El fiasco educativo de Johnson, un reflejo de la desigualdades sociales

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CURSO ESCOLAR R.UNIDO

Londres, 18 ago (EFE).- El Gobierno de Boris Johnson está sumido en una controversia a raíz de un fiasco educativo por la forma en que los adolescentes han recibido este año sus calificaciones ante la ausencia de exámenes por la pandemia, pero que ha expuesto el alcance de las desigualdades sociales en el Reino Unido.

Cuando Johnson decidió cerrar las escuelas en marzo para contener la COVID-19, la medida trajo consigo un sinfín de problemas, sobre todo para los colegios que debieron recurrir a clases virtuales y con la incógnita de qué hacer con dos exámenes decisivos en mayo: los llamados GCSE (fin de la escuela secundaria) y los de nivel “A” (imprescindibles para acceder a la universidad británica).

El Ejecutivo decidió que los adolescentes -GCSE a los 15/16 años y los “A” a los 17/18- no serían examinados este año y que se buscaría otra manera de concederles sus calificaciones, que en el caso de los aspirantes a la educación superior eran vitales para determinar la admisión a la universidad, dependiendo de sus notas.

DAR SOLUCIÓN AL PROBLEMA CREADO POR LA PANDEMIA

Los funcionarios del Gobierno y el regulador de los exámenes, más conocido como Ofqual, encontraron en un algoritmo la fórmula para resolver este rompecabezas que trajo el coronavirus, pero cuyas reglas e instrucciones convertían a los jóvenes en meros números y no en personas cuyo rendimiento podía depender de muchos factores.

Ese algoritmo tenía más en cuenta los antecedentes académicos de las escuelas en el pasado y su área geográfica, ya sea que fuese de una zona deprimida o acomodada, en vez de darle más peso a las recomendaciones de los profesores y las calificaciones que éstos consideraban que sus alumnos debían recibir.

UN ALGORITMO QUE RESULTÓ UN FIASCO

Para muchos jóvenes, las notas -concedidas en virtud de ese algoritmo y recibidas en los últimos días- eran más bajas que las propuestas por los profesores, no reflejaban el rendimiento en clase y no tenían en cuenta, por ejemplo, el esfuerzo personal del alumno aunque procediera de una escuela con nivel académico en general bajo.

Los alumnos de colegios privados, en cambio, parecían más beneficiados dado que, por tradición, asisten a clases reducidas y reciben apoyo más personalizado de tutores y profesores.

El algoritmo dejó a muchos jóvenes con sueños truncados al ver que no podían acceder a los cursos elegidos, dado que las notas estaban por debajo del mínimo exigido por las universidades.

La controversia y la presión de alumnos, padres y docentes, a los que se sumaron políticos de todos los partidos, llegó a tal alcance que el Gobierno de Johnson decidió anoche dar marcha atrás, suprimir la fórmula y aceptar las calificaciones de los profesores.

El ministro de Educación, Gavin Williamson, admitió este martes que la marcha atrás del Gobierno es un “momento duro” para él.

“Pero en cada paso, sé que cada medida que tomamos, lo hicimos a fin de actuar por el mejor interés de los alumnos y para preservar la integridad de sistema (educativo)”, dijo Williamson a los medios.

UN ALGORITMO QUE ACENTUÓ LAS DESIGUALDADES

El algoritmo, defendido a capa y espada durante meses por el ministro de Educación, expuso el alcance de las diferencias sociales en el país, entre los alumnos que tienen la suerte de acudir a buenas escuelas, tanto privadas como estatales, o los que proceden de áreas u hogares con graves problemas sociales.

El experto político Tim Bale, de la Universidad Queen Mary de Londres, dijo hoy a Efe que la marcha atrás del Gobierno “habla” de la “absoluta incompetencia del liderazgo de Boris Johnson”.

“La pandemia ha puesto de manifiesto las enormes desigualdades de la sociedad británica, particularmente en cuanto a la sanidad y la educación: la gente de clase media con empleos seguros y sus familias han resultado menos afectadas que la gente de clase trabajadora con empleos menos seguros, especialmente si proceden de minorías étnicas”, agregó Bale.

Viviana García