“Dios Inc.”, una serie de la religión más allá del narco en México

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TELEVISIÓN CUARENTENA

México, 13 jun (EFE News).- Corrupción, fanatismo y abuso de poder son algunos de los temas que aborda la serie “Dios Inc.”, un drama de acción en el que se pone en duda la credibilidad de las instituciones religiosas y de Gobierno en México ideal para pasar la cuarentena.

Aunque en ocasiones así lo han hecho parecer, México es más que solo narcotráfico, incluso cuando se trata de contenidos audiovisuales. Sin embargo, es inevitable que en un país con tanta corrupción sea un tema tan constante en las producciones nacionales.

“Dios Inc.” no escapa de ello, pero su tema principal no son las drogas, sino el abuso de poder por parte de las instituciones y la forma en la que el dinero mueve gobernantes, cárceles e incluso la fe.

En 2016 la serie se convirtió en la tercera apuesta de HBO Latinoamérica en México. La primera, y muy popular, fue “Capadocia” (2008), la historia de una cárcel femenina en ese país que fue nominada a 3 premios Emmy, mientras que la segunda, también nominada al Emmy, fue la historia de un sicario el “Sr. Ávila” (2013).

“Dios Inc.” no llegó a ser nominada y las críticas fueron buenas pero pocas, pues a diferencia de “Capadocia”, que llegó a ser muy conocida, la serie de Sergio Sánchez fue poco mencionada y todo apunta a que fue poco valorada.

Una de los aciertos más grandes de la serie fue el elenco al tener renombradas figuras del cine, televisión y teatro, tales como Rafael Sánchez Navarro, Luis Arrieta, Isabel Burr, Dagoberto Gama, Carlos Torres Torrija, Rocío Verdejo y el primer actor Fernando Luján.

IDEALISMO VS CORRUPCIÓN

“Dios Inc.” sigue la vida de Salvador Pereira (Rafael Sánchez Navarro), un filósofo fiel a sus principios que regresa a México después de haber pasado diez años de expedición en el Medio Oriente para probar la veracidad de sus investigaciones.

En el viaje, Pereira encuentra una revelación universal con la que se podría hermanar todas las religiones del mundo: los restos del considerado dios Marduk, creador del concepto de la espiritualidad, que demuestran que Dios fue un ser humano.

En su regreso a su país, Salvador se encuentra con problemas tanto familiares como profesionales pues, en su ausencia, su esposa e hija han rehecho sus vidas tras darlo por muerto y su libro con todos los descubrimientos y saberes que resultaron de tantos años de abandono fue plagiado.

Como si eso no fuera suficiente, sus palabras fueron tergiversadas y ahora son la “biblia” de una secta religiosa dirigida por un hombre llamado Ashkar (Carlos Torres Torrija), que encabeza una iglesia mantenida por la esclavitud de sus feligreses.

En ese contexto, Salvador se hace amigo de forma involuntaria de Dante (Luis Arrieta), un joven irreverente con el que se meterá en más problemas de los que esperaba en la búsqueda de justicia para recuperar la autoría de su libro y, más importante aún, del sentido real de lo que escribió.

Así que lo que comienza como un enfrentamiento entre Salvador Pereira contra Ashkar, termina en una historia de secuestros, robo, asesinatos y encarcelamientos injustos, entre otras cosas.

ENTRE EL BIEN Y EL MAL

Una de las cuestiones más interesantes de la serie es el tratamiento de la ambivalencia entre el bien y el mal. Los personajes se presentan como seres inacabados que constantemente cuestionan la validez de sus acciones y su forma de pensar, y ponen a prueba la moral.

Así, aunque Pereira es un hombre con escrúpulos e ideales fuertes por los que podría morir sin dudarlo, no es el típico héroe perfecto y bondadoso, pues también es una persona individualista que se olvida de los demás que lo ha acompañado en su travesía al perseguir únicamente su bienestar.

Dante, por su parte, es todo lo contrario: un oportunista que encuentra en Salvador una salida a sus malas inversiones de negocios sin ideales que perseguir más que el dinero. A pesar de ello, sus intenciones son buenas y defenderá a su amigo a costa de lo que sea aunque eso implique burlar la ley.

Lo mismo sucede con el personaje de Erick (Dagoberto Gama), un criminal dueño de un tugurio, cuya maldad se vuelve cuestionable cuando defiende a los protagonistas y da diversas muestras de empatía.

Estos dos últimos son dos piezas fundamentales para que el drama y la acción de la serie se nivele con espacios para la comedia, sin caricaturizar los eventos por los que atraviesan.

FICCIÓN SEMEJANTE A LA REALIDAD

Aunque algunas situaciones a las que se enfrentarán aparentan ser poco verosímiles, una de las cuestiones que más se parece a la realidad es la corrupción retratada principalmente en la asignación de puestos políticos por “compadrazgo” y los vínculos de instituciones como iglesias y cárceles al crimen organizado.

Esto da una sensación de que son más confiables los criminales que aquellas autoridades que en teoría representan la justicia, y eso es uno de los aspectos con los que más de uno se pueden identificar.

Algunos hechos recuerdan al conflicto de la secta de NXIVM, en la que se encontraron nexos con personas adineradas del país, o el polémico homenaje a un líder de una iglesia en una recinto del Gobierno, encarcelado e investigado en Estados Unidos por supuesta pederastia y delitos de violación sexual.

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