Emmanuel Carrère, un narrador poliédrico que se nutre de su realidad

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PREMIOS PRINCESA LETRAS

París, 9 jun (EFE).- Emmanuel Carrère, cuya obra ha difuminado la frontera entre la literatura, el periodismo y la cinematografía, ve premiado con el Princesa de Asturias de las Letras una trayectoria tan reconocida como unida a la controversia.

Hasta que este miércoles el jurado ensalzó su nombre, la versatilidad del escritor y guionista francés había quedado en evidencia y de actualidad también con su selección esta semana en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, donde presentará en su apertura en julio “Le Quai de Ouistreham”, con Isabelle Binoche.

Carrère (París, 1957) ha ofrecido en cuatro décadas una obra densa, crónica de su tiempo y a la vez de sus propias experiencias familiares o religiosas.

Su nombre despuntó en la cultura popular con “El adversario” (2000), con la que noveló la vida y el pensamiento de Jean-Claude Romand, figura de la crónica negra en Francia tras haber asesinado a su esposa, sus dos hijos y sus padres, y cuyo juicio él cubrió como periodista.

Ese libro, según ha admitido Carrère en el pasado, le supuso un punto de inflexión: aunque había sido hasta entonces novelista de ficción, le cambió la forma de ver las cosas y le hizo sentirse libre escribiendo a partir de hechos verídicos. Su éxito vio recompensados siete años de investigación y trabajo.

Pero para entonces ya había publicado “L’amie du jaguar” (1983), “Bravoure” (“Bravura”) (1984) o “La Moustache” (El bigote”) (1986), inicios en la ficción completados también por ensayos o por guiones cinematográficos en los que los tintes autobiográficos nunca están muy lejos.

Sucedió por ejemplo con “De vidas ajenas” (2009) o con “El Reino” (2014), una mezcla esta última de ficción y autoficción sobre los orígenes del cristianismo, en la que tras haber sido creyente dice recorrer como investigador los caminos del Nuevo Testamento.

O más recientemente, con “Yoga”, historia sobre esa práctica y sobre la depresión del propio autor, en la que tuvo que retirar algunos pasajes por las obligaciones legales a las que se comprometió con su exmujer, la periodista Hélène Devynck, de la que se divorció en marzo de 2020.

Esta última lo acusó de haber añadido elementos de ficción para transformar la prohibición legal de hablar sobre ella “en autoglorificación”.

A pesar de que la obra se colase en la preselección del prestigioso premio Goncourt, que privilegia las novelas, acabó siendo retirada de la lista de semifinalistas por su carácter autobiográfico.

INCLINACIÓN CINEMATOGRÁFICA

Nieto de inmigrantes rusos y antiguo estudiante de la Universidad parisina Sciences-Po, su carrera comenzó en verdad como crítico de cine para las revistas Positif y Télérama. Aunque la literatura empezara a ganar peso con los años, nunca abandonó ese arte, donde en los años 90 trabajó por ejemplo como guionista.

Su inclinación por la cinematografía se materializó igualmente con el documental “Regreso a Kotelnik”, debut detrás de la cámara que le hizo seguir la huella de sus raíces rusas, y con “La moustache”, en la que Vincent Lindon y Emmanuelle Devos encarnaron como protagonistas a los personajes de su obra.

Rusia estuvo también presente en “Limonov” (2011), novela sobre la peripecia vital del desmesurado poeta y disidente ruso Eduard Limónov, en la que a la vez que reflexiona sobre la condición humana ofrece un retrato del comunismo y el poscomunismo.

Con su reciente Premio Princesa de Asturias de las Letras toma el relevo de la ensayista y profesora de cultura clásica canadiense Anne Carson, que obtuvo el premio el año pasado, y se convierte en el segundo escritor francés en recibirlo, tras el obtenido en 2018 por Fréderique Audoin-Rouzeau (Fred Vargas).

No es el único premio que atesora. En 2018 fue laureado por la Biblioteca Nacional de Francia, que saludó “la originalidad de una obra singular”, seductora en su conjunto por el hilo tejido entre la ficción y la realidad; en 2011 se hizo con el Renaudot por “Limonov” o en 1995 con el Femina por “La classe de neige”.

Marta Garde