El guardián de la memoria de Murat, el sable de Napoleón

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NAPOLEÓN BICENTENARIO

París, 23 abr (EFE).- Joachim Murat lleva con orgullo el nombre del mariscal que se convirtió en el sable de Napoleón y, 200 años después de la muerte del emperador, reivindica la memoria de su antepasado, al que considera maltratado por la historia.

“Fue víctima de la formación de numerosos mitos históricos”, asegura a Efe el descendiente del militar que entró en la familia Bonaparte tras casarse con Carolina, la hermana de Napoleón.

Joven ejecutivo en varias multinacionales, exmilitar que sirvió en Kosovo, el descendiente de Murat ha recogido el estandarte de la familia y es actualmente el noveno príncipe de la dinastía creada por su antepasado, que fue nombrado rey de Nápoles en 1808.

El orgulloso y espigado mariscal de los Ejércitos imperiales pagó la envidia de sus pares, pero también la animadversión de Bonaparte, que nunca aceptó que se casara con su hermana y que durante toda su vida menospreció su talento.

“Murat era invencible en los campos de batalla. Estuvo en todos, siempre visible. Solo fue herido dos veces y murió asesinado por los Borbones. Era una especie de superhéroe que arrastraba a las tropas y que atemorizaba al enemigo”, explica su descendiente ante el retrato del militar conservado en el Museo del Ejército de París.

Al frente de la caballería del Gran Ejército, tuvo un papel clave en las principales victorias de Napoleón, como Austerlitz o Eylau.

MUCHOS ENEMIGOS

Una bravura que le situó en el punto de mira de muchos enemigos, que no dudaron en calificarle de carnicero. Como en España, donde su imagen pagó el precio de estar al frente de las tropas napoleónicas aquel 2 de mayo de 1808 en el que Madrid inició el levantamiento popular contra la invasión francesa.

El actual príncipe de Murat sostiene que la historiografía española necesitaba crear un mito fundador y que la lucha contra los franceses sirvió para aglutinar a un pueblo contra una causa común y el odio a su ancestro jugó un papel importante en ese contexto.

Según él, la iconografía, en particular el famoso cuadro de Goya “Los fusilamientos del 3 de mayo”, convirtió a Murat “en un carnicero abominable, cuando en realidad lo que hizo fue sofocar una revuelta y evitar una masacre mayor”.

Añade que Murat fue también víctima de su propio cuñado, que trató de achacarle muchos de los errores que causaron la caída del imperio.

Recuerda que los historiadores han descubierto que una carta en la que Napoleón acusaba a Murat de los errores cometidos en España fue falsificada durante el exilio del emperador en Santa Helena para preservar mejor el mito de Bonaparte.

Al contrario, su descendiente sostiene que Murat comprendió bien los errores de Napoleón, como su excesivo autoritarismo, que no entendió que en Europa se estaba despertando un sentimiento nacional que el combate contra el Emperador ayudó a canalizar.

Más amable ha sido la historia con su legado en Nápoles, donde mantuvo el reino incluso tras la caída del Imperio y solo lo perdió cuando, por fidelidad a Bonaparte, le apoyó tras su regreso del exilio de la isla de Elba.

Tras intentar recuperar el trono una vez más, fue arrestado y fusilado en 1815 por orden del rey Fernando de Nápoles.

FASCINADO POR NAPOLEÓN

“Murat estaba fascinado por el personaje de Napoleón, era un genio total. Pero Napoleón era muy desagradable con él”, asegura el descendiente, que ve tras esa actitud cierto desprecio a una persona que tenía muchas de las virtudes que faltaban al emperador.

Era alto, guapo, siempre impecable en sus atractivos uniformes de la caballería, con dos largas patillas que escondían heridas de guerra pero que se convirtieron en una marca de su personalidad.

Sus cargas al frente de la caballería napoleónica fueron legendarias, capaces de motivar a la tropas en una causa que nunca fue otra que la de Napoleón, pese a que cierta historiografía, denuncia su descendiente, se obstinó en tratarle de traidor.

Eso ha dejado en un segundo plano su figura, siempre oculta tras la epopeya napoleónica, pero que esconde la historia de superación del undécimo hijo de un mesonero del centro de Francia que alcanzó la gloria militar y llegó a ser rey.

“Napoleón es un personaje mesiánico, semidivino. Pero Murat es el sueño americano”, explica su sucesor, que no cree posible comparar a ambos personajes.

Sus destinos se encontraron durante la Revolución Francesa, que Murat abrazó por ideología y que le permitió mostrar su valía militar, de la que Napoleón se sirvió para alcanzar el poder y extender su imperio.

Culto y refinado, junto a su esposa Carolina organizó algunas de las fiestas más populares de la época en el Palacio del Elíseo, actual residencia del presidente francés, que fue su morada parisiense.

“Era algo más que un militar, fue capaz de mantener un reino, tenía una cultura porque pasó por el seminario. Tenía un ideal político que no fue capaz de transmitir a Napoleón”, asegura el descendiente.

Luis Miguel Pascual

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