El por qué de la celebración del Día de las Madres

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Quien es madre lo es a cada segundo, en cada una de sus actitudes y atenciones hacia sus hijos y familia. Las madres, sean estas también tías, hermanas, cuñadas, suegras o abuelas, tienen siempre ese instinto maternal que las hace anteponer el bienestar de los suyos al de ellas mismas.

Por eso, a muchas personas se les hace curioso que se dedique un día para celebrar a la madre y otras atribuyen la fecha a la sociedad consumista en la que vivimos y que nos empuja a comprar ‘en grande’ para regalar al ser que nos dio la vida y a las que, de una u otra manera, han tenido influencia sobre nosotros.

Sin embargo, el origen de la celebración del Día de Madre se remonta a la Antigua Grecia, donde se rendía homenaje a Rea, la progenitora de los dioses Júpiter, Neptuno y Plutón.

Según la mitología, Rea era la hermana y esposa de Cronos, quien para evitar que se cumpliera la profecía de que uno de sus hijos lo iba a destronar, se comía a los bebés tan pronto como nacían. Cansada de no poder conservar a sus hijos, Rea escondió a su sexto hijo (Júpiter) y entregó a su marido una piedra envuelta en pañales, que Cronos tragó de un bocado. Esto lo hizo vomitar no solo la piedra, sino uno a uno a los hijos que ya había tragado. La celebración a Rea, luego se expandió a Roma.

Algunos historiadores señalan que el actual Día de la Madre se remonta al siglo XVII, en Inglaterra. En ese tiempo, debido a la pobreza, una forma de trabajar era emplearse en las grandes casas o palacios, donde también se daba techo y comida.

Un domingo del año, denominado ‘Domingo de la Madre’, a los siervos y empleados se les daba el día libre para que fueran a visitar a sus madres y se les permitía hornear un pastel (conocido como ‘tarta de madres’) para llevarlo como regalo. Esta celebración se desarrollaba colectivamente, en bosques y praderas.

En Estados Unidos la primera celebración pública del Día de la Madre se realizó en el otoño de 1872, en Boston, por iniciativa de la escritora Julia Ward Howe, quien organizó una gran manifestación pacífica y una celebración religiosa, invitando a todas las madres de familia que resultaron víctimas de la guerra por ceder a sus hijos para la milicia.

Tras varias fiestas bostonianas organizadas por Ward Howe, ese pacifista Día de la Madre cayó en el olvido. Fue hasta la primavera de 1907, en Grafton, al oeste de Virginia, cuando se reinstauró con nueva fuerza el Día de la Madre en Estados Unidos, siendo Ana Jarvis, ama de casa, quien comenzó una campaña a escala nacional para establecer un día dedicado íntegramente a las madres estadounidenses.

Luego de la muerte de su madre en 1905, Jarvis decidió escribir a maestros, religiosos, políticos, abogados y otras personalidades para que la apoyaran en su proyecto de celebrar el Día de la Madre, en el aniversario de la muerte de su propia progenitora, el segundo domingo de mayo. Tuvo muchas respuestas, y en 1910 esta fecha ya era celebrada en casi todo Estados Unidos.

En 1914, el Presidente Woodrow Wilson firmó la proclamación del Día de la Madre como fiesta nacional, que debía ser celebrada el segundo domingo del mes de mayo.

La primera celebración oficial tuvo lugar un día 10 de mayo, por lo que este día fue adoptado por muchos otros países del mundo como la fecha del ‘Día de las Madres’.

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