Duato se atreve con “El lago de los cisnes” en San Petersburgo

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NACHO DUATO

San Petersburgo (Rusia), 30 sep (EFE).- No hay desafío que se le resista a Nacho Duato, director del Ballet del Teatro Mijáilovski. El coreógrafo español se atreve ahora en plena madurez artística con “El lago de los cisnes”, clásico universal al que adelanta “cinco siglos” para acercarlo a nuestro tiempo.

“Soy el primer extranjero desde (el francés Marius) Petipa que estrena un lago de los cisnes. Es algo bastante inusual”, admitió en una entrevista a Efe en víspera del gran estreno que tendrá lugar en la antigua capital zarista.

A sus 64 años y muy lejos de la jubilación, Duato se siente querido y respetado en Rusia. Quizás por eso decidió reinventar una pieza sagrada para el público ruso.

EL LAGO A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

“Intento hacer un Lago que conecte con la gente. Por eso lo he situado en la época en que acabaron aquí los Románov, a principios de siglo XX”, señala.

No se trata de desafiar ningún canon clásico, sino de intentar “acercarlo más al público con una voz más parecida a la del hombre del siglo XXI”.

“Acorto un poco la música, quito todo lo que tenga que ver con la pantomima y trato de explicar la historia siempre a través del movimiento y no a través del mimo. De momento, moverlo cinco siglos hacia aquí”, explica.

Lo que no cambia es la admiración del coreógrafo por Piotr Chaikovski. “La música es importantísima. Respeto muchísimo al compositor”, subraya.

“Yo soy bailarín porque no pude ser músico. Me hubiera gustado ser músico. Pero al ser muy inquieto no podía estar ocho horas delante de un instrumento. El ballet me permitió trabajar con la música pero desde otro lado”, confiesa.

“El lago de los cisnes” habla del amor, la muerte y el desamor, pero la versión de Duato tiene más coreografía, más vestuario y una reina “menos hierática”.

“La música de Chaikovski es sublime. La puedes estar escuchando todo el día y toda la vida, como la de (Serguéi) Prokófiev”, destaca.

EL REGRESO TRAS LA DECEPCIÓN BERLINESA

No tiene reparos en admitir que “a veces tienes que alejarte de las cosas para verlas con perspectiva y darles la importancia que tienen”.

“Cuando me llamaron de Berlín (2014) creía que volvía a Europa. Una ciudad mucho más cosmopolita y abierta y me confundí”, dice en referencia a su etapa al frente del Staatsballet de la capital alemana, entre 2014 y 2018.

“Lo pasé muchísimo peor y me di cuenta de que mi sitio era este”, señala sobre el Mijáilovski, al que volvió en 2019.

Se dio cuenta de que “el amor y el respeto” por la danza y por un coreógrafo “es mucho mayor aquí que en ningún sitio de Europa”.

“De modo que yo estoy aquí para trabajar. Voy y vengo mucho a España, como ocho viajes al año. También trabajo mucho en Novosibirsk”, Siberia, afirma.

Defiende la disciplina y capacidad de sacrificio de los artistas rusos, lo que considera imprescindible para alcanzar la “excelencia”.

“Me gusta mucho trabajar aquí. Fíjate que tenemos cinco ensayos mañana y tarde con la orquesta antes del estreno. Y con los bailarines igual, mañana y tarde. En total, estamos ocho horas sin parar en el escenario. Eso no se concibe en ningún otro lugar del mundo”, apunta.

UNA VENTANA ENTREABIERTA A ESPAÑA

Es muy crítico con el trato a la cultura en España en comparación con el fútbol, pero eso no quita que se congratule de haber recibido la oportunidad de volver a trabajar con la Compañía Nacional de Danza, que dirigió entre 1990 y 2010.

“Por fin, después de once años de ausencia, me han invitado a hacer una nueva producción. Voy a hacer un ballet de media hora que empezaré en enero. El estreno será en marzo, pero todavía no sé el teatro”, precisó.

Precisamente, criticó el hecho de que, al contrario que Rusia, España carezca de patrimonio al no tener una compañía estable “ni de ópera ni de drama ni de ballet en un teatro”.

“Un país que no apoya a sus artistas y que no ama el arte y que desde el colegio no le enseña la belleza a los niños (…) es un zombi”, apunta.

Mientras, añade, “este teatro nunca dejó de hacer funciones durante la revolución (…) Siguió durante la guerra, durante la pandemia y aunque caiga una bomba atómica”.

Admite que no se quedaría a vivir en este país, del que critica la homofobia y la misoginia, pero cree que el arte y, en particular el ballet, puede cambiar poco a poco a la gente.

“Yo creo que todo eso influye en el hombre de a pie que va caminando por la Nevski Prospekt”, la avenida central de San Petersburgo, resalta.

Ignacio Ortega

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