Emergencia por COVID-19 abre camino a maestros inmigrantes para ser tutores

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CORONAVIRUS EDUCACIÓN

Los Ángeles, 17 abr (EFE News).- Docentes que inmigraron a Estados Unidos y no pudieron ejercer su profesión encontraron en el confinamiento obligatorio del coronavirus una manera de retomarla y ahora buscan ayudar con sus clases a los estudiantes afectados por las órdenes de permanecer en casa.

Ese es el caso de la hondureña Neery Carrillo, quien a sus 72 años logró hacer realidad su ilusión de ejercer su profesión de maestra en Estados Unidos, así sea a través de una pantalla de un computador.

“Me ha servido como un aliento en estas circunstancias que estamos atravesando; me sirve a mí, a los niños que ayudo y también a sus padres”, dice Carrillo en una entrevista telefónica con Efe desde su hogar en Virginia.

EL CORONAVIRUS, UNA OPORTUNIDAD PARA AYUDAR

Fueron las medidas de confinamiento para tratar de frenar el brote de coronavirus las que impulsaron a la inmigrante a intentar ayudar a su nieto Nicolás Carrillo, de ocho años, con sus clases de español.

El pequeño vive en Oakland, California, y asiste a Melrose Leadership Academy, una escuela pública que ofrece educación bilingüe y sumerge a sus estudiantes en el aprendizaje del español.

“Es muy complicado para estos niños poder seguir con la rutina de aprender el español desde casa”, advierte la hondureña, que llegó a Estados Unidos en 1972.

Nicolás se convirtió en el primer alumno de Carrillo. La profesora ahora dicta clases de español a cuatro estudiantes de primaria de la misma escuela.

Las clases que da esta hondureña son personalizadas, y ella dedica a cada niño entre 30 y 45 minutos en las tardes para hacerlos leer cuentos en español y ayudarlos con la comprensión de lectura. Todo esto a pesar de estar confinada en su casa a cientos de kilómetros de sus estudiantes.

UNA GRAN NECESIDAD DE AYUDA

La necesidad de tutores para millones de estudiantes que se vieron obligados a tomar sus clases desde casa por el brote de COVID-19 se refleja aun más en los inmigrantes recién llegados.

La antropóloga y escritora salvadoreña Carmen Molina-Tamacas advirtió a Efe que la falta de acceso a recursos de los estudiantes de la comunidad cuscatleca en Nueva York se ha vuelto crítica.

Con más de un millón de estudiantes, el distrito escolar de la ciudad de Nueva York, el más grande del país, se vio obligado a mandar a todos sus estudiantes a seguir sus clases desde sus hogares.

“Sabemos que hay familias donde los padres tienen poco conocimiento de la tecnología y del inglés que no les va del todo bien”, advierte la autora del libro “SalviYorkers”.

JÓVENES INMIGRANTES RESPONDEN AL LLAMADO

Para Tatiana Murcia, licenciada en inglés por la Universidad la Gran Colombia en Bogotá, Colombia, la pandemia sirvió para que ella y todos sus amigos desarrollaran una cadena de solidaridad para ayudar a los estudiantes estadounidenses.

Desde los anuncios de confinamiento Murcia, quien llegó a Estados Unidos bajo un programa de visas para niñeras, anunció por Facebook sus servicios para orientar a los niños, especialmente hispanos, con sus tareas. También ofreció la ayuda de sus amigos profesores.

“Para ellos (los niños inmigrantes) es muy difícil los estudios online por la barrera del idioma. Ya de por sí en la escuela es complicado, y en estas circunstancias el problema se agudiza”, considera la inmigrante, de 26 años, que actualmente ayuda a varios estudiantes neoyorquinos como tutora.

Por su parte Molina-Tamacas recalca que incluso para familias como la de ella, con alto dominio de la tecnología, la nueva modalidad de estudio los tuvo “confundidos y frustrados”.

“Personalmente, creemos que la carga académica es excesiva y se lo hemos comunicado a los maestros en su oportunidad”, añade.

LA POSIBILIDAD DE MOSTRAR LA CULTURA LATINOAMERICANA

A pesar de todos los obstáculos, Carrillo ve en esta circunstancia una oportunidad para que los inmigrantes hispanos puedan enseñar sobre la cultura latinoamericana y el español.

“Leemos al Dr. Seuss en español. Eso es muy bueno”, zanja.

La hondureña, que trabajó por décadas como peluquera, cree que la mejor herencia que puede dejar a su nieto Nicolás es el dominio del español: “Es una gran riqueza que él pueda hablar mi idioma, y que pueda conservar un poco de las semillas de nuestra cultura. Semillas que también han sido sembradas en este país”.

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