Dolor y frustración en comunidad inmigrante

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Merci Quintanilla (izq.) junto a su madre Mirna Calzada, hablan con HOLA sobre cómo DAPA pudo haber cambiado su vida./Foto por Mayra Arteaga.

La Corte Suprema dejó abierta la puerta para que millones sean separados de sus familias y sigan viviendo bajo las sombras.

Por César Hurtado  |  [email protected]

Charlotte, NC.- Mirna Calzada trata de disimular el dolor y frustración que sintió al conocer que la Corte Suprema no resolvió favorablemente la suspensión de las medidas migratorias, DACA Extendido y DAPA, que el presidente Obama anunció en noviembre de 2014 y hubieran dado un alivio migratorio temporal a unos cinco millones de indocumentados que esperaban con ansias una buena noticia.

Calzada podría haberse beneficiado de la Acción Diferida para Padres de Ciudadanos y Residentes Legales (DAPA), pues es madre de una niña de 7 años nacida en Estados Unidos.

El alivio habría permitido a los padres con hijos nacidos en EE.UU. o con residencia legal adquirir un estatus migratorio en el país.

Hace ocho años, agobiada por el desempleo e inseguridad, Calzada dejó el cantón de Lourdes, municipalidad de Colón, departamento de La Libertad, en El Salvador. 

Vivir en Colón, una de las municipalidades más peligrosas del ‘Pulgarcito de América’ donde se reporta un alto número de homicidios y notoria actividad de pandillas, era una lucha de sobrevivencia diaria, tanto para ella como para su hija mayor Mercy Quintanilla, por entonces de nueve años.

Después de llegar a Charlotte, Carolina del Norte, y trabajar duramente por seis años, en 2014 pudo reunir el dinero necesario para traer a su niña, que ya cumplía los quince, para poder tener a su familia unida.

ILUSIÓN ROTA

Calzada, gracias a la información proporcionada por La Coalición Latinoamericana (LAC) en sesiones informativas sobre los alivios migratorios, había trabajado concienzudamente en reunir los documentos necesarios para presentarlos cuando se diera luz verde a las acciones ejecutivas presidenciales. Desilusión, tristeza y lágrimas se apoderaron de madre e hija, y otros millones de indocumentados cuando se conoció la decisión del Supremo.

“No es como se nos está llamando, no es como se nos está tildando, pues nosotros llegamos al país para trabajar, para contribuir con nuestro esfuerzo, en paz y con mucho amor”, afirma triste pero enérgica. 

Mercy, a su lado, abraza a su madre y  dice que se siente mucha tristeza, “pero eso no nos hace sentir derrotados”. Asegura que en donde se cierra una puerta se abre otra y que tiene fe que saldrán adelante. “Los hispanos somos muy fuertes y no nos vamos a dar por vencidos”, añadió.

La menor, por haber arribado después de enero de 2014 no aplica para DACA y se encuentra dentro de la lista de prioridades de deportación del gobierno del presidente Obama.

“Tengo un caso de asilo político y espero por esa solución”, afirmó la joven que se prepara para cursar el grado 11 en Independence High School, para luego graduarse y convertirse en una fisioterapeuta infantil “para ayudar a los niños con problemas físicos”.

Segunda decepción

Para el activista Juan Ramos, la respuesta del Supremo le asesta un segundo golpe ya que en la primera edición de DACA no pudo calificar por haber entrado después de la fecha límite que establece el programa.

Daca Extendido daba a Ramos la oportunidad de encontrar un alivio a su situación legal, pero el congelamiento de las acciones ejecutivas migratorias del 2014 dejó en suspenso la alegría que le causó saber que era elegible. “No queda más que seguir luchando, sin miedo y con todas nuestras armas para conseguir justicia en lo que hemos ganado”, dijo el soñador.

Calzada, por su parte, afirmó que la lucha no ha quedado ahí.  “Con nuestra presencia estamos aportando mucho y, con mi hija de voluntaria en LAC, estoy involucrándome y conociendo más de la vida en este país.  Sé que no estamos solas y vamos a estar participando con gente como nosotras apoyando en todos los programas que requieren nuestra colaboración”.

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