“El olvido que seremos” llega al cómic con la violencia otra vez en Colombia

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NOVELA GRÁFICA

Barcelona (España), 6 may (EFE).- El azar, malafortunado, hizo que la adaptación a novela gráfica que el dibujante español Tyto Alba realizó de “El olvido que seremos”, obra que el escritor Héctor Abad Faciolince dedicó a su padre asesinado por los paramilitares, se publique justo cuando la violencia vuelve a asolar las calles de Colombia.

Alba (Badalona, noreste de España, 1975) reconoció este jueves, en una rueda de prensa telemática junto al escritor colombiano, que cuando le propusieron el proyecto no conocía la “novela sin ficción” que Abad Faciolince (Medellín, 1958) publicó en 2006 para evitar que la memoria de su padre, médico y activista de los derechos humanos, muerto a tiros cuando era candidato a la alcaldía de Medellín en 1987, cayera en el olvido.

El dibujante logra trasladar con sencillez y un tono poético a sus tintas y acuarelas esta emotiva historia familiar a lo largo de varias décadas que, a pesar de su final abrupto y de la violencia que se cuela en las viñetas, es una obra que destila alegría por la vida, y un optimismo que fluye del carisma arrollador que desprende su protagonista, que Alba supo, sin duda, capturar.

“Cuando la descubrí me encantó”, comentó el dibujante, y aunque tuvo algunas reticencias previas, porque se trataba de un bestseller, aceptó el reto tras leerlo y al saber que Fernando Trueba, al que admira como cineasta, tenía en marcha una película, que prefirió no ver para evitar contagios visuales.

Alba, que cuenta entre sus trabajos con alguna que otra biografía (“Whitman”, Astiberri), sabía que se estaba metiendo en terreno pantanoso “porque adaptar una novela es complicado” y además con una atmósfera, los años sesenta y setenta y un país, Colombia, que a penas conocía.

“Es un libro que habla de muchas cosas no solo de amor filial, sino que profundiza en asuntos sociales, y el miedo era condensar, sin abusar de poner demasiado texto, pero respetándolo al máximo”, desveló el dibujante, que trabajó siguiendo su “instinto” gráfico, contando con la colaboración de Abad, que le facilitó fotografías familiares.

Alba tan solo se permite en la novela gráfica que publica ahora Salamandra Graphic algunas licencias que no aparecen en el original y que surgieron de una conversación con el escritor durante el desarrollo del proyecto, la aparición de unas luciérnagas que dotan al relato de una poética que el dibujante combina con una paleta de colores más intensos que en anteriores trabajos, y que se oscurecen paulatinamente cuando los acontecimientos adquieren un cariz más dramático.

Desde México, el escritor colombiano, se mostró por su parte “muy agradecido” por el interés multiformato que aún tiene la novela -cine, audiolibro, el documental que grabó su hija…- al que ahora se suma una novela gráfica, a cuyo autor dio plena libertad, y con la que cree llegará a un público más joven y de forma más directa, sobre todo en Latinoamérica.

“Cuando me lo propusieron la reacción fue decir sí, pero mi mujer pensó que podría banalizarla, caricaturizarla, pero yo había visto algunas novelas gráficas y sabía que el cómic puede alcanzar cima de gran dibujo que sustituye a las palabras”, defendió el escritor, que se autodefine como “analfabeto gráfico total”.

“Me gusta mucho que haya una visión externa, porque la mirada desde lejos produce mayor libertad, hay menos estereotipos, si hubiera sido un dibujante colombiano habría acentuado la parte política y el retrato de la miseria y la pobreza, pero alguien que viene desde fuera ve la historia de forma global, la dimensión familiar y la pública”, argumentó el escritor.

Para Abad Faciolince, encantado con las representaciones en dibujo que Alba hizo de su familia -tanto que le pidió que le venda algunos de ellos-, la novela gráfica ayuda en su objetivo principal cuando escribió el libro.

“Pretendía explicar cómo había vivido mi papá y cómo lo habían matado, solo puedo agradecer que se quiera recordar más a esa buena persona que fue”, subrayó el escritor acerca de su progenitor, quien hasta el final de su vida salió a manifestarse pacíficamente por mejorar la vida de los más humildes y en contra de la violencia que se vivía entonces en Colombia, y que ahora parece repetirse.

“Era el rebelde de la casa, los padres tratan de retener a los hijos para que no salgan a la calle, pero aquí era al revés”, comentó Héctor Abad sobre la figura de su padre, amigo íntimo de Carlos Gaviria, y que al igual que el propio escritor se vio obligado a exiliarse por las amenazas de muerte

Abad Faciolince publicó “El olvido que seremos” -el título es parte de un soneto de Borges que su padre llevaba en el bolsillo el día de su muerte- con el objeto de que sus hijos entonces recién nacidos tuvieran un testimonio de quién fue su abuelo.

La presentación de la novela gráfica coincide con el estreno de la adaptación que el director español Trueba hizo, que mañana llega a los cines españoles tras ganar el Goya a la mejor película iberoamericana -era una producción colombiana- , y en la que el actor Javier Cámara encarna al político asesinado.

Por Sergio Andreu