El Barniz Mopa-Mopa colombiano, una tradición que se conserva en los barrios

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COLOMBIA PATRIMONIO

Pasto (Colombia), 5 ene (EFE).- En los barrios de la ciudad colombiana de Pasto se respira arte y, como repiten sus habitantes, en cada familia hay al menos un artista, un contexto que propicia la conservación de los milenarios y tradicionales conocimientos asociados al Barniz Mopa-Mopa.

Esta técnica artesanal de origen indígena con la que se decoran objetos usando el “Mopa-Mopa”, un arbusto amazónico del que solo dos veces al año brota una resina pegajosa, fue incluida en diciembre de 2020 en la lista del patrimonio cultural inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguarda de la Unesco.

Los coloridos diseños, que incluyen figuras de todo tipo, son estampados en objetos que van desde sillas de madera hasta neveras tras un largo proceso que arranca con la recolección de los brotes de la hoja en el vecino departamento del Putumayo y termina con el corte de la lámina de Mopa-Mopa en el producto a decorar.

En familias como la Obando, la tradición ha saltado de generación en generación, de maestro en maestro, y a pesar de que en muchos casos pareciera que el olvido se va a llevar la sabiduría asociada al Barniz de Pasto, el reconocimiento de la Unesco le ha dado un impulso a esta tradición.

“Este reconocimiento es muy merecido para nuestra región, nuestra cultura, nuestro país, por ser una artesanía única en el mundo”, cuenta a Efe el maestro Germán Obando, que considera que más familiares suyos se van a involucrar en este oficio gracias a la inclusión en la lista de la Unesco.

HERENCIA FAMILIAR

El taller de los Obando está en el barrio El Calvario, una zona residencial situada en la subida de una loma de Pasto, capital del departamento de Nariño, enclavada entre las montañas de la Cordillera de los Andes.

Allí, Germán trabaja junto a su padre, José María Obando, que en 2012 recibió el galardón Maestro de Maestros por el desarrollo de su actividad artesanal que, según cuenta la familia, tiene una tradición centenaria.

“Yo he entregado toda mi vida a este legado de mi familia, a un legado cultural que ha posicionado a nuestra artesanía, a nuestro departamento. Cada día estoy haciendo muchos aportes a la técnica: investigando, haciendo nuevos diseños, incorporando la técnica a otros niveles en diferentes materiales en la moda, la joyería o en productos de uso doméstico”, asegura Germán.

Los Obando hacen parte del proyecto “Talleres Escuela”, que es confinanciado por el Ministerio de Cultura y con el cual se busca fortalecer el relevo generacional y acercar a los jóvenes a la actividad artesanal.

REPRESENTACIÓN INTERNACIONAL

En el populoso barrio Panorámico, que como su nombre lo indica tiene una privilegiada vista de toda la ciudad, viven Mary Hermelinda Ortega y su esposo Mario Narváez, dos artesanos que se dedican desde niños a la técnica del Barniz de Pasto.

Como los Obando, la familia Narváez tiene en su casa un taller escuela en el que Mary dicta clases a cinco mujeres que buscan mantener el legado de sus ancestros.

“Es una herencia, es el patrimonio que mi padre me ha inculcado (…) Mi familia está dedicada a esto desde hace unos 60 años. Mi padre me lo inculcó a mí, yo se lo enseñé a mi esposa y a nuestros dos hijos”, cuenta Narváez a Efe.

El trabajo de ambos ha sido reconocido en Colombia y demuestra el desarrollo de la técnica, pues tanto Mario como Mary realizan los cortes de las láminas de forma muy mecánica y con la precisión de un relojero.

Tan destacado es lo que hacen que la mujer fue elegida por el Ministerio de Cultura para representar a los artesanos del Barniz Mopa-Mopa en el Pabellón de Colombia de la Expo 2020 de Dubái, un viaje que estaba previsto para los primeros días de este mes pero que por la pandemia de la covid-19 se hará, posiblemente, en febrero.

“Es un sueño hecho realidad dar a conocer, traspasando fronteras, nuestra artesanía ya que somos el único lugar en el mundo donde se elabora el Mopa-Mopa”, dice Ortega, que lleva casi tres décadas dedicada a este oficio.

Así pues, los artesanos buscan salvaguardar en los barrios una centenaria tradición que, además de su relevancia cultural y de servirles de sustento, ratifica que en Pasto olvidar el patrimonio no es una opción.

Jorge Gil Ángel

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