El escultor de Zimbabue que usa el arte para alentar la vacunación anticovid

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ZIMBABUE ARTE

Harare, 25 abr (EFE).- Por encima del muro de una vivienda ajardinada en el este de Harare, el rugido de una amoladora y una nube de polvo revelan el paradero de David Ngwerume, escultor y abogado que utiliza su arte para impulsar la vacunación contra la covid-19 en Zimbabue.

El interior de la casa, bajo una extensa sombra creada por las ramas bajas de los árboles, da cobijo a un centenar de esculturas en piedra, de carácter realista y reconocidas internacionalmente.

“Siempre quise ser escultor. Crecí usando frutos secos, objetos y madera para crear arte”, cuenta a EFE este hombre de 40 años después de que un asistente le ayude a remover con un soplador de mano el polvo blanco que cubre su mono de trabajo.

“(Ahora con la pandemia) empecé a pensar cuál sería la mejor forma de involucrarme en lo que sucedía”, continúa, “nosotros, como humanidad, debemos hacer campaña: mostrarle a la gente que las vacunas funcionan”.

ESCULTURAS QUE TOCAN LA FIBRA SENSIBLE

Y eso es lo que ha hecho. Entre sus últimas obras, destaca la escultura “Brazos”, en la que de la mitad de un busto de mujer -cuyo rostro aparece cubierto con una mascarilla- emerge un hombro desnudo a punto de ser vacunado por dos manos sin cuerpo que sostienen una jeringuilla.

Otra obra muestra a una mujer cuya cabeza está tallada con la forma del continente africano y que también porta una mascarilla protectora.

La piedra negra y pulida, salpicada de motas grisáceas, es “springstone”, un tipo de roca serpentinita y uno de los muchos minerales locales -junto al ópalo, la cromita o la lepidolita- que usa Ngwerume en sus creaciones.

Estas y otras esculturas han tocado la fibra sensible tanto de compradores en todo el mundo -interesados en sus nuevas piezas “anticovid”- como de muchos de sus compatriotas; mientras el coronavirus continúa expandiéndose en un país que suma más de 38.000 contagios oficiales y más de 1.550 muertes.

“Descubrí en mí un creciente deseo de crear algo artístico que lograra transmitir un mensaje”, explica este creador. “Eso es en lo que creo: que el buen arte debe inspirar a las personas”.

Muchos temen una inminente tercera ola de la enfermedad, mientras el programa de vacunación masiva, que comenzó el pasado 18 de febrero con la solución de la farmacéutica Sinopharm, ha inoculado con una primera dosis a unas 330.000 personas, principalmente sanitarios, clérigos, profesores o funcionarios de prisiones.

No está claro por qué la distribución de vacunas ha sido tan lenta, aunque diversos expertos locales en salud pública señalan una creciente “brecha de información” provocada por una ausencia de mensajes claros sobre los beneficios y efectos de la vacuna, además de desinformación en las redes sociales y recelos del remedio chino.

“Si Zimbabue aspira a alcanzar la inmunidad de rebaño vacunando a al menos al 60 % de su población -unos diez millones de personas-, necesitamos los esfuerzos combinados de todos los ciudadanos, incluidas personas influyentes como David Ngwerume”, reconoce a EFE Itai Rusike, director del Grupo de Trabajo Comunitario en Salud, con sede en Harare.

“CONECTAR CON LA HUMANIDAD”

Ngwerume trabaja como escultor desde que era adolescente, con mentores renombrados como el también artista zimbabuense Conrad Muchenje, y compagina esta pasión con otra muy distinta pero que, a sus ojos, comparte el poder de dar esperanza a las personas: la abogacía.

No obstante, las restricciones impuestas en el país desde marzo de 2020 para frenar la propagación de la covid-19 le obligaron a echar el cierre de forma temporal a su bufete de abogados, lo que le permitió centrase todavía más en la escultura y en el mensaje de apoyo que en estos tiempos inauditos quería transmitir al mundo.

“Tuve más tiempo para crecer como artista y más tiempo para conectar con la humanidad”, asegura desde su taller, observado desde un viejo neumático por una representación -todavía inacabada- de la fallecida estrella del pop Michael Jackson.

El mítico cantante viste su característico sombrero de ala ancha, guantes blancos y una mascarilla. “(Michael) estaba tan convencido de que el aire no estaba limpio”, medita Ngwerume.

“Es irónico que la gente se riera de él por usar mascarillas y guantes -agrega-, y ahora estemos instando a todo el mundo a hacer lo mismo”.

Oliver Matthews