El corazón de las finanzas está vacío

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CORONAVIRUS R.UNIDO

Londres, 16 oct (EFE).- Pocas experiencias de la vida moderna resultan más alienantes que moverse en hora punta por la City de Londres. Hasta ahora. El gran corazón mundial de las finanzas languidece a causa de la pandemia y amenaza con quedarse vacío… ¿para siempre?

El restaurante Sweetings ofrece ostras y pescado fresco en la misma esquina de la City desde hace 131 años. Es, aseguran sus dueños, el más antiguo de su estilo en Londres.

Hoy Sweetings pelea por su vida. Y no es ninguna excepción en la llamada Milla Cuadrada, los 2,6 kilómetros cuadrados donde se concentran algunas de las mentes más brillantes y se manejan las mayores fortunas del mundo.

“Va a ser muy difícil durante varios meses más, pero tendremos que seguir fuertes, ser tan flexibles como podamos y tratar de sobrevivir”, dice a Efe George Stylianou, gerente del local.

Tras seis meses cerrados, el pasado 16 de septiembre el restaurante decidió reabrir sus puertas y, a cuentagotas, algunos clientes habituales comenzaban a regresar. Pero nuevas restricciones al contacto social que entrarán en vigor este sábado golpearán aún más al negocio.

UN TERCIO DE CLIENTES

El número de clientes en cafés, restaurantes y tiendas en la City durante la primera semana de octubre fue menos de un tercio que los niveles registrados antes de la llegada del coronavirus, según una investigación realizada por el diario “Financial Times”.

La cifra contrasta con el porcentaje en el conjunto del país, donde la afluencia a la hostelería y locales de ocio se situó en el 70 % respecto a la prepandemia.

Los magros avances que trajo el verano y la campaña que entonces lanzó el Gobierno británico para incitar a los londinenses a comer fuera de casa se desvanecen en cuestión de horas.

La directora política de la Corporación de la City, Catherine McGuinness, consideró en una reciente conferencia que es demasiado pronto para determinar cuál será el impacto a largo plazo en los negocios más pequeños, pero se mostró confiada en la “naturaleza innovadora” del distrito financiero para superar el desafío.

Si en todo el mundo proliferan estudios y profecías que tratan de dibujar cómo serán las urbes del futuro, la City, como en tantas ocasiones, toma ventaja y se presenta como banco de pruebas.

El banco de inversión suizo UBS va a experimentar con las gafas de realidad virtual de Microsoft, las HoloLens, para que sus operadores trabajen desde sus casas en un entorno lo más similar posible a un parqué financiero lleno de gente, según el FT.

Al español Alfonso Jiménez su empresa no pretende sumergirle en un mundo paralelo -al menos todavía-, pero, como uno de los miles de empleados en la City que deberán seguir teletrabajando de forma indefinida, no ve más que ventajas a su nueva situación.

“Desde que nos mandaron a casa en marzo no he vuelto a pisar la City. Ya no volvería por nada del mundo. Incluso la gente que se resistía al principio ha cambiado de opinión”, dice este ingeniero sevillano que trabaja para una aseguradora en uno de los rascacielos más emblemáticos de Londres, conocido como el “Walkie Talkie”.

El caos de la hora punta, los problemas para comer -“no puedes ni salir de la oficina porque aquello es un hormiguero”-, o la carestía del transporte público -“uno de mis compañeros gastaba 500 libras al mes en trenes solo para ir a trabajar”- son ya solo un mal recuerdo para Jiménez.

“Me encanta Londres, pero no me gusta la City: ni como sitio ni como idea”, subraya este ingeniero que lleva 17 años viviendo en la capital británica y que ahora se plantea pasar largas temporadas en otros países al tiempo que conserva su empleo.

DESIERTO DE ASFALTO Y CRISTAL

Es posible que el sueño de Jiménez no se haga realidad, o al menos no del todo. Dependerá de la evolución de la pandemia, de los avances científicos para su erradicación y del análisis que los gigantes de las finanzas hagan del teletrabajo.

Pero a ras de suelo, en el desierto de asfalto y cristal en que se ha convertido el distrito, se vive una realidad más cruda. Nadie lo sabe mejor que la cadena de comida rápida que se ha impuesto en los barrios financieros de las grandes capitales, Pret A Manger.

La multinacional ha comenzado a vender su café por Amazon, entre otros recursos de emergencia para superar una crisis que ya la ha llevado a despedir a un tercio de su personal en el Reino Unido.

En uno de sus establecimientos en la City, que se cuentan por decenas, Jordi y Ariana matan el tiempo como pueden a la espera de clientes. En un local de cientos de metros cuadrados, “hoy han entrado diez personas a la vez, como máximo”, relatan.

“En verano se notaron las ayudas del Gobierno para comer en restaurantes, pero las nuevas restricciones han hecho que vuelva a bajar la afluencia”, explica Ariana.

Ante semejante panorama, se impone la evidencia: “La City ya no es lo que era -dice Adnan Awan, empleado en una tienda de telefonía-, pero mejorará”.

Y mira a un lado y otro, en busca de algún alma, antes de lanzar su reflexión: “No se sabe cuándo habrá una vacuna. Podría tardar años, podría no llegar nunca. La gente al final tendrá que adaptarse. Vivimos en un nuevo mundo, y no es en el que vivíamos hace unos meses. Si no hay vacuna, tendremos literalmente que acostumbrarnos”.

Enrique Rubio

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