Discriminadas sobre ruedas: la perversa realidad de las “riders” en Perú

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PERÚ MUJERES

Lima, 19 mar (EFE).- Como una necia expresión del machismo en Perú, insultos, amenazas, robos y hasta hostigamiento sexual son parte de la perversa realidad de las repartidoras de aplicativos en Lima, las “riders”, un oficio sumido en la precariedad que discrimina por doble a las pocas mujeres que lo ejercen.

La pandemia de la covid-19 allanó el terreno para la “edad de oro” del sector de “delivery”, dominado en Perú por hombres jóvenes y en su gran mayoría venezolanos, dispuestos a desafiar la falta de empleo en la capital peruana.

De ese verdadero ejército de repartidores, apenas el 16 % son mujeres.

Pedalear o esquivar con la motocicleta las decenas de miles de vehículos que colapsan a diario Lima, resulta a menudo más sencillo que frenar en seco a la discriminación y la xenofobia, más aún cuando la mezcla de ser mujer y extranjera se convierte aparentemente en un elemento que pulveriza tolerancias entre los más irrespetuosos.

EL PAN DE CADA DÍA

Katerine del Valle Figueroa lo sabe de primera mano. Con dos años de experiencia en el trabajo de “delivery”, esta venezolana de 29 años, asegura que “aprendió a lidiar” y a no hacerse mala sangre con estas situaciones cotidianas que al comienzo conseguían incendiarla en arranques de cólera.

Una vez, recuerda a Efe, un señor que vigilaba un condominio en el acomodado distrito limeño de Miraflores la amenazó con el tubo de acero, mientras recurría a insultos para exigirle que moviera la moto del lugar donde la había aparcado.

“Hay mucho machismo, yo he tenido muchos disgustos por ser mujer, porque cuando ando a veces con un compañero no me dicen nada, pero cuando ando sola…”, indicó la “rider”, antes de callar entre la indignación y la incómoda resignación.

“Te tiran la puerta en la cara, son groseros, te insultan, te tiran piropos” o “piden para robar”, se lamentó Del Valle, quien puso los ojos al cielo al recitar, como si fuera un refrán, el dardo cargado de desprecio que ya se acostumbró a recibir sin tregua: “venezolana, ándate a tu país”.

JÓVENES EXTRANJEROS SOBRECALIFICADOS

La socióloga e investigadora laboral Alejandra Dinegro sostuvo a Efe que todos los repartidores en Perú “están expuestos a cualquier tipo de agresividad que se pueda presentar en la calle” pero “una mujer está expuesta al doble de situaciones” porque también afronta “acoso y hostigamiento sexual”.

“Al ser una actividad de riesgo, y ante los hechos de robos y agresiones, muchas han optado por otro tipo de empleos, como es la venta en la calle o un negocio propio”, detalló la también directora del Observatorio de Plataformas de Perú.

Esto explicaría los resultados de las últimas encuestas realizadas por esta asociación, que revelan que el 84 % de los “riders” de Lima son hombres, el 80 % de nacionalidad venezolana y la mayoría ronda los 25 y 30 años de edad (46 %), seguidos por los de 31 y 39 (40 %).

Además, una tercera parte de ellos cuenta con estudios superiores universitarios completos (33 %), el 23 % tiene una formación técnica y otro 23 %, educación secundaria.

“Hay trabajadores con posgrado, con dos carreras inclusive, con una trayectoria laboral muy interesante, pero obviamente están en un país extraño, en una situación también complicada en términos económicos y sanitarios, y la necesidad los obliga a trabajar”, completó Dinegro.

PRECARIEDAD AGUDIZADA EN PANDEMIA

Con la pandemia, los pedidos por aplicativo se dispararon y el trabajo del repartidor pasó a ser calificado como esencial, pero, lejos de salir beneficiados, estos jóvenes vieron cómo se agudizaban sus precarias condiciones laborales y, en sintonía, repuntaban las agresiones en su contra.

Mientras a finales de 2020 la tasa de empleo en Lima Metropolitana se encontraba un 17 % por debajo de su valor en 2019, las personas dedicadas al servicio de reparto a domicilio – tanto el “tradicional” como a través de aplicativo – ascendían a 46.000.

Eso más que duplica el número registrado al cierre del año 2019 (21.000), como efecto rebote de la búsqueda desesperada de alternativas para hacer frente al desempleo.

Son cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), que estima que el trabajo de repartidor pasó a representar cerca del 1,1 % de la población económicamente activa (PEA) de la capital peruana.

El incremento de la competencia se tradujo en una caída de los ingresos mensuales de los trabajadores, quienes pasaron de cobrar una media de 1.132 soles mensuales (306 dólares) a 972 (263 dólares).

SOLIDARIDAD, LA MEJOR ARMA

Además, el 86 % de los trabajadores encuestados por el Observatorio de Plataformas manifestó haber percibido el año pasado un aumento de las agresiones verbales y discriminatorias en relación con el año anterior.

“La delincuencia ha aumentado bastante porque como las calles están un poco más solas, se aprovechan más”, dijo a Efe Katerine Andrea Hernández, una “rider” de 28 años que trabaja 13 horas al día, los siete días de la semana.

Hernández, igual que Del Valle, integra varias “redes de soporte” a través de grupos de WhatsApp, donde trabajadores de aplicativo intercambian medidas en torno a su seguridad, se alertan de zonas de alto riesgo o de ciertos clientes que ya manifestaron alguna actitud hostil y, en contextos exentos de coronavirus, hasta se juntaban en pequeños grupos para hacer entregas “peligrosas”.

Ahora más que nunca, la solidaridad se impone como la mejor arma para los trabajadores de esta actividad, que en Perú todavía peca de falta de regulación.

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