El Athletic regresa a 2012

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FÚTBOL ATHLETIC

Bilbao, 4 abr (EFE).- El Athletic Club, con una nueva decepción para la historia en la derrota ante la Real Sociedad en la final de la aplazada Copa del Rey de 2019-2020, ha regresado a 2012, el año de la ilusión con Marcelo Bielsa en el banquillo que terminó con duros varapalos en las finales también de Copa y de la Liga Europa.

UN EQUIPO SOBREPASADO POR LA RESPONSABILIDAD

Como entonces en el Estadio Nacional de Bucarest ante el Atlético de Madrid y en el Vicente Calderón ante el Barcelona, el Athletic se comportó como un equipo sin alma, temeroso del rival y superado por la envergadura de la cita. No compitió, dejó el encuentro al albur de un detalle y, claro, en su estado de ánimo lo cometió él mismo.

Algo extraño y difícil de explicar porque en esta ocasión no era el Athletic el novato en el envite y además parecía tener superado el exceso presión tras ganar sus dos últimas finales, ambas de la Supercopa. En las dos nada menos que al Barça de Leo Messi, su verdugo habitual, y de manera brillante.

La última esta misma temporada, en el mismo escenario y en un torneo corto para la historia en el que también dejó por el camino al Real Madrid y cayó en semifinales la Real.

MUNIAIN, WILLIAMS, YURI, NOMBRES SEÑALADOS

La final del sábado dejó en mal lugar a varios de lo grandes nombres de las ultimas alegrías rojiblancas, jugadores claves en la disputa de esa final de 2020, como Yuri Berchiche e Iñaki Williams, y en la última Supercopa, Iker Muniain y el propio Williams.

Sorprendió el partido del capitán, desaparecido de principio a fin. Más que no estar pareció no poder. Como cansado, fundido. No le ayudó su equipo, que no generó nada, pero lo poco que tuvo, incluido el balón parado, lo desaprovechó. Muy lejos del rol de líder de la camada que ha ejercido desde la llegada de Marcelino García Toral.

Casi lo mismo se puede decir de Williams, que confirmó una temporada más bien pobre aún con chispazos que la enriquecen. Como el golazo que decidió la Supercopa. Esta vez ni sus compañeros le encontraban ni el estaba para que lo hicieran, siempre superado por los centrales. Acabó en la banda, donde no le prefiere Marcelino.

Tampoco fue el día de Yuri, sorprendentemente relevado en el descuento con su equipo perdiendo. Conformó un costado inexistente con Muniain, del que el Athletic suele sacar muchos réditos. No ayer, en el que el de Zarautz ni apareció.

Más presencia tuvieron Alex Berenguer y Raúl García, aunque testimonial. El extremo fue de más a menos en una lucha casi en solitario y el delantero no pasó de su habitual pelea con rivales y árbitros. Pero fútbol, y no es nuevo, no hiló nada.

PRIMER VARAPALO PARA MARCELINO

No se quedó en nombres de jugadores importantes la debacle rojiblanca. También alcanzó al entrenador. Un Marcelino que había caído de pie y con el santo de cara en Bilbao ganando la Supercopa en su segundo y tercer partido en el banquillo.

Sus declaraciones tras el partido no dejan resquicio a la duda. “No fuimos nosotros mismos, es nuestra mayor frustración”. El mejor resumen del peor partido posible. El asturiano acabó hasta sorprendido de lo que hizo su equipo. Más bien de lo que no hizo.

REVISAR EL LIBRILLO EN DOS SEMANAS

Tendrá que revisar Marcelino su decisión en el doble pivote con dos medio centros muy posicionales, a pesar del esfuerzo de Unai Vencedor. Durante todo el partido se echó de menos a Unai López. Otro de los veteranos, Dani García, al que una amarilla condicionó buena parte del choque, fue otro de los que salió malparado.

Ahora tiene tarea por delante el técnico para desentrañar que es lo que le pudo pasar cuando en las dos semanas de espera el trabajo se centró mucho en el aspecto sicológico, mental.

Perdiendo la final de manera en la que lo hizo, el de Villaviciosa perdió también el carisma y la autoridad que mantenía con la afición. Y del comportamiento en la final de dentro de dos semanas ante el Barcelona dependerá su crédito en el futuro inmediato. La afición soportaría una nueva derrota, pero no un comportamiento parecido.

Eso sería retrotraerse a 2012, una año maravilloso en el camino pero con lágrimas al final. Bielsa acabó aclamado por la afición a pesar de los varapalos. En la memoria, la valentía que insufló con su fútbol ‘a lo loco’ a un equipo que jugaba como querían sus aficionados. Pero tras las derrotas ya nada fue igual.

De Marcelino quedará una Supercopa única, maravillosa, pero también una final de Copa traumática, inesperada. Por suerte, el de Villaviciosa tiene una tercer oportunidad. De lo que ocurra en ella, y no solo de su resultado, dependerá que el Athletic se quede en 2012 a donde le ha devuelto la final perdida ante la Real, o que regrese al luminoso enero de 2021, un mes cercano y fetiche al que debería agarrarse este equipo.

Ramón Orosa