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El ministro de Educación de EE.UU. tiene “superpoderes”: habla inglés y español

El ministro de Educación de Estados Unidos, Miguel Cardona, habla durante una entrevista con Efe, en la Casa Blanca, en Washington (Estados Unidos). EFE/ Octavio Guzmán

Washington, 30 sep (EFE).- El ministro de Educación de Estados Unidos, Miguel Cardona, estaba aterrorizado en su primer día de escuela. Tenía cinco años, había crecido hablando español y, al entrar en una clase donde todo estaba en inglés, se sintió fuera de lugar.

Tanto miedo tenía que sus padres tuvieron que ir a buscarlo al colegio. En su primer día de escuela, no duró ni la jornada completa, recuerda ahora con una sonrisa en una charla con Efe.

Con el tiempo y el “cariño” de sus maestros y padres, dejó de sentirse intimidado. Ahora, desde la posición de titular de Educación, afirma que saber dos idiomas y conocer dos culturas es un “superpoder”, algo a lo que deberían aspirar todos los estudiantes de Estados Unidos.

“Aprendí inglés cuando fui a la escuela y eso fue un choque cultural”, dice Cardona en inglés y, enseguida cambiando al español, añade risueño: “Ser bilingüe y bicultural es un superpoder, quiero que los niños entiendan que no solamente (hay) que aprender inglés, pero también deben mantener su propio idioma, su cultura y celebrarlo”.

Pese a la celebración del español que hace Cardona, expresarse en ese idioma fue durante décadas un motivo de castigo en las escuelas de Estados Unidos y, todavía hoy, existe la creencia de que quienes hablan inglés con acento o prefieren el español son personas de pocos recursos económicos.

De 48 años, Cardona nació en la ciudad estadounidense de Meriden (Connecticut), pero en su casa se hablaba español porque su madre y su padre son puertorriqueños.

Creció en unas viviendas subvencionadas por el Gobierno y fue el primer miembro de su familia en ir a la universidad.

“Sé lo duro que es eso”, dice tajante Cardona, quien pudo acceder a préstamos y becas para estudiar en la universidad y conseguir hasta un doctorado.

Su raíces biculturales y bilingües han dado forma a su identidad y también han influido en sus políticas educativas. Una de las más importantes consiste en perdonar a 42,4 millones de estudiantes universitarios parte de las deudas que habían contraído con el Gobierno federal para poder pagar sus estudios.

El plan está diseñado para cancelar hasta 10.000 dólares de deuda por estudiante y hasta 20.000 para los beneficiarios de unas becas llamadas Pell, de las que se benefician una gran cantidad de estudiantes hispanos y afroamericanos con pocos recursos.

De hecho, Cardona asegura que uno de cada dos latinos verá cómo desaparece parte de sus deudas estudiantiles.

“Imagínate eso -comenta en español y continúa en inglés- para los latinos que quieren empezar una familia, comprarse una casa, empezar un negocio”.

Sin embargo, el programa de perdón de deuda no soluciona el problema de raíz de la educación superior en Estados Unidos, donde ir a la universidad cuesta ahora un 169% más que hace 40 años si se tiene en cuenta el precio de la matrícula, los libros y el alojamiento, según un informe de la Universidad de Georgetown.

Otro estudio de My eLearning World calcula que el precio de estudiar en universidades de EE.UU. ha crecido 4,6 veces por encima de la inflación en el último medio siglo.

Cuando se le pregunta por esa escalada de precios, a Cardona se le acumulan las palabras: “Voy a atajar eso, lo voy a atajar. El perdón de deuda por si solo no va a resolver los problemas, pero va a ayudar. Tenemos que hacer esto de una manera mejor”, defiende.

Entre otras cosas, Cardona se ha propuesto trabajar con cada uno de los 50 estados de EE.UU. para asegurarse de que están dando el suficiente dinero a las universidades públicas para que los precios sean “razonables” y los estudiantes no tengan que graduarse “con una deuda que dure toda una vida”.

Otro de sus propósitos, más allá de la educación universitaria, es garantizar que los niños menores de cinco años pueden acceder a una educación de calidad y asequible.

En Estados Unidos, el Gobierno federal no financia ese tipo de educación infantil y cada estado decide si quiere o no destinar fondos a ese tipo de formación, lo que alimenta las desigualdades entre las familias estadounidenses que pagan entre 4.000 y 50.000 dólares al año dependiendo de dónde viven y el programa que eligen.

Cardona destaca el papel que la educación infantil tiene en el desarrollo intelectual de los menores y los grandes beneficios que tiene para los menores que han crecido hablando español y ahora quieren aprender inglés.

“No se apuren”, resuelve Cardona en un mensaje a los niños que, como él, pueden sentirse intimidados. “Lo que temen ahora, será un superpoder en el futuro”.

Beatriz Pascual Macías

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