo a los consumidores de la calidad de lo que comen.

Uno de esos instrumentos es un código con colores que van del verde, para los productos más sanos, al rojo, para los menos, y que en la Unión Europea (UE) ha sido implementado en el Reino Unido y propuesto en Francia, siempre como algo voluntario.

El modelo, conocido como el semáforo Nutriscore ha sido alabado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Fuentes de la Comisión Europea precisaron que pretenden publicar “en los próximos meses” un informe que analice los nuevos sistemas frontales de etiquetado voluntarios en la UE, su efecto en el mercado y la conveniencia de una mayor armonización.

Según la información aportada por 34 Estados a ese órgano, 25 han optado por implementar normas de etiquetado frontal y otros 9 solo por proponerlas; casi todos los casos son de aplica-ción voluntaria y la mayoría se ha elaborado con la participación de la industria.

Los únicos en regular de manera general y obligatoria son Chile y México, dos de los países la-tinoamericanos con tasas de obesidad más elevadas, de más del 28% en adultos.

Pionero fue Ecuador, donde las empresas deben marcar los procesados con el semáforo desde 2014.

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