El Líbano cumple un año con un Gobierno interino en medio de acuciante crisis

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LÍBANO GOBIERNO

Beirut, 10 ago (EFE).- El Líbano cumple hoy un año en manos de un Gobierno interino sin que ninguno de los tres primeros ministros nombrados en los últimos doce meses hayan logrado formar un ejecutivo por falta de consenso político, mientras el país se hunde cada vez más en la pobreza y la escasez.

Desde la dimisión del Gabinete de Hasan Diab, el 10 de agosto de 2020, en respuesta a la mortal explosión que días antes había asolado Beirut, los dos siguientes primeros ministros designados, Mustafa Adib y Saad Hariri, abandonaron sin haber logrado formar gobierno en unas cuatro semanas y nueve meses, respectivamente.

El Líbano tiene ahora sus esperanzas puestas en la tercera persona designada para el puesto, Najib Mikati, quien desde hace dos semanas trata de negociar una lista de ministros que encaje en el complejo sistema sectario libanés y los deseos de los grupos de evitar posibles costos políticos por su futuro manejo de la crisis.

Diab, que continúa en el puesto de forma interina un año después de dimitir, llamó hoy a los políticos a dejar de lado sus “intereses” para acelerar la formación de un gobierno que saque al país de la crisis económica desatada en 2019 y que en los últimos dos meses ha desembocado en una grave escasez de productos básicos.

VOTACIONES Y REFORMAS IMPOPULARES

Para el analista Mohanad Hage Ali, del Centro Carnegie de Oriente Medio, el principal obstáculo a la formación de un ejecutivo llega por parte del presidente libanés, Michel Aoun, quien está tratando de quedarse “con algunas cartas en la mano” de cara a la votación de un nuevo jefe Estado en 2022.

Tras perder popularidad en el último año entre la comunidad cristiana a la que pertenece, Aoun estaría buscando el mayor poder en el futuro Ejecutivo con la probable intención de ayudar a que su yerno Gebran Basil, actual presidente del Movimiento Patriótico Libre, salga elegido presidente en 2022.

Sin embargo, Ali cree que también otros líderes de la “envejecida” clase política, la mayoría de ellos antiguos “señores de la guerra civil” (1975-1990), se están preparando para traspasar el poder a generaciones más jóvenes o lo han hecho recientemente.

“Lo que estamos viendo es básicamente que cada uno de la clase política está tratando de impulsar su programa para mantener el mismo poder que tienen ahora”, explicó el experto a Efe sobre esta nación con 18 grupos religiosos reconocidos en la que todos buscan representación.

A ello se suma el hecho de que ningún político quiere verse “asociado” con algunas de las reformas que deberá implementar el próximo gobierno para atajar la crisis, principalmente el levantamiento de subsidios a productos como las medicinas o el combustible, una medida que será muy “impopular”.

Heiko Wimmen, del centro investigador Crisis Group, coincide en que con las elecciones parlamentarias previstas para el próximo mayo a la vuelta de la esquina “nadie va a querer asumir ningún riesgo político que pudiese infligir un costo político serio”.

“Formar gobierno o tomar la responsabilidad es sinónimo de ‘misión política suicida’ porque creo que es simplemente imposible para nadie lograr un progreso significativo que mejore la situación de la población en un periodo corto de tiempo”, comentó Wimmen a Efe.

UNA ÚLTIMA OPORTUNIDAD

El experto del Crisis Group ve también otros problemas relacionados con “la política del poder” en el país, donde rige un complejo sistema sectario por el que el jefe de Estado debe ser cristiano maronita, el primer ministro, suní, y el presidente del Parlamento, chií.

Entre ellos cita los equilibrios de poder entre un primer ministro suní y un presidente cristiano; el “vacío de liderazgo” en la comunidad suní, que no cuenta con más figuras de peso para designar; o el deseo del grupo chií Hizbulá, aliado de Irán, de llevarse un trozo del pastel, con sus consecuentes implicaciones internacionales.

Preguntado por las posibilidades de Mikati, Wimmen cree que si no logra negociar una lista de ministros en un máximo de dos semanas dimitirá también, lo que dejaría como única salida plausible al punto muerto los comicios del año próximo ante la dificultad de organizar unas elecciones anticipadas en el Líbano.

“Las negociaciones son difíciles y lentas, pero están avanzando”, apuntó, por su parte, el experto del Carnegie, quien, más optimista, cree que lo más probable es que Mikati logre un ejecutivo en un plazo de dos o tres semanas.

Según sus conocimientos, las discusiones se centran ahora en el Ministerio de Asuntos Sociales, “que manejaría la distribución de cientos de millones de dólares en ayudas estatales” e impulsaría la popularidad de su poseedor de cara a las parlamentarias.

Noemí Jabois